Chavela vive: 10 apuntes sobre “La Chamana” de la voz quebrada

08 / 08 / 2017
POR Jaime Martínez

Fue amiga de Frida Kahlo, fascinó con su chorro de voz en el México de los años 50 y 60, y en sus últimos años se refugió entre los versos de Federico García Lorca. 5 años después de su muerte, un documental indaga en los aspectos de la vida de la cantante de ‘Hacia la vida’ y ‘La Macorina’.

 

 

“Si volviera a nacer, volvería a llamarme Chavela, volvería a apellidarme Vargas y volvería a amar a las mismas mujeres que amé”. Nos dejó hace ya 5 años, pero Chavela Vargas vive en el eco de sus canciones, en el recuerdo de su voz quebrada y en el mismo aire que se encargó de llevarla atravesando fronteras “sin pasaporte, con una nota de Re, o un Do”.

Atrevida y brava por naturaleza, Chavela fue libre. “Nací con esa sed de luna, sed de noches, sed de sueños. Así nací”. Recelosa de los artificios que acompañan a cantantes y artistas, comenzó a forjar su propio nombre por las cantinas de México armada con su voz y vestida de hombre, “más por comodidad que por provocación”. Con un documental sobre su vida estrenado este mismo año, repasamos en estos 10 apuntes algunos de los aspectos que marcaron su vida.

 

1. Mexicana, de corazón.

“Amo a México. Lo he llevado por el mundo. He ido yo, pero también me he llevado a México”. Con esta sinceridad declaraba Chavela Vargas su amor por la música, el ritmo y el folclore del País Azteca, que supo hacer suyos, y que esparció como semillas allá por donde fue con su característica y desgarradora voz llena de lágrimas.

Natural de Costa Rica, en el país centroamericano creció junto a sus hermanos en el seno de una familia tradicional. “Pensaba que no me querían”, por que además de niña “era muy difícil de querer”, “muy huraña”. Una infancia difícil que describiría como “un sueño”, como la “búsqueda eterna de una estrella. De un lucero que nunca aparecía”. Y en esa búsqueda la cantante de Las Simples Cosas no dudó en dejar atrás hogar y familia para con 14 años irse a México, un país que convirtió en su nueva patria. Y es que como le gustaba decir cada vez que le inquirían sobre sus orígenes, “¡Los mexicanos nacemos donde se nos da la rechingada gana!”.

 

Fotografía de una joven Chavela Vargas.

 

2. Una mujer, una pistola y dos guitarras.

Los primeros años de su llegada a Ciudad de México no fueron fáciles. Trabajó como limpiadora, vendedora de ropa para niños e incluso ayudaría a crear una pequeña empresa de asistentas de hogar, convencida de que su momento llegaría. De allí se marcharía para cantar a un Acapulco convertido en uno de los destinos preferidos de la alta sociedad internacional, para la que cantaría desde el escenario de La Perla, uno de los lugares más frecuentados por las estrellas de Hollywood y del cine mexicano, y donde conseguiría su primer contrato para cantar en Nueva York durante 3 meses.

A su regreso a Acapulco le ofrecerían volver a Ciudad de México para cantar en El otro refugio. Y así, ataviada con un pantalón de indio y un jorongo – prendas típicamente masculinas y muy mal vistas en el México de aquellos años -, una pistola al cinto y acompañada únicamente por dos guitarras y una botella de tequila, comenzaría a rasgar con su voz las noches mexicanas hasta despertar un día convertida ya en “La Vargas”.

 

Chavela con uno de sus característicos jorongos rojos durante una actuación.

 

3. Amiga y compañera de José Alfredo Jimenez.

Uno de los hombres más importantes de su vida fue el famoso cantante y compositor mexicano José Alfredo Jimenez, autor de canciones tan célebres como El Rey, Si nos dejan, Un mundo raro o Vámonos.

Se conocieron durante los años en los que Chavela acudía a cantar a lugares tan conocidos de la escena mexicana como El Teatro Blanquita, El Patio, La Taberna de El Greco o el ya mencionado El Otro Refugio, y juntos pasaron por infinitas noches de confidencias bañadas en litros y más litros de tequila. Inseparables marchaban incluso parar ir a “dar gallo” – como se conoce de manera coloquial en México al ir a dar serenatas – a las diferentes mujeres que pretendían, y por las que según la propia Chavela, nunca se llegaron a enfrentar.

 

Chavela canta ‘Un mundo raro’, de José Alfredo Jimenez.

 

4. Amores y desamores.

“Jamás hice bandera del lesbianismo, aunque juro que jamás lo oculté”. Recelosa de manifestaciones públicas sobre su vida privada y sus relaciones íntimas, en su biografía Y si quieres saber de mi pasado (2002), aclaraba que “no hay ninguna necesidad de que ustedes sepan quienes fueron mis amantes. Ustedes me conocen por mi música, y por la música deben apreciarme”. Una muestra de discreción y consideración hacia “aquellas mujeres que me amaron, o que dijeron que me amaron”, y a las que no quería ver convertidas en objetos de exhibición sobre “los estantes de las librerías, ni sean la comidilla de los corros, ni vayan de barra en barra por todas las cantinas”.

 

5. Relación con Frida Kahlo.

Sin entrar a valorar los rumores que apuntan a que su amistad fuera más allá de un idílico amor platónico, lo que si diremos es que la relación entre Frida Kahlo y Chavela Vargas fue especial e íntima.

