Oficio, cuerpo, naturaleza. Conceptos clave para entender el imaginario de Brot Jewelry, y que exploramos en esta conversación con Júlia Ventura.

María Arnal (@mariaarnaldimas) en los premios Gaudí con Pendiente/Collar de Brot Jewelry
La joyería fue el medio que Júlia Ventura encontró para expresar la unión entre cuerpo y naturaleza, dos elementos esenciales para ella, que materializa en Brot Jewelry a través de una propuesta de diseño honesta e intuitiva. Una honestidad que busca, además, poner en valor el oficio y la importancia de preservarlo.
Hablamos con ella sobre el camino recorrido desde sus años en la escuela Massana hasta la creación de su equipo y negocio, que respira la misma honestidad que sus joyas. Una conversación sobre cómo su proceso creativo, un ejercicio de observación e intuición, reivindica la conexión constante entre el cuerpo y la naturaleza.

Cuéntanos un poco sobre ti, ¿cuál es tu conexión con la joyería?
De pequeña y adolescente, en clase me evadía hacia un mundo artístico, dibujaba y no prestaba mucha atención, por lo que me sentía incomprendida. El dibujo me ayudaba a sentirme segura y a empezar a articular mi imaginario desde diferentes disciplinas. En bachillerato descubrí el audiovisual y quise ir a la ESCAC; al final me frustré y terminé estudiando Artes y Diseño en la Massana, conectando otra vez con el dibujo.
Me pareció una buena idea porque había talleres experimentales, es una buena propuesta para probar un poco de todo y decidir qué vía tomar. Desde las artes plásticas me alejé del diseño por un tema de trabajar con las manos, siempre lo he sentido muy próximo, junto a un componente conceptual, ligar las manos con la idea.
Fui tocando todos los talleres hasta que, en los últimos años de la carrera, descubrí el de joyería y lo sentí diferente. De pequeña siempre había sido muy movida, me costaba estar tanto rato sentada en clase y, de repente, descubrí que con la joyería podía estar sentada durante horas y horas, centrada en la astillera, y no levantarme para nada. A diferencia de la cerámica o el vidrio, donde necesitas todo el cuerpo, en la joyería, solo con extender los brazos puedes alcanzar todas las herramientas y tienes todas las posibilidades de crear durante el tiempo que quieras.
Mi TFG fue la primera propuesta de joyería conceptual en la que uní los tres conceptos que siempre han estado ligados a Brot. Aunque se han ido transformando y tomando otras direcciones, fue el primer momento en el que uní cuerpo, joyería y naturaleza, la cual he sentido siempre muy próxima.

¿Cuáles fueron aquellos aspectos que te hicieron iniciar Brot y, precisamente, llamarlo así?
Para mi TFG me enterré, el cuerpo hacia abajo eran las raíces y, hacia arriba, el tronco y los frutos eran las piezas de joyería colocadas por todo el cuerpo. El proyecto trataba sobre cómo había llegado hasta allí, cómo creé ese imaginario, mis referentes… y por eso se llama así. Brot, en catalán, significa brote. No es tanto por el TFG en sí, sino por la idea de la naturaleza y lo que nace por primera vez.
Al graduarte de la Massana e iniciar Brot, ¿qué te hizo dar el paso e ir a por todas?
En realidad no estudié joyería como tal en la Massana. Cuando terminé la carrera, mi profesora, María Diez, me recomendó irme a Florencia a estudiar en Alchimia, una escuela entre lo tradicional, la técnica y lo conceptual, el híbrido perfecto para lo que buscaba. Me pilló la COVID, volví a Barcelona en pleno confinamiento y empecé a tocar puertas de joyeras que me gustaban. Por entonces no había tantas, ahora el mercado está saturadísimo de proyectos. Aún me quedan muchas técnicas por aprender. Me gustaría considerarme joyera, pero mis profesores sí lo eran de verdad, desde los 3 años hasta que murieron. Es un oficio que se está perdiendo.

Te entiendo. Tras la pandemia hubo un boom de proyectos de accesorios que quieren pasar como joyas. Como consumidores, buscamos piezas que nos diferencien y podamos permitirnos.
Intento, de alguna manera y sin entrar en tecnicismos de producción, perpetuar un poco el oficio, transmitir eso que se está perdiendo.
Lo que me encanta de tu proyecto es que, además de las joyas, haces talleres. Generar comunidad parece importante para ti y suma a ese propósito.
Totalmente. Me ayuda mucho porque cuando vendes un producto, de alguna manera acabas educando a tu cliente. Es el añadido de hacer talleres. Mucha gente me dice que después del taller entienden el valor de la pieza por todo el proceso, el tiempo y la técnica. Los hago de dos horas y también mensuales, donde se ve mucho mejor el proceso. Me interesa mucho compartirlo.
Y la respuesta es muy buena, ¿cierto?
Sí, la verdad. Desde que volví de Florencia y empecé Brot, he ido haciendo lo que he podido a nivel empresarial. A nivel creativo he ido tirando bastante de lo que el cuerpo me pedía, y por eso ha llegado a la gente de forma chula. Brot no es ver una foto en Pinterest y copiarla, son cosas que realmente me salen de dentro y me apetece compartir. Pero cuando quieres vivir de esto y crear un negocio, hace falta mucho más que ideas y piezas, tienes que aprender a tener visión empresarial.

