ATZUR: “Ser humilde no es hacerse pequeño”

11 / 05 / 2026

Con HUMBLE, Patricia Narbón y Paul Ali convierten la rabia, la vulnerabilidad y la necesidad de ocupar espacio en himnos catárticos pensados para vivirlos en directo.

Mientras Barcelona sigue avanzando a su propio ritmo, nos sentamos con Patricia Narbón y Paul Ali en La Central del Raval, rodeados de estanterías repletas de historias, para descubrir la de ATZUR. El dúo hispano-austriaco que entiende la música como siempre debió entenderse: sin filtros, sin prisas y con una intensidad que ya forma parte inseparable del universo del grupo.

Pedimos café mientras intento explicar el origen de mi nombre, un icebreaker recurrente cuando te llamas Zoel. Así empiezo a conocer a Patricia, alguien que parece llevar incorporada esa mezcla de delicadeza y presencia escénica que también atraviesa su manera de hablar. Paul, en cambio, observa más de lo que dice; entre pequeños bocados y silencios cómodos, interviene cuando tiene algo claro que aportar, dejando entrever un mundo interior tan profundo como preciso. 

Acaban de publicar HUMBLE, un segundo álbum que no solo expande su universo sonoro – en ese territorio donde conviven el alt-pop, la electrónica, el hyperpop e incluso guiños inesperados al reguetón –, sino que funciona también como una declaración de principios. Un disco atravesado por la rabia, la vulnerabilidad y el derecho a ocupar espacio.

Y estando en La Central, la primera pregunta era inevitable: ¿cuál es el último libro que han leído? Patricia sonríe antes de responder: La mort i la primavera, de Mercè Rodoreda. Cuenta que ha empezado a releer aquellos libros que le obligaban a leer en el colegio, después de años consumiendo sobre todo autores extranjeros. “Ahora quiero volver al catalán”, explica. Y añade algo que, de alguna manera, también resume la sensibilidad de HUMBLE: “Hay libros que pienso: esto me lo tengo que leer en otoño. Y La mort i la primavera me lo tenía que leer en primavera, obviamente”.

La conversación avanza así, entre referencias literarias, conciertos y emociones difíciles de domesticar. Porque si algo define a ATZUR es precisamente esa negativa constante a simplificarse. HUMBLE nace, de hecho, después de descubrir que su antiguo mánager les había robado, una experiencia que les obligó a replantearse el significado de la humildad dentro de la industria musical. Pero lejos de encerrarse en el cinismo, el dúo transformó toda esa rabia en algo expansivo, casi catártico, que hoy comparten con su público en su hábitat natural: el escenario.

 

 

HUMBLE llega como vuestro segundo álbum y parece tener una carga emocional bastante intensa. ¿Qué significa para vosotros esa palabra?

Patricia: Nuestro antiguo mánager nos robó y, al descubrirlo, fue como sacarse una venda de los ojos y darse cuenta de todas las veces y de todas las personas que nos han timado, básicamente. Y, hablando con compañeras de la industria, te das cuenta de que esto es la jungla. Somos artistas emergentes desde el Covid, pero en tan poco tiempo, nos han puteado mucho. Y el hilo conductor de todas esas putadas nos dimos cuenta que era la cantidad de veces que nos han dicho que seamos humildes, que no pidamos tanto.

Entonces, cuando nos dimos cuenta de que ese señor nos había robado, fue como: “¿Sabes qué? Esto de la humildad no es algo negativo per se, pero es algo que han utilizado como arma para aprovecharse, beneficiarse y abusar de nosotros”. Por eso quisimos conquistar esta palabra, darle nuestro significado, y así nació HUMBLE.

Para nosotras, la humildad es saber el valor que tienes y honrarte a ti misma desde la perspectiva de que eres buena. Es humildad con una misma, saber lo que quiero, honrar mis instintos y pasarlo bien. Porque ser humilde no es hacerse pequeño, no es estar en una esquina y no molestar, que es un poco lo que nos habían vendido. Porque hemos tenido gente diciéndonos “be humble”, pero es como “don’t tell me to be humble”.

 

 

El álbum habla mucho de rabia, pero también de belleza dentro de esa rabia. ¿Cómo se transforma una emoción tan cruda en algo creativo?