Se conocieron durante una fiesta en La Casa Azul, la residencia familiar de Frida y en la que vivía junto a Diego Rivera, y congeniaron desde el primer momento. Tanto, que la cantante de Paloma Negra o La Llorona – canciones que interpretaría precisamente para la película Frida de 2002 – se quedó a vivir con ellos. “Llegué una noche a una fiesta en casa de Diego y Frida, y me enamoré de los dos. Me invitaron a quedarme, y me quedé 3 años o 4 ”, recordaba durante una entrevista en 1996.

 

Chavela Vargas fotografiada junto a Frida Kahlo en el jardín de La Casa Azul.

 

6. Macorina, un himno de libertad.

Uno de sus mayores éxitos llegaría con Macorina, una canción basada en un poema del español Alfonso Camín sobre la cubana María Calvo, apodada en la isla como “La Macorina”.

Debido a su sugerente estribillo, “ponme la mano aquí Macorina”, y a que era la primera vez que podía escucharse a una mujer cantar una canción de velado trasfondo erótico y sexual dirigida a otra mujer, la canción fue mal vista en países como el propio México, llegando a ser censurada en otros como España. Pero la música no entiende de fronteras ni de leyes, y Macorina se convirtió en un grito revolucionario de libertad sexual, política y religiosa. Un lamento que los movimientos guerrilleros latinoamericanos no dudaron en utilizar, convirtiendo la canción en su particular himno.

 

Chavela Vargas canta ‘Macorina’.

 

7. Alcoholismo

Los éxitos pasaron, y su voz se fue ahogando en litros de alcohol hasta que cayó en el olvido. “Empezó por miedo escénico”, aseguraba durante una de las veces que le preguntaron, ya recuperada, sobre sus problemas con el alcohol. Por miedo al silencio y a la soledad que respiraba sobre los escenarios a los que debía enfrentarse armada únicamente con su voz, y sus sentimientos. Y finalmente “el miedo se quedó, pero el alcohol se fue”.

 

8. La Dama del Poncho Rojo.

A principio de los 90, tras 20 años de ausencia y recuperada de su alcoholismo, una Chavela de 75 años resurgía de sus cenizas cantándole a la vida. Y lo hacía desde España. Al contrarió de lo que se cree, no fue el director de cine Pedro Almodóvar el responsable de traerla hasta nuestro país, sino el editor Manuel Arroyo Stephens.

Era la primavera de 1993 cuando daba su ya mítico concierto en la madrileña Sala Caracol. Entre el entregado público, un Pedro Almodóvar desde entonces pasó a tener “dos profesiones, director de cine y presentador de Chavela Vargas”. El director manchego no solo ayudó a difundir las canciones ya versionadas por ‘La Chamana’ a través de películas como Tacones Lejanos (1991) o Kika (1993), sino que fue el encargado de presentarla en actuaciones como la del Teatro Olympia de París (1994). Durante aquellos primeros años de la década de los 90 conocería a otro de sus más fervientes admiradores, un Joaquín Sabina que en 1994 le dedicaba la canción Por el bulevar de los sueños rotos y la convertía en la eterna “Dama del Poncho rojo”.

 

Chavela canta ‘Hacia la vida’ durante su concierto en la madrileña Sala Caracol,1993.

 

9. Chavela canta a Federico García Lorca.

Durante sus últimos años Chavela se refugió en su pasión por los versos de Federico García Lorca. De esa unión con el poeta nació su último trabajo, La Luna Grande: Homenaje a Federico García Lorca (2012). Un álbum para el que gravó dos canciones inéditas, Ángel que no vela y Qué hicieron con tu muerte, y en el que junto a sus grandes éxitos como Luz de Luna, Chavela recita 18 obras del poeta granadino como Arbolé, arbolé, Noche del amor insomne o la Canción del jinete.

A los 93 años, y ya muy cansada de soñar, volvía a Madrid a presentar este último trabajo y despedirse, dando su último concierto el 10 de julio de 2012 en la Residencia de Estudiantes, “Le dije adiós a Federico, les dije adiós a mis amigos y le dije adiós a España. Y ahora vengo a morir a mi país” decía a su vuelta a México. Y su cuerpo, que no su voz ni su recuerdo, nos dejaba un 5 de agosto de 2012.

 

10. ‘Chavela’, el documental.

Este 2017 salía a luz Chavela, un documental dirigido por Catherine Gund y Daresha Kyi estrenado el pasado 16 de junio en España, y que llegará a Estados Unidos el próximo mes de Octubre. La cinta se encarga de crear un retrato íntimo de la cantante a través de extractos de entrevistas y de los testimonios de cantantes como Miguel Bosé o Eugenia Leon y de amigos como Pedro Almodóvar y Laura García Lorca, sobrina del poeta.

El documental, presentado durante la última edición del Festival de Cine de Berlin, ya ha cosechado numerosas menciones y premios en otros muchos como los festivales LGTBI de Los Ángeles y San Francisco o el FIRE!! de Barcelona.

 

(1) Fotografía de Chavela Vargas utilizada para el cartel promocional del documental sobre su vida. (2) y (3) Versos y vídeo de Chavela Vargas cantando ‘Las simples cosas’.