¿Quiénes te han ayudado a cimentar esa parte del negocio?
Hace un año no sabía qué hacer. Estaba en el taller, pero no tenía más horas para pensar en la parte de negocio, estaba en un bucle y no crecía. Mi hermano Pol, que estudió ADE y Derecho, empezó a ayudarme. Fue perfecto por su formación y por cómo conoce el proyecto y sus necesidades. Desde hace un año, Pol, Camila, que nos ayuda con el PR, yo y otras personas que se han involucrado en el equipo, hemos ido creando estrategias e invirtiendo con cabeza. Ha sido muy bonito, hemos hecho un upgrade que era todo lo que había soñado en la vida, y ahora empezamos. Estamos muy motivados.
Hace poco hicisteis el primer evento, ¿pop up o evento?
Dices bien, evento, porque decidimos no vender nada. Queríamos hacer una presentación de la colección, sin estar pendientes de las ventas, que fuera algo más creativo y expositivo. Fue chulísimo. No habíamos tenido un espacio tan grande como Nave Seis. Contamos con la ayuda de mi amigo Bruno Blay para la iluminación e instalación, mi hermano pinchó y Camila hizo la convocatoria. Todo surge porque hay gente alrededor que no solo trabaja, confía en el proyecto y lo entiende.
El concepto para la instalación estaba relacionado con la nueva colección, Sirkel.
No teníamos mucho presupuesto, pensamos en cómo mostrar la colección que se inspira en el fluir de los ríos. Pusimos a lo largo de una mesa piedras de río y un collar de bolas de cinco o seis metros que iba de punta a punta, inspirado en la obra de Andy Goldsworthy, mi gran referente.
Cuéntanos más sobre tus referentes. Seguro que tocan muchos palos.
Hay referentes genéricos que forman parte del nacimiento de Brot y su estilo de vida, y otros más puntuales. Por un lado está Andy Goldsworthy, ver su documental ‘Rivers and Tides’ encendió algo en mí sobre el vínculo con la naturaleza. También land artists como Giuseppe Penone o Fina Miralles. Y aunque suene un poco teenager, el grupo de reggae SOJA me inspiró mucho a entender el mundo de una manera determinada. El Romanticismo como movimiento también acompaña mucho el ideal de la marca. Brot tiene que ver más con estos referentes que con otros de joyería.

También creas puntos de libro que se han vuelto virales…
Los empecé a hacer hace unos años. En diciembre, Camila, la chica que nos ayuda con PR, subió un TikTok y se hizo viral, fue una locura. Tengo las manos destruidas. Es un producto más asequible y de repente tuvimos 200 pedidos. Vamos aprendiendo, a veces sacas un producto en el que tienes mucha fe y no funciona, y de repente haces otras cosas y sí.
¿Cómo gestionas cuando algo que sale tan de ti no funciona como esperabas?
Hay momentos. Si lo enfocas como algo comercial y no resulta, es peor, porque no era genuino. Pero si creas una pieza que sigue tu propósito, el éxito es algo secundario. Lo has hecho porque necesitabas hacerlo.
¿Cómo es el proceso desde que alguien hace un pedido hasta que llega a casa?
Damos entre dos y tres semanas, incluso un mes, para encargos personalizados. Tenemos algo de stock de colección, pero los encargos llevan su tiempo. Cumplir con los timings y dar una buena atención al cliente es fundamental.

¿Cuál ha sido tu encargo favorito?
Lo que más me gusta es estar produciendo en el taller, ponerme un podcast y pasarme horas allí. Agradezco mucho cuando el cliente me da libertad creativa y puedo diseñar desde mis referentes.
Pero lo que más disfruto es crear las colecciones. Para la última, me fui sola a la montaña varios días para entrar en ese bucle creativo que me gusta mucho, como ir saltando de liana en liana constantemente. Intentar no salir de allí es muy guay, y ese proceso puede ser infinito. Es lo que más me ilusiona.
¿Y cómo manejas la presión de que el peso de la colección recaiga solo sobre tus hombros?
Intento que sea un proceso solitario, pero es cierto que es muy importante compartirlo. Si te centras demasiado en ti misma y en tu propio proceso sin enseñarlo, es peligroso. Puedes acabar en lugares donde pierdes la perspectiva, por ello es necesario poner ideas en común, saber qué ver y, sobre todo, saber qué escuchar y qué no.
Para terminar, ¿cuál es tu talismán?
Va por etapas. Hace un año fui a la India y llevaba un anillo de allí muy especial, pero esa época ya pasó y ya no me representa. Es una cuestión de energía. Tengo mucho cariño al primer anillo en cera que hice. Todo tiene que tener un significado simbólico, y