‘A contrapelo’, el libro sobre la esclavitud y la autoagresión de la depilación

04 / 12 / 2020
POR Nerea Sánchez

“Método de autoflagelación por el cual las mujeres se queman vivas bajo la creencia de verse más bellas.” Así define su autora, Bel Olid, una práctica que fomenta el auto-odio y sexualiza e infantiliza a las mujeres.

Portada de A contrapelo (Capitán Swing).

Es difícil empezar un libro. Hay una regla que dice que la primera oración debe ser impactante, o que debe evocar una imagen potente que después cobrará sentido. ‘A contrapelo. O por qué romper el círculo de depilación, sumisión y autoodio‘ de Bel Olid comienza así: “Decidí no volver a depilarme”. Parece, desde luego, una decisión poco trascendente por referirse a un tema banal, como es que a los humanos, tras largo tiempo divorciados de los monos, nos siga saliendo pelo por todo el cuerpo.

Entonces, ¿por qué escribir un libro sobre esto? Pues porque “es fascinante que un cuerpo sin vello, fruto de un artefacto social como la depilación, se considere muestra de feminidad innata” explica la autora de ‘A contrapelo’ (Capitán Swing, 2020). Y porque “las mujeres nos depilamos porque queremos, sí. Pero lo que queremos no es no depilarnos en sí, sino evitar pagar el precio que se nos exigiría en el caso de no hacerlo” concluye Bel Olid.

Bel Olid, vía El Temps. Foto: Jordi Play

Frente a esta ficción social según la cual las mujeres no tienen pelo, la autora presenta a su ‘yo’ de la juventud como una especie de impostora de la feminidad. Si tenía que mostrar su cuerpo con la llegada del calor se convertía en una chica normativa, femenina y depilada; si no, -la mayoría del tiempo- dejaba su pelo crecer y ocultaba su cuerpo con ropa, como si se tratara de un objeto vergonzante. Lo explica así:

“El fracaso absoluto a la hora de mantener a raya mis pelos era más que un fracaso práctico que me condenaba a pantalones largos y días sin playa: era un fracaso manifiesto de mi feminidad. Ya me sentía impostora en el papel de chica: ‘performaba como podía por miedo a perderme y encontrarme aún más sola de lo que estaba, pero sabía que la melena larga y los vestidos eran una mentira que sostenía penosamente”.

Olid convierte la primera parte del ensayo en un paisaje cercado de pelos. Pelos duros recién salidos tras el paso de la cuchilla, pelos largos de las piernas que se peinan con las manos para encontrar una mirada de aprobación en el metro, pelos que nacen alrededor de los labios abiertos de la amante. Y también registra la aniquilación del pelo: enumeración de las técnicas de depilación, de su duración, de su ineptitud; descripción pormenorizada de los lugares de aceptación del pelo, es decir, cabeza, cejas, pestañas; indicación, además, de los niveles de frondosidad aceptados en cada una de estas zonas.

A contrapelo es un relato compuesto de potencia y violencia. La potencia viene de la imagen del pelo en el cuerpo femenino; la violencia, de la lucha por eliminarlo. Por ello, Bel Olid no necesita recrearse en un lenguaje exuberante. Le vale con un estilo seco y directo, pero también atractivo y de fácil lectura.

‘A contrapelo’ ofrece también datos interesantes. ¿A que no sabías que los cortes que se producen cuando nos afeitamos el pubis aumentan la posibilidad de infecciones de transmisión sexual? Otra problemática es la del bullying que sufren las niñas a las que les aparece pronto el vello corporal. En A contrapelo leemos que “La empresa estadounidense de depilación Wax Candy afirma que el 10% de sus clientas tienen menos de trece años”.

Según la autora, aunque depilarse tiene un impacto positivo a nivel psicológico en estas niñas, hacerlo a una edad tan temprana conduce a sexualizarlas. Puesto que, al mismo tiempo, la depilación sirve para infantilizar físicamente a las mujeres, este doble proceso supone una homogeneización de los cuerpos en función a su deseabilidad sexual. La autora habla, además, del pelo y las mujeres trans, o de las implicaciones que tiene el pelo a la hora de encasillar a un hombre en una u otra forma de masculinidad.

Lejos de pretender que todas las mujeres dejen de depilarse, el objetivo de Bel Olid es el de una toma de conciencia sobre nuestras creencias, prejuicios y decisiones. En palabras de la autora, “fingiendo que -la depilación- es una decisión banal nos estamos robando la posibilidad de ser agentes en la flexibilización de unos mandatos de género asfixiantes”. Esta función didáctica se inscribe a la perfección en el conjunto de la obra de la autora, profesora, traductora y presidenta de la Asociación de escritores en lengua catalana, que concibió su anterior libro, ‘¿Follamos?’, como un manual de sexualidades.

Cuando parece que el ensayo ha terminado, junto con los datos de impresión de libro, aparece la siguiente definición: “«Método de autoflagelación por el cual las mujeres se queman vivas bajo la creencia de verse más bellas». Mujeres Públicas (Instrumentos de tortura).”

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