Marine Serre: Luna Nueva

06 / 03 / 2018
POR Estel Vilaseca

Prendas híbridas, auténticas y contemporáneas, bañadas por el influjo lunar. Hablamos con la última ganadora del LVMH sobre su llamada radical al amor en el último número de VEIN MAGAZINE.

La pasión por la moda no le llegó a Marine Serre bocetando. Tampoco coleccionando muñecas Barbie a las que vestía con sus creaciones. Su historia empieza con la atracción por prendas diferentes rescatadas de tiendas de segunda mano. Piezas con historia que le dieron la posibilidad de vestirse de forma diferente. Una relación íntima, la de ella y su ropa, que se intensificó con una colección personal de prendas que Serre atesora no por coquetería, sino para estudiar con mirada científica toda la información que contienen sus costuras. Cuando la cosa se puso seria, llegó la vocación, la escuela y las prácticas: en Maison Margiela, en Dior y en Balenciaga. Recién graduada, sedujo al exigente jurado de los galardones de diseño de LVMH con su colección “A Radical Call of Love”, que ganó imponiéndose a otras propuestas más conocidas. Un paso de gigante para una firma que en ese momento estaba constituida únicamente por dos personas. Llamó la atención su habilidad para crear deseo, novedad y realidad con la mezcla de elementos absolutamente dispares. Y brillando por encima de todo esa media luna, símbolo de la mujer, tesoro árabe, espejo de anhelos y faro de muchos, que se ha convertido ya en una poderosa seña de identidad.

¿En qué momento decides que quieres convertirte en diseñadora de moda?

Fue más bien un sueño inconsciente. Cuando tenía, quince, catorce años, empecé a vestirme y mi primer interés por la moda estuvo relacionado con el descubrimiento de viejas tiendas de ropa vintage en las que podía hallar piezas muy bonitas. Nunca fui a H&M o a Zara porque vengo del campo, así que allí hay muchas tiendas de segunda mano en las que conseguía prendas y zapatos muy baratos. Así fue como empecé mi colección de ropa y donde empezó todo, en este ejercicio de vestirme a mí misma y en esta construcción de una gran colección de prendas. En el ejercicio de observar cómo estaban hechas, los colores, los volúmenes. Es ahí cuando empieza mi interés por la moda.

Y de esta colección que mencionas. ¿Cuál es tu prenda más preciada?

Mmmm…No sé. Tengo un par de zapatos que me encantan. Incluso unos que nunca me pongo. Pero si tuviera que escoger mi favorito…Hay un vestido transparente de Fred Sathal, para la que trabajé hace siete años, con un trozo de tela que está pintada a mano. Nunca me lo he puesto, pero me gusta. Tengo muchas piezas como estas, que me gustan, que conservo y que me permiten hacer este trabajo de observación.

Comentas que nunca comprabas en HM o Zara. ¿Fue algo consciente o simplemente porque no tenías estas marcas a mano?

Creo que las dos cosas. No me gustaban porque no quería ir vestida como todo el mundo cuando era una niña. Y también porque no había muchas tiendas de este tipo donde crecí. Pero, por supuesto, he vivido luego en Marsella y en París, donde sí que están. Más bien tiene que ver con que nunca me han interesado mucho, porque me podía hacer cosas yo. Me podía comprar una camiseta y acortármela o hacérmela más larga.

¿Sientes que te ofrecen algo que era muy uniforme?

No tengo nada en contra de ellas, pero la calidad del producto es buena para cinco días o una semana y luego ya hay que tirarlo. Y yo no quiero cosas que tenga que tirar.

Imagino que tu vida ha cambiado mucho desde el momento que recibiste el premio. ¿Ha sido así?

Sí, claro. Pero no radicalmente, en el sentido que ya había empezado mi propia marca, estaba ya metida en la nueva colección. Pero es algo que es bonito que haya ocurrido porque nos está permitiendo crecer un poco más rápido. Éramos la empresa más pequeña que se presentó y fue increíble que ganáramos, porque nosotros teníamos menos compradores y menos de todo que el resto de marcas que se presentaron. Así que sí, las cosas han cambiado. Ahora tenemos que procurar seguir teniendo las cosas en nuestras manos.

¿Te esperabas el premio?

No, para nada.

¿Fue una sorpresa?

Fue una gran sorpresa. Cuando dijeron mi nombre, pensaba, “no, no es posible. No, no soy yo”.

¿Nos puedes explicar un poco cómo funcionó todo el proceso?

