El opoponax: Monique Wittig y el amor-lenguaje absoluto

10 / 03 / 2026
POR Gudrun Palomino

La retraducción de ‘El opoponax’ (Bamba Editorial), la primera novela de Monique Wittig, devuelve a las librerías españolas uno de los textos más radicales de la literatura feminista del siglo XX y reabre la potencia política del lenguaje que atraviesa toda su obra.

«Las lesbianas no son mujeres». Esta frase radical la sentenció la escritora y pensadora Monique Wittig (1935-2003) en el artículo más conocido de El pensamiento heterosexual, puesto que «la mujer no tiene sentido más que en los sistemas heterosexuales de pensamiento y en los sistemas económicos heterosexuales». Y, si hemos llegado a conocer a Monique Wittig como una de las protopensadoras más importantes de la teoría queer, es en gran parte por su primera obra literaria: El opoponax. Según la propia autora, en la novela construye «un sujeto lesbiano como sujeto absoluto donde el amor lesbiano es el amor absoluto», creando un sistema no heterosexual.

Bamba Editorial publica y recupera en febrero de 2026, con mi traducción, El opoponax de Monique Wittig. La novela, ganadora del premio Médicis en 1964, vio la luz en España en 1969 y no se ha vuelto a publicar aquí hasta ahora. De esta forma, la primera novela de Wittig acompañará en las librerías a textos como El pensamiento heterosexual, Borrador para un diccionario de las amantes o El viaje sin fin (El cuerpo lesbiano merece una reedición, ya que en la página web de Pre-Textos aparece como agotado). En El opoponax seguimos la vida de Catherine y Véronique Legrand, pero también la de Valerie Borge, Dominique Baume, Alain Trévise y Denise Joubert. Todas estas infancias conforman una sola, porque, como diría Marguerite Duras tras la publicación de la novela, El opoponax «trata de mil niñas juntas, de una marea de niñas que se le echan encima y le sobrepasan. Se trata de eso, efectivamente, de un elemento fluido y basto, ¿incluso marino? Toda una marabunta, una marea de niñas que las arrastra una única ola».

El lenguaje de la novela es el lenguaje opoponax, un lenguaje que Wittig presenta objetivo, pero a la vez subjetivo, sobre la infancia. Y, como implica la infancia, a través del lenguaje opoponax se descubre la pulsión de vida y del deseo, pero también la conciencia de la muerte. Como una dualidad constante, en la novela vemos el paso de los años, sin una delimitación concreta, dentro y fuera de un colegio religioso francés, en el que Catherine Legrand empieza a tomar consciencia de que está viva, de que la vida palpita con el deseo y que, a su vez, se minimiza hasta la extenuación y la muerte.

A pesar de que gran parte de la obra de Monique Wittig sea intencionadamente fragmentaria, El opoponax se escribe con un texto sin diálogos ni cambios de párrafos: solo se produce un cambio textualmente cuando empieza un nuevo capítulo. Este cambio va acompañado de una pluralidad que vemos en los verbos, conjugados en impersonal o con un «nosotras», que aparece en cada acción de las protagonistas.

Como traductora de El opoponax, quise mantener los aspectos representativos del lenguaje opoponax. Cuando propuse la traducción de esta novela de Wittig a Bamba Editorial, no dejé de remarcar la importancia tanto literaria como política de la obra. Esto se refleja también en la edición: tanto mi nota a la traducción como la nota a edición, de Claudia Villanueva, dilucidan la radicalidad de la novela y su importancia en la literatura feminista y queer del siglo pasado.

Además, en este mismo mes, Tránsito publica Las guerrilleras, con traducción de María Enguix y prólogo de Nerea Pérez de las Heras, una novela que es un poema épico y fragmentario, una reescritura de las escrituras épicas y homéricas en la que se declara la guerra al pensamiento heterosexual. Las protagonistas son un «ellas» indeterminado, que a su vez se construye a través del nombramiento de cientos de nombres de mujeres históricas y mitológicas.

Tanto El opoponax como Las guerrilleras destacan la importancia del lenguaje como un asunto y sujeto político. Las dos novelas, de hecho, sufrieron la censura con sus primeras ediciones en España, en pleno franquismo: se tacharon fragmentos explícitos y sexuales de Las guerrilleras y la mención de los órganos sexuales, los insultos y las blasfemias de El opoponax se suavizó en su traducción, hasta el punto de desaparecer del texto.

Wittig era bastante consciente de que la literatura que presentase una forma y un discurso nuevo era un caballo de Troya, capaz de transformar el pensamiento desde dentro del lenguaje, alejado de una tirana estructura heterosexual. «Estos discursos de heterosexualidad nos oprimen en la medida en que nos niegan toda posibilidad de hablar si no es en sus propios términos y todo aquello que los pone en cuestión es enseguida considerado “primario”», expuso la autora en uno de los artículos de El pensamiento heterosexual.

Con la publicación de estas dos nuevas retraducciones de las novelas más relevantes de la carrera literaria de Monique Wittig, podremos leerla sin ediciones con un trasfondo franquista y siendo conscientes de los avances que tanto Wittig como otras escritoras y pensadoras permitieron la desarticulación de cierto lenguaje, alejado de discursos feministas.

Síguenos en TikTok @veinmagazine