Patricia: Creo que la peor emoción es la neutralidad, el no sentir ni padecer. Pero cualquier emoción es importante y te puede dar una lección. Por eso, al principio de la primera canción del álbum, está la frase: “Maybe this anger will turn out into something beautiful”. Porque a veces, de lo que parece negativo – una emoción, una tristeza, un miedo – quizás sale algo bonito. Entonces, con la situación que vivimos estábamos muy enfadados, pero no nos estancamos e intentamos ver qué podía salir de ahí. Y salió el álbum.

 

El disco parece narrar un viaje: desde la confrontación inicial hasta una especie de liberación emocional al final. ¿Pensasteis el álbum como una historia desde el principio?

Patricia: Surgió de manera natural, como realmente todo. Estudié moda y, en las colecciones, me gusta contar historias. Entonces, encaro los álbumes como una colección de moda, por así decirlo. Cada canción es como un look. Sé que hoy en día cuesta que alguien se siente a escuchar un álbum del principio al final, así que las canciones definitivamente funcionan de manera individual. Pero, si alguien se sienta y escucha esto de principio a fin, es como una sesión de terapia.

 

Entre vuestro primer trabajo y este disco, ¿qué cambios habéis vivido?

Paul Ali: Después del primer álbum, hicimos nuestra primera gira por España, Alemania y Austria. Y después, como también hemos tocado de teloneros en otras giras, creo que hemos aprendido y descubierto qué tipo de artistas queremos ser.

Patricia: Somos artistas de directo, de tocar conciertos todo el rato. Es lo que nos gusta. Y eso nos da una visión muy clara de dónde está nuestro objetivo. Algunos artistas tienen como objetivo entrar en listas de Spotify y tal, pero en nuestro caso somos orgánicos. Sacamos el álbum en el concierto de Hamburgo y fue el mejor release que hemos tenido, porque fue auténtico. La gente, el contacto… En el directo se contextualizó todo.

 

¿Cómo ha cambiado eso vuestra forma de crear música?

Patricia: Ahora siempre tenemos la perspectiva del directo. El primer álbum era más como un monólogo, digamos, dado que también era como en un loop o algo como que necesitábamos nosotros, pero con este segundo álbum tenemos un interlocutor y es que ahora cuando escribimos una canción la visualizamos en el contexto de un concierto.

 

 

Hay una idea muy poderosa en el disco: que fuerza y vulnerabilidad pueden coexistir. ¿Creéis que culturalmente todavía cuesta aceptar esa mezcla?

Patricia: Para la gente que nos escucha y nos apoya, creo que ha sido bastante effortless, porque es lo que nos hace humanos. Esa dualidad entre la vulnerabilidad y la fuerza está en todos y todas, ¿no? Y es algo bastante orgánico, porque nadie es fuerte todo el rato.

 

Paul: Hoy en día, más del setenta por ciento de tu vida es digital. Entonces, la gente y yo mismo estamos buscando emociones que puedas sentir de verdad. Por eso creamos un espacio donde la gente puede venir y expresar lo que quiere.

Patricia: En Berlín, por ejemplo, vino una chica que acababa de salir del funeral de su padre y nos dijo que era el mejor plan para un día así. También vino una pareja de recién casados que quería celebrarlo con nosotros.

 

¿Tenéis alguna canción favorita del disco, o que creáis que representa muy bien el álbum?

Paul: Para tocar en directo, sin duda Now I’m Happy. Antes era Hate Me, pero ahora es Now I’m Happy porque siempre tiene esa magia con los fans. Te golpea y crea esa conexión con el público… Es increíble. Y la gente se vuelve loca.

Patricia: Es una canción de amor, pero de amor hacia los fans. Es una canción muy cheesy, pero cuando escribí la letra tenía en mente ese momento en el que estás en el escenario, ves a la gente, sus caras, y cómo te están mirando. Es como una ‘love letter’ a ese momento y a esas personas. Entonces, claro, cuando la cantas en directo, la gente lo entiende al instante y es muy bonito.

Paul: ¿Y la tuya?

Patricia: ¿Mi canción favorita? Me gusta mucho Chaos, que es la última. Me gusta bastante. Pero es como los hijos, no puedes tener una favorita. ¡Todas son especiales!

 

 

El disco mezcla alt-pop, electrónica, hyperpop e incluso reguetón. ¿Os interesa romper géneros o simplemente seguís lo que pide cada canción?