Empezó en marzo, éramos 21 diseñadores, y finalmente nos quedamos en 10. LVMH me llamó, por si quería participar. Nos preguntamos ¿qué hacemos? Y pensé, “¿por qué no?, Somos una empresa pequeña. Al mismo tiempo estaba trabajando para Balenciaga, así que fue una etapa de mucho trabajo para mí. Pero sí, fue una experiencia súper bonita, conocí a muchísima gente. Como la cosa iba lenta, mientras tanto conseguimos muchos puntos de venta y empecé la producción de la nueva colección que se ha hecho en Bélgica para Dover Street Market y Opening Ceremony. Entonces me comunicaron que había sido seleccionada como una de las ocho finalistas, y fue increíble, porque honestamente nunca pensé que estaría entre ellos. Y estaba muy feliz. Entonces las cosas se volvieron mucho más sencillas, trabajando mucho y haciendo lo que nos gusta. Trabajamos con muchas tiendas, que entienden y les gusta nuestro trabajo, y esto es algo muy bonito. En la final tuvimos tiempo de hablar con los diseñadores, conocí a Karl. Entonces tuvimos diez, quince minutos con ellos a solas, en el que pudimos explicar individualmente lo que hacíamos. Fue un momento muy especial. No es sólo hablar, sino que intercambias, explicas cuál es tu visión, qué te gustaría hacer en el futuro. Nos fuimos después de haber pasado un buen rato, así es como me gusta que sean las cosas, que las puedas disfrutar.

El jurado está formado por personajes muy importantes de la industria. Imagino que eso habrá sido una oportunidad única. ¿Tenías algún personaje favorito entre ellos?

Bueno, todos son interesantes. ¡No puedo decirte uno! Además todos eran muy diferentes. Pero fue increíble poder intercambiar opiniones y hablar con ellos. Porque al fin y al cabo eso es tiempo, y la gente nunca tiene tiempo para hacer estas cosas. Por eso fue tan bonito. Poder explicarme ante todas estar personas que han estado tanto tiempo en la industria es impagable.

¿Algún consejo especial que recibieras de alguno de ellos?

Hablé con Phoebe Philo sobre el hecho de que la moda necesita ser algo auténtico y sensible. Karl bromeó sobre el gran trabajado de la colección, ya que estamos hablando de una producción de cien piezas y somos sólo dos personas. Es una locura.

En tu marca estás intentando buscar nuevos lenguajes. Usas la palabras “hibridación”, para definir tus mezclas entre lo viejo y lo nuevo, lo sartorial y lo deportivo, lo artesanal y lo moderno.

Sí, por supuesto. Con el uso del moaré, la identidad de la marca, que es un tipo de tejido que se ha estado usando en el siglo XIX para hacer viejos vestidos, y la forma en que nosotros lo utilizamos lo convierte en algo con una identidad casi futurista. Estoy intentando mezclar de forma sutil todos estos conceptos. Lo que trabajo en la colección es la hibridación entre el ready-to-wear y la alta costura con piezas muy trabajadas. Así que la técnica es muy importante y cada pieza conlleva muchas horas de trabajo. Es mucho trabajo, pero lo que me gusta de la moda es que puedes expresar algo de lo que podemos hablar. Y lo que  me gusta de esta colección es que las cosas no son obvias y la gente se siente bien con ellas. Cuando la gente ve las prendas, ve el trabajo. No necesito explicarlo, se entiende a la primera. Pero por otra parte, las prendas son fáciles de llevar. Ya sea para vestir de noche o prendas con un tejido bonito, es algo que te pones con una cremallera, que se ajusta al cuerpo y que da respuesta a la vida contemporánea actual. Y eso es algo que no quiero estropear, porque no creo que la moda sólo esté hecha para ser bella. Debe ser bella, pero hay muchas maneras de definir eso. A veces soy simplemente como una esponja, mirando a mí alrededor, lo que la gente lleva en la calle, gente que conozco…todo esto me influencia mucho.

La colección que ganó se llama “Radical Call For Love”. ¿Por qué este título?

Tiene este nombre porque mi novio, que actualmente trabaja en ciencias políticas, estaba escribiendo un ensayo que se llama igual “Radical Call For Love”, y entonces, pensé, Oh! Dios, si esto es exactamente lo que estoy haciendo. Vivimos juntos, y nos influenciamos el uno al otro, así que fue bastante natural como ocurrió. Así que le dije, ¿puedo usar este título?, porque es exactamente lo que estoy haciendo en esta colección. Le damos muchas vueltas a las cosas, pero también nos dejamos llevar. Es una frase que toca mucho a las personas. Al final es así porque nos encanta.

¿Y puedes explicarme un poquito sobre las referencias islámicas que aparecen en la colección y que de alguna forma ya forman parte de la identidad de la marca?

