Oriol Bruc: “si estamos aquí es para pifiarla”

04 / 05 / 2018
POR Jaime Martínez

Sobre el derecho a equivocarnos, del poder de la creatividad o de qué es eso de ser adulto hablamos con el autor de VERA, esta aventura hacia el autodescubrimiento de una chica joven en busca de su propia libertad.

 

 

Quién no habrá pensado alguna vez en dejarlo todo. En poner rumbo a lo desconocido para vivir otras vidas repletas de nuevas y desconocidas aventuras. En irse lejos para empezar de nuevo. ¿Acaso eso no es en parte lo que buscamos cuando salimos de viaje? Una manera de descansar de nosotros mismos y de todo cuanto nos preocupa. Un paréntesis en busca de partes de aquellas otras vidas a las que poco a poco fuimos renunciando con nuestras ¿libres? decisiones.

Quien lo haya pensado, o incluso hecho, puede que vea su reflejo en la mirada de VERA, la protagonista de nuestra historia. Quien no, encontrará en ella una novela fresca cargada de sentimientos, que esconde mucho más de lo que su relajada y atrevida prosa podría sugerir a simple vista. De cómo ha sido escribir esta primera obra, de algunos de los temas que esconde entre sus páginas y sobre VERA, sobre ella y sus circunstancias que diría Ortega y Gasset; hablamos con su autor Oriol Bruc adelantándonos a la presentación en Madrid de la novela – con lectura de fragmentos incluida – del próximo 5 de mayo (Cazador, C/Pozas 7 a las 18h).

 

¿Quién es VERA?¿Nos la presentas?

VERA es una chica joven, idealista… naíf en cierto modo. Una chica abierta a vivir nuevas experiencias, a descubrirlo todo, que emprende este viaje con la intención de dar respuesta a unas preguntas que no sabe formular.

 

¿Cómo describirías ese tiempo de su vida que has decidido recoger en la novela?

VERA está en esos primeros veinte. Una etapa divertida y fresca, pero repleta de pruebas y conflictos morales. En esa brecha de tiempo que va de las directrices que recibimos durante la infancia y que marcan las pautas bajo las que debemos vivir, a esas otras que nos vamos auto definiendo cuando empezamos a ser independientes, y que nacen fruto de la experimentación de la juventud.

 

Es tu primera obra. ¿Cómo surgió la idea de escribirla?

Era verano. Estaba hojeando libros en una librería, y de repente pensé ¿por qué no? Llevaba años experimentando con relatos, artículos… Ya tenía la historia en mente, así que cogí el ordenador, me senté ha escribir, y abrí una caja que me está resultando fascinante.

 

¿Fue difícil decidirte a dar ese paso?

La verdad es que no. Estaba tan convencido de lo que quería contar y de cómo quería hacerlo, que hice un triple salto y me tiré al agua de golpe.

 

¿Cómo ha sido todo el proceso?

Iba madurando la idea cuando estaba solo, ya estuviera caminando, nadando o de pie en el metro. Y una vez empecé, metí la cabeza dentro y ya no pude parar hasta terminar la historia. Cuando lo hice la deje un tiempo reposar. Cociéndose lentamente en un cajón para después leerla como si no fuera mía.

 

Se suele decir que no hay que juzgar un libro por su portada, pero con una portada como esta… ¿cómo no hacerlo?

Es que es tan bonita ¿verdad? (risas) La portada es tan colorista como el verano ideal al que aspiran los protagonistas del libro, e igual de fresca. Albert (Albert Madaula) estuvo presente en todo el proceso de creación, su trabajo es increíble… creo que solo él podía haber ilustrado el libro, así que se lo propuse. Y aceptó.

 

 

Renacer, soñar, avanzar… Miedo. Soledad. ¿Sobre qué trata exactamente la novela?

Habla sobre la búsqueda de la propia identidad. Ya sea a través de las decisiones que tomamos o de otros elementos que nos ayudan a definirla, como las personas que nos rodean, la sexualidad, la diversión, el aislamiento o la tristeza. He querido excavar en las emociones, darles nombre, color… Creo que son fundamentales en la propia configuración del ser. Son comprensibles en cualquier rincón del planeta, y eso es algo tan brutal.