Patricia: Surge porque lo pide la canción. No hacemos música para los profesionales de la industria ni para las playlists. La verdad, nos importa bien poco hacer un género u otro. Realmente, si la canción te pide algo y estamos en el mood, todo es bienvenido. Creo que la música puede ser algo mucho más fluido, así que es como: “¿Por qué nos vamos a encerrar en un género?”. Si no nos limitamos nosotros, ¿por qué íbamos a limitar nuestro proceso creativo? Sería un poco absurdo.

 

En cuanto a identidad, sois un proyecto hispano-austriaco. ¿Cómo influye esa mezcla cultural en vuestra identidad musical y estética?

Paul: Siempre he tenido esa afición por la cultura del sur de Europa, no tanto por la del norte, ¿sabes? Y la verdad es que yo lo veo más como un complemento. Es como cuando haces un puzzle y tienes diferentes piezas: siento que a mí me faltaban muchas, y ella me aporta esas partes que no tenía. Encajan muy bien. Soy un tipo más introvertido, pero me gusta la influencia del sur, donde todo es más abierto. En Oslo, el camino siempre es más recto, pero Patricia me da la perspectiva del mar, que es mucho más abierta.

 

Trabajar como dúo implica una negociación constante. ¿Cómo es vuestro proceso creativo cuando no estáis de acuerdo?

Patricia: No hay mucho conflicto. Nos conocemos muy bien y sabemos cuál es el fuerte de cada uno. Si él me ve muy obsesionada con algo, aunque quizá no lo vea claro, si yo le digo “trust me”, me entiende. No tenemos ese ego, digamos. 

Paul: Exacto. Si ella ve una dirección muy clara, confío cien por cien.

 

Si tuvierais que describir el proyecto de ATZUR, ¿cómo lo haríais?

Patricia: Emo. Luz.

Paul: Intenso.

Patricia: Catártico. Auténtico. Dualidad. Vivir y estar presente.

 

Patricia, además de la música, diriges el atelier de demi-couture Narbon. ¿Cómo se influyen mutuamente la moda y la música en tu imaginario creativo?

Patricia: Me lo estoy pasando muy bien porque, aunque suene muy random, es como si hubiera encontrado a la mejor musa: mi alter ego, mi stage persona. Ella hace lo que yo le digo. Me veo desde fuera, preparo el styling y me hago ropa a medida. Y también es una libertad total porque, claro, cuando tienes una marca, siempre estás pensando en tu cliente, en quién va a llevar eso. Pero ahora puedo hacer cosas sin esa perspectiva, porque soy yo. Además, la música y la moda se complementan muy bien.

 

 

¿Hay algo de la filosofía de la demi-couture – ese trabajo artesanal y emocional – que también trasladáis a vuestra música?

Patricia: La verdad es que sí. En nuestra música no hay ni un solo sample. Lo hacemos todo nosotros: los sintetizadores, los arpegiados, los violines… Todo está hecho desde cero. En moda, estoy especializada en bordado a mano y “embellishments”, y veo la música un poco de la misma manera.

 

Habéis descrito vuestros conciertos como algo “casi sagrado”. ¿Qué buscáis provocar emocionalmente en el público cuando tocáis en directo?

Patricia: La verdad es que no pensamos en una emoción en concreto. Queremos crear un espacio en el que la gente tenga libertad de sentir lo que quiera. Ese es el objetivo. Si quieres venir a llorar, si quieres venir a reírte, si quieres venir y quedarte quieto, si quieres venir y estar como el emoji ahí parado… Da igual. Lo importante es que la gente sienta algo, que es lo que falta hoy en día, porque estamos disociados, totalmente desconectados.

 

En esta nueva gira, ¿cómo habéis recibido la energía del público en los conciertos hasta ahora?

Patricia: Súper bien. Lo que hemos notado es que la gente no habla mucho en los conciertos. En Madrid éramos más de cuatrocientas personas y había silencio, porque estaban allí para escucharnos. Eso es bonito. Y, obviamente, lo que más nos está sorprendiendo – y no es ni siquiera falsa modestia – es que la gente viene. Que hoy en día alguien salga de su casa y esté ahí físicamente no es lo mismo que hace años. Tener a alguien delante, dándote su atención de verdad, sigue siendo algo muy valioso.

 

Photography by Tim Cavadini