Bueno, yo no diría que he usado referencias islámicas. Para nada. Me inspiré en prendas del mundo árabe del siglo XIX, por ejemplo con el uso del algodón alrededor del cuerpo y haciendo grandes volúmenes. Es algo que empezó de las propias prendas y que de alguna manera vi que era muy contemporáneo. Por supuesto estaba mirando a mi alrededor, viviendo en Bruselas, en contacto con una comunidad de personas árabes que eran amigas mías, y pensé que había muchas conexiones. Respecto a la luna, estuve mucho tiempo pensando en si usarla o no usarla, hablando con mis amigos. Les preguntaba ¿lo uso o no? Con este logo enseñamos que un logo es esto, un signo, la luna, antes de las referencias islámicas, era el símbolo de la mujer, así que de alguna manera es jugar con estas ideas. ¿Es un logo de sportswear, es un logo de referencias islámicas? Finalmente lo que quería hacer con esta colección es que te sientas libre de ver lo que quieras, y por supuesto hay un doble significado allí, y es exactamente por esto que es misterioso. Hay personas, por ejemplo, que no ven la referencia a la cultura árabe. La luna al final es una forma muy bonita por sí misma, es increíble que la gente se haya sentido tan atraída por este motivo. No es un el clásico logo, con las iniciales de algo, sino que es un signo que nos pertenece a todos. Puedes dibujar una luna y decir, ¡oh es mi logo!. Podría haber escrito una gran S, pero eso no es divertido. Estamos intentando hacer las cosas de otra forma (ríe).

Supongo que se trata de encontrar algún tipo de firma que te diferencie. ¿Crees que dar una identidad ahora es más difícil que hace veinte años atrás?

Sí, es bastante difícil. Porque la gente  ya está acostumbrada a muchas cosas y además hemos visto de todo. Estamos cansados de ver las mismas cosas todo el rato, sólo con ligeras diferencias y estamos ya muy acostumbrados al branding. Así que básicamente lo que estoy haciendo es lo que me gusta. Llevo siete años en el mundo de la moda y he visto cosas a mi alrededor, qué es lo que funciona, qué es lo que no. Qué es lo que a la gente le gusta. Escucho mucho, al final este es el trabajo del diseñador hoy. Tienes que escuchar mucho a la gente que está a tu alrededor y no olvidarlo.

Estuviste trabajando como becaria primero en Maison Martin Margiela, después en Dior con Raf Simons y ahora estás trabajando en Balenciaga. ¿Qué aprendiste en la Maison Martin Margiela?

Margiela es increíble, porque es una casa pequeña, bueno era, ahora está cambiando. Pero yo estuve allí antes de Galliano, y estuvo muy bien, porque tuve la oportunidad de trabajar con gente que conocía a Martin Margiela, y que tenía el conocimiento sobre las prendas. La gente era extremadamente apasionada con lo que estaban haciendo, y todo se hacía con las manos. Fue una experiencia realmente maravillosa. La verdad es que en cada una de las marcas la experiencia ha estado totalmente diferente.

Y en Dior. ¿Qué te llevaste de ahí?

Yo era una becaria y estaba atenta a todo lo que pasaba por allí. Se trataba de una marca mucho más grande. Pero al final es lo mismo, estás en un gran atelier, con gente que sabe muchísimo de cómo se hacen las prendas: sobre las técnicas y cómo construir las piezas, porque tienes que sentirte bien en ellas. Mirando aprendes muchísimo estando allí.

Imagino que poder estar en Balenciaga es también muy emocionante.

Es increíble. Estoy aprendiendo cosas diferentes allí. No puedo explicar exactamente el qué. Pero está muy bien.

¿Qué planes tienes para tu marca durante los próximos cinco años?

Uf, no sé. Ahora estamos construyendo un equipo, mudándonos. Estamos creciendo un poquito. Y entonces haremos nuestro primer desfile a principio de 2018. No lo hemos hecho en septiembre porque no tenemos el tiempo. Así que estamos en todo esto. Muchos cambios, la verdad, si tenemos en cuenta que hace apenas un año que acabé la escuela en La Cambre de Bruselas. El salto es bastante grande.

¿Qué te gustaría comunicar con tu marca?

Que mis prendas son híbridos, auténticas y contemporáneas, que responden a lo que necesitamos y queremos hoy. Con las que podamos vestir cada día sin perder la técnica y la calidad. No queremos sólo unos pantalones, queremos además ser cool. Es un equilibrio entre la pasión, la honestidad, y la pretensión de cómo debería ser una prenda hoy.

Créditos:

Fotografías de Allan Hamitouche

Estilismo de Jeremie Chegrane

Producción de Anna Barr

Modelo: Steffi de Brand Model Management

www.marineserre.com