Entre la ruptura y la reconstrucción, Lil Ella presenta ‘El Orden Divino’, un disco que marca el cierre de una etapa y el nacimiento de Chiquilla, su nueva identidad artística. Con un sonido más orgánico e introspectivo, la artista se sumerge en un viaje de transformación personal y musical, atravesado por la vulnerabilidad, la fe y la necesidad de reinventarse.

Lil Ella encara el momento más decisivo de su trayectoria. La artista andaluza publica ‘
El Orden Divino‘ , un álbum que no solo marca un giro sonoro hacia terrenos más orgánicos e influenciados por el indie rock, sino que también sella una transformación más profunda: el nacimiento de su nueva identidad artística,
Chiquilla. Con este proyecto, la autora abandona los sonidos urbanos de sus inicios para adentrarse en un universo más introspectivo. Guitarras y tempos más reposados construyen un paisaje sonoro que acompaña
un relato atravesado por la vulnerabilidad, la fe, el desencanto y ciertas formas de entender el amor desde lugares incómodos.
A lo largo del disco, esa transformación no solo se enuncia, sino que se despliega de forma progresiva: desde una primera parte aún más cercana a su etapa anterior hacia un tramo final donde la identidad de Chiquilla emerge con mayor claridad. ‘El Orden Divino’ funciona como un espacio de cruce entre pasado y presente, casi como un diálogo entres dos versiones de si misma.
En #VEINDIGITAL la artista profundiza en este proceso de cambio, en la necesidad de romper con ciertas estructuras para poder avanzar y en cómo esa búsqueda ha terminado por redefinir no solo su música, sino también su manera de habitar el proyecto.
Tu carrera siempre ha estado marcada por la evolución, pero ahora hablas directamente de “mudar de piel”. ¿En qué momento sentiste que Lil Ella ya no podía contener todo lo que estabas creando?
Creo que ha sido un pensamiento que llevaba mucho tiempo rondando mi cabeza. Lil Ella llegó a mí en una época en la que yo estaba más centrada en pensar quién era yo como mujer que como artista. Además, mi approach musical era completamente urbano, y no me veía haciendo nada más aun. Es lo que tiene crecer y conocerse, que creo que es un proceso que las personas trans viven de manera distinta, un poco más interrumpida y a cachos. No sabes qué partes de ti has construido en base a encajar o a sobrevivir. Lil Ella y la música urbana siempre formarán parte de mi y de mi manera de hacer las cosas, pero necesito crecer y que mi proyecto lo pueda hacer conmigo.
Has definido este proceso como “la muerte” de tu antiguo proyecto. Más allá del nombre, ¿qué has tenido que romper a nivel creativo o personal para poder avanzar?
Innumerables cosas! Y sigo en ello. Creo que está siendo un momento de acabar con creencias limitantes en general. Concibo a Chiquilla como algo más libre porque puede ser lo que yo le ponga. Una de las cosas más importantes para mi en esta nueva página es crear una separación entre mi persona y mi proyecto, porque me apetece jugar y creo que me va a permitir divertime mucho más, que al final es la razón de todo.
‘Hice de ti un Dios’ marca un giro claro hacia un sonido más orgánico y guitarrero. ¿Qué te llevó a soltar definitivamente las inercias de los géneros urbanos?
Bueno, creo que este disco aún se rige en cierta manera esencial por unos códigos urbanos, como el uso de autotune o el contexto en el que se ha creado. Pero es verdad que mi manera de componer está cambiando y creo que nace de ese interés y ganas de algo más. Siempre he tenido referentes un poco dispares y muchas veces los he sentido como inalcanzables, como que a mí no me tocaba hacer eso. Pero creo que estoy en un punto muy bueno y muy curioso, de aventurarme a hacer todo lo que me apetece y lo estoy disfrutando porque me llena más. Creo que los géneros son como vehículos con los que contar algo y yo a veces necesito una autovía entera.
La canción aborda el fanatismo romántico desde una perspectiva casi religiosa. ¿Por qué te interesaba explorar esa idea de divinizar al otro?
Siento que la obsesión romántica ha sido un tema constante en mi vida y aunque sea una cruz, da para las mejores canciones, ya lo siento.