 

Te especializaste en Periodismo Cultural en la Central Saint Martens de Londres. ¿Ese tiempo en la capital británica es el que te ha influido a elegir la ciudad como escenario principal de la novela?

Sin duda. Antes pensaba que no porque ninguna de las experiencias que vive la protagonista las viví yo, pero era un entorno que conocía y que podía comprimir fácilmente con palabras. Un espacio por el que sabía moverme. Conozco como funciona la ciudad y que teclas podía tocar.

 

¿Podía haber sido otro lugar?

Al principio pensé en ambientarla en un sitio indefinido. Una ciudad europea que pudiera ser todas a la vez que ninguna, haciendo más fácil el poder identificarse con esa figura del visitante, del extranjero. Pero le di varias vueltas y decidí optar por el realismo que me otorgaba una ciudad como Londres, que conocía bien, y que me funcionaba a la hora de poder contar la historia.

 

A lo largo de la novela hay diferentes momentos en los que VERA siente la imperiosa necesidad de justificar cada uno de sus actos. No ya ante sí misma, sino sobre todo ante los demás. ¿De dónde surge esa necesidad?

Es inseguridad. Y también presión moral. Creo que se necesita mucha fuerza para entender la libertad como tal, y para poder hacer lo que uno quiere y como quiere sin tener nunca que justificarse. Hay quien tiene esa capacidad de forma genuina, quienes la consiguen con el tiempo, y los que nunca lo hacen. Ella es de las que la están trabajando, y quizá algún día será verdaderamente libre de decir: “me dais igual todos”. Dodo por el contrario – otro de los personajes – lo lleva con ella. Por eso le fascina tanto.

 

Conforme avanzamos en la lectura iremos descubriendo a toda esa serie de personajes, como Dodo, que acompañarán a VERA en esta nueva etapa. ¿Crees que habría podido sobrevivir sin ellos?

Los seres humanos tenemos un sentido de la supervivencia impresionante. Nos adaptamos a toda clase de condiciones y circunstancias. ¿Podía haber sobrevivido? Sí, pero de qué manera. Tal vez no lo hubiera pasado tan bien, o habría terminado perdida en una espiral de soledad e inseguridad. Creo que tanto Dodo como Paül le dan algo mágico: la amistad; que es motor de mil cosas y un grito de guerra cuando sentimos que estamos solos en el campo de batalla. Y muchas veces lo estamos, y unos vítores animan a seguir avanzando.

 

¿En qué medida están todos estos personajes y sus vivencias inspirados en tus propias experiencias?

No creo que ninguno sea alguien en particular… pero sí desprenden energías que conozco. No responden a un nombre concreto ni a una forma concreta, pero parte de ellos está ahí. Lo mismo ocurre con las experiencias que viven. No son iguales, pero yo también he vivido cosas buenas y malas y tristes. Las emociones nacen también de ahí. En el caso de VERA, que la verdad es que me cae muy bien (risas), creo que es una recopilación de gente que me gusta.

 

Da la sensación de que todos ellos intentan huir de algo. Que tratan de evadirse de su propia realidad.

Cada uno de ellos tiene su propio carro de piedras que va arrastrando, con su look cool eso sí, por toda la ciudad. Y cada uno lo lleva como puede y lo vacía como mejor sabe. Claro que todos tratan de escapar, al igual que probablemente todos lo hayamos hecho en algún momento; aunque sea tan solo apagando la luz para solucionar lo que haya que solucionar a la mañana siguiente. Creo que forma parte de la propia supervivencia y de las distintas maneras de gestionar nuestros asuntos. Aparcarlos ante la necesidad de respirar, ignorarlos, enfrentarse a ellos…

 

¿De ahí nace esa resistencia que muestran hacia la “verdad”? ¿Por qué crees que a menudo nos resistimos a aceptar esa clase de hechos y realidades objetivamente ciertas?

Porque duelen. Y a veces no nos sentimos preparados para aceptar ciertas cosas, si es que alguna vez llegamos a estarlo. Por eso intentamos minimizarlas o no pensar en ellas; el nivel de energía que requieren es demasiado alto. Lo ideal sería no ocultarse, no huir, no esquivar ningún dolor… Pero si siempre estuviéramos alerta, recordando lo que duele, la vida sería insoportable.

 

 

Las relaciones de confianza que irán hilando los personajes entre ellos, la manera de relacionarse, y de relacionarnos con quienes nos rodean, juegan un papel diría que fundamental en el desarrollo del libro.

En ese sentido, que actitud diríais que es mejor adoptar, ¿desconfiar de manera sistemática de los demás, o pecar de naíf y optar por confiar a pesar de poder salir heridos?

Las damos por sentado, pero si te paras a pensarlo las relaciones humanas es que son sorprendentes. Son como hilos, cuerdas que podemos soltar, cortar o tensar más fuerte, tremendamente volubles, y en las que todo depende de la coexistencia. No sé que formula podría funcionar mejor. Supongo que depende de lo que se observe y un poco del instinto, pero es complicado porque cada circunstancia es distinta y cada carácter también.

En mi caso tengo un amigo que siempre dice que cuento mis cosas como en una peli de los 70 de estética romántica o como en un capítulo de Lady Oscar. Así que intento dejar de pensar tanto y arriesgar. Poner el corazón sobre la razón, no analizarlo todo como hago, y vivir más.

 

¿VERA huye?

Desenfrenadamente. Huye y es consciente de su huida. De lo que está aparcando para no pasarlo mal y del tener que decirse “me he equivocado, me volveré a equivocar. Y que más da”. Huye hasta que decide volver a vivir otra vez.

 

¿Deja atrás una vida para encontrarse a sí misma?¿O para perderse más?

Cómo saberlo. Nunca se sabe que va a ocurrir, esa es la gracia, “el error”. Ella cree que se encontrará pero en el proceso se pierde, y tal vez lo haga para siempre… Pero aprende a disfrutar, y personalmente creo que encuentra una pulsión que la hace feliz.

 

¿Qué crees que le habría pasado de no haberse embarcado en este viaje y de haberse quedado donde estaba?

Se habría ahogado. Si uno necesita cambiar, salir del agua para respirar y no lo hace, al final las cosas acaban saliendo por otro lado. Tal vez se habría vuelto loca en un supermercado, habría saboteado alguna amistad o incluso a sí misma. No sé. Quizás estaría ahora mismo cruzando Francia en coche, pero esa sería ya otra historia… Las situaciones de crisis así me parecen interesantes, porque cuando perdemos el control es cuando ocurre lo inesperado.

 

¿Y qué hacer cuando no puedes huir a rehacerte lejos, y debes hacerlo en ese mismo lugar y rodeado de esa misma gente que te hiere?

Mucho yoga… (risas) Hay que encontrar alguna vía de escape, alguna ventana por la que respirar. Ya sea un deporte, una afición, algo creativo o sentarse frente al mar. Un territorio que sea único y privado, capaz de dar fuerza cuando todo lo demás resulte una porquería. Una especie de jardín epicúreo en el que poder sentarse y decir “Bien, todo es una mierda, pero esto sigue siendo mío. Esto me hace sentir bien”. Y creo que es crucial encontrarlo.

 

 

Describes un mundo en cierta manera muy agresivo. Un mundo que hiere y asusta. Un mundo con mucha soledad, y del que es necesario protegernos refugiándonos entre esos compañeros de viaje que vamos encontrando con los años. ¿Ese mundo de VERA es el nuestro?¿Es el tuyo?

El mundo no es un lugar sencillo. Puede ser agresivo, cruel, doloroso… Negarlo sí sería naíf. Pero gracias a que en el planeta hay de todo, tampoco es todo lo oscuro que podría ser. Aun así creo que es cómo vivimos y con quién vivimos lo que más influye. Eso o la propia naturaleza es lo que da luz a las vivencias. Algo que te maravilla, te ilusiona o te hace dejar de respirar por unos instantes, eso es lo que le da sentido a lo otro, a todo lo malo.

 

En ese mundo parece que lo más importante no es lo que haces, sino a quién conoces. ¿Es en ese sentido crudamente realista la novela?

No exactamente. Es decir, sí creo que en parte funciona así, pero porque siempre ha funcionado así. Al final somos animales sociales y es más fácil transitar por un camino que ya conoces que a través de un “Hola, ¡déjame entrar, te gustaré!”. Pero de todos modos yo confió, y creo que al final el buen hacer y el buen trabajo hablan por sí mismos. Y que si tiene que ser, y es algo bueno, al final pasará.

 

Hay una situación especialmente delicada en la que VERA se verá un tanto humillada a la hora de conseguir un empleo. Una situación que si no lo es, roza muy de cerca el acoso. Pero el chico es atractivo. Y ella lo necesita. ¿Dónde quedan entonces los límites del acoso?¿en el atractivo de quien lo comete?

Ninguna situación de acoso es tolerable. Nunca y bajo ninguna circunstancia. Si no hay un acto de consentimiento, estamos ante una situación indeseada y por lo tanto en un contexto de acoso. En la situación en concreto de la que hablas él le refiere a una política de empresa, a mis ojos absurda… “¿Podrías depilarte las piernas?” le llega a decir. Para ella eso es un conflicto. Le están diciendo que hacer con su cuerpo, y eso no está bien. Pero la verdad es que en muchos establecimientos de cara al público exigen eso, como también exigen maquillarse o peinarse de una determinada manera. Y está mal. Y es humillante. Y también una realidad que quería recoger en el libro. Muchos hemos aceptado situaciones o criterios estéticos que no iban con nosotros como ella por necesidad. Y creo que es bueno contarlo y que se lea.

 

Terminará relacionándose de cierta manera -vamos a intentar no hacer ningún spoiler– con el mundo “bien” de la escena londinense. ¿Crees que queda seducida por la apariencia de todo ese mundo?

Queda totalmente fascinada. Es un mundo agradable y bonito, que le permite soñar y que representa todo a lo que ella aspira. Las apariencias tienen ese gran poder de seducción. No entienden de profundidad, pero sí de impresiones momentáneas, siendo capaces de reflejar exactamente lo que uno quiere ver.

¿Somos tan fáciles de impresionar entonces que nos guiamos únicamente por la apariencia?

Por la lectura que podemos hacer de los perfiles en las redes sociales, donde no hay lugar para el dolor o la tristeza porque no es cómodo, creo que sí lo somos. Es también otro tipo de huida. Y la hemos aceptado.

 

¿Es real entonces toda esa vida que comienza a vivir, o solo un sueño, una fantasía entre cuyos brillos termina distraída?

Es real, pero claro, desde su perspectiva naíf donde cualquier cosa que le ocurre es un gran drama. Está en plena euforia de la juventud, del dramatismo, otorgándole a cada acción, a cada acontecimiento, un peso infinito. No sabe relativizar. Eso es algo que uno debe aprender a hacer con los años… aunque a veces no pase.

 

 

A lo largo de las páginas conocerá a “una de esas chicas” que representa aquello que entenderíamos hoy como ÉXITO. Así, en mayusculas. Una chica cuyas exposiciones, cito, “se venden prácticamente enteras”. Se estima que fueron entre una y tres las obras que van Gogh logró vender en vida, así que ¿por qué seguimos pensando en “vender” como sinónimo de hacer bien las cosas?

Porque es algo que brilla. Y brilla mucho. Es de algún modo sinónimo de aceptación social, y la aceptación social es sinónimo de éxito. Creo que a veces existe un conflicto artístico en las producciones creadas para uno mismo y bajo unos determinados valores, pero a la vez expuestas y evaluadas por el mundo entero. No hay que hacer cosas para los demás, pero que las aprueben, que gusten y que se vendan, suele ser una buena formula.

 

“VERA dibujaba. Dibujaba desde siempre”. ¿Esa misma necesidad que la conduce a pintar es la que te ha llevado a ti a escribir este libro?

Creo que sí. Ambos tenemos ese impulso por dar textura a una melodía interior. Desde pequeño siempre he estado liado dibujando, escribiendo, creando muñecas con papel maché y pelo de lana… Siempre he sentido esa necesidad de expresar lo que ocurre en mi interior. Con el tiempo esa sensación fue tomando forma de palabra, y finalmente de novela. Ahora si escribo es porque me sale y por que lo necesito. Es parte de mi. Cuando lo hago siento una especie de comunión espiritual que me hace sentir muy bien. No sabría entenderme en el mundo sin hacerlo.

 

¿Crees que en la medida de lo posible hay que luchar por incluir en nuestro día a día todos esos momentos de autorealización? Esos momentos creativos para pintar, escribir…

Sin duda. Si se manifiestan es porque están ahí, porque nos hacen sentir bien o porque nos ayudan a transmitir una historia que no podríamos contar de otra manera. Si uno tiene ese impulso, tiene que liberarlo. Sin importar si cree que es bueno o malo, si gustará o no gustará.

La creatividad es un poder excepcional. Una comunión con algo más grande que escapa de lo tangible y del peso de lo real. Puede tomar forma de texto o de pintura, de diagnostico médico bien hecho o de jardín de plantas. Creo que hay y puede haber creatividad en todo, por que hay infinidad de caminos y maneras de hacer las cosas. Si nos sirve para evadirnos será bueno. Si nos sirve para crecer también.

 

 

Durante uno de los momentos álgidos del libro hace su aparición la conocida expresión: “somos adultos”. ¿Pero qué narices es eso de “ser adultos”?¿Podrías explicármelo?

Ser adulto es una construcción social que indica ciertas expectativas en la manera de actuar. “No seas niño, ya eres adulto, ya eres mayor”. Por una parte es una exigencia moral de lo que la sociedad espera de ti, y también de tu propia autonomía e independencia. Esa es la acepción que a mí me parece más interesante, la que habla de tener por fin esa capacidad para elegir. La libertad para pensar como quieres hacer las cosas, cómo, cuándo y por qué. Cuando en el libro hablan de “ser adultos” se refieren a esa capacidad de elección, y a la vez es un modo de decir “no todo lo que haremos estará bien, y si estamos aquí es para pifiarla”.

 

¿Pero y de verdad llega alguna vez ese día en el que somos adultos, o como decía Elizabeth Taylor “Tengo un cuerpo de mujer y emociones de niña”, y más que madurar solamente envejecemos?

¿Sabes qué? Que no lo tengo muy claro… pero cómo me gusta Elizabeth Taylor. Yo el “ser adulto” lo exploro desde un punto de vista de búsqueda, y no tanto del de llegar a un objetivo final en el que todo quedará claro y todo será “apropiado”. Le doy vueltas, porque ese camino, esa evolución, me parece muy interesante… ¿pero cuántas personas conocemos que no cambian jamás? Que tendrán 60 años y seguirán siendo como niños. Tal vez únicamente envejecemos. Y con ello viene algo que me pone un poco nervioso, que es aquello de “lo apropiado para cada edad”. Que pasen los años y se espere que nos comportemos de manera distinta o vistamos de forma diferente. Me parece limitante al máximo.

 

Recogiendo una de las preguntas del propio libro, ¿A dónde vas tú cuando vas a algún sitio?

Yo amo viajar y observar. El año pasado estuve en Islandia y flipé. Me quedé mudo. La concepción del mundo es totalmente distinta allí arriba, y esas nuevas proyecciones me abren la mente a espuertas. La naturaleza, tan cruda, tal y como realmente es, y en contraste a lo que hemos hecho con ella… Pero no siempre voy tan lejos. También voy a cafés, a bosque y a sitios que me den alimento mental. Y a fiestas y cenas (risas).

 

¿Qué dirías que aprende VERA de todas esas experiencias que va a vivir en el libro?

Creo que si aprende algo, es que es lícito equivocarse. Y que lo va a seguir haciendo. Hay una especie de presión, altamente hipócrita, bajo la que se espera que no cometamos errores. Mientras tanto adoramos señalar los de los demás, creyendo que tal vez así los nuestros pesarán menos. Ella aprenderá a equivocarse, a que las cosas no son siempre como uno espera, y que las expectativas ante los sueños muchas veces se quedan en nada. Muchos no se cumplirán, y otros serán una cuarta parte de lo que de ellos esperábamos. Pero en ese viaje hay que pasárselo bien.

 

¿Y qué crees que deberíamos aprender nosotros al leerlo?

No se si aprender sería la palabra, pero estaría muy contento si fuera capaz de evocar con su lectura a todos esos años de confusión. A que alguien pensara “bien, no soy la única o el único que pasa por algo así”. Que ayudara a paliar una sensación de soledad y sobre todo a entretener. Conseguir transmitir los colores de esta historia, y a terminar trasladando la idea de que sea como sea, ocurra lo que ocurra, vamos a intentarlo.

 

Oriol Bruc

VERA

Presentación sábado 5 de mayo, 18h
Cazador – C/ Pozas, 7 · Madrid

 

Créditos

Ilustraciones y portada de Albert Madaula
Fotografías de Silvia Arenas