Trabajas con colaboradores como Doncella, Irene Garry e Isidro Acedo. ¿Qué han aportado ellos a esta nueva etapa?
Con Pablo (Doncella) compuse la mayoría de canciones del disco en su piso, en Barcelona hace dos años. Ya habíamos colaborado en el pasado y fue un momento en el que decidimos retomarlo sencillamente porque nos lo pasamos muy bien y nos llena mucho trabajar juntos. Al principio no iba a ser nada, pero lo fuimos cargando todo de significado y jugando con referencias más concretas. Todo apuntaba a disco, así que nos pusimos a ello e hicimos bastantes demos. Luego ya aquí en Madrid, terminé la producción de las canciones con Isidro, que fue el acompañante perfecto para esta parte más ardua del proceso. Ha sido largo y a veces pensaba que no llegaba a todo, al tener que compaginar tantas cosas en mi vida. Pero con Isidro pillamos cierta rutina y estaba muy motivada.
A nivel sonoro se perciben influencias cercanas a Lana del Rey o Ethel Cain. ¿Cómo dialogas con estos referentes sin perder tu identidad propia?
Diría que es imposible que mi música suene a ellas, ya solo porque soy de Andujar y creo que de dónde soy y mi contexto sangra mucho en mi música. Siento que eso juega a mi favor en este caso porque puedo combinar mundos que de primeras no tienen ese nexo. Y que si lo piensas es ideal porque yo se que a Lana del Rey le encantaría la romería de la Virgen de la Cabeza.
‘El orden divino’ se mueve entre la esperanza y el desencanto. ¿Es en el fondo, tu disco más oscuro hasta la fecha?
Para mí es oscuro porque sé que viene de momentos oscuros. Pero no todo el mundo que lo escucha lo percibe así. También a mí me gusta que la gente tenga su percepción de lo que hago y que le saquen el significado que ellos le vean y les sirva.
Hablas de una escritura más vulnerable y sin filtros. ¿Te ha dado vértigo exponerte así?
Antes me daba absoluto pavor… no me quería mostrar débil. Supongo que necesitaba concebirme a mí misma como alguien fuerte nada más transicioné. Me generaba rechazo todo lo sensible, pausado, tierno. Así que construí una persona que me protegiera, que fuera todo lo contrario. La ganadora, superficial, aquí te pillo aquí te mato. En muchos momentos me daba cuenta de que algo no encajaba. Me ponía a escribir y no sabía de dónde sacar, porque es que yo no soy eso. Aun estoy analizando y entendiendo mi proceso mental, la verdad. Cuando le he cogido el tranquillo a escribir en base a mis pensamientos reales, mis miedos, mis ocurrencias más absurdas… Al final creo que todo artista siente placer al expresarse, es el punto de todo. Y yo ahora lo disfruto mucho más. Quiero tirarme al barro delante de todo el mundo, es lo que me mola.
Comentas que la segunda mitad del disco “se marchita en tono y se adereza en género”. ¿Cómo se traduce eso musical y narrativamente?
Ahí hay una historia. Y a medida que avanzas en la escucha la cosa se enturbia. Es verdad que las últimas canciones fueron también las últimas escritas, cronológicamente. Por eso digo que se adereza en género, porque creo que el disco empieza muy Lil Ella, un poco all over the place, y acaba más Chiquilla, una cosa un poco más concreta y encaminada a nivel sonido. En el propio disco se palpa ese autoconocimiento que ha ocurrido, pienso.
El 11 de junio presentarás esta nueva etapa en la sala Maravillas. ¿Cómo será ese primer directo como Chiquilla? ¿Qué diferencia habrá entre este show y tus anteriores conciertos como Lil Ella?
Pues estamos en plena preparación y ya solo el hecho de tener instrumentos y hacer música en directo, es wow. Sobre todo para un proyecto pequeñito. Se convierte en una super producción. Tenemos mucho lío, pero está siendo muy recompensante. Chiquilla va a traer el show, desde luego. Ya que muere Lil Ella vamos a celebrar su vida y su trayectoria en condiciones y todo el mundo tiene que velar por su alma y venir rigurosamente de negro. Descansa en paz Lil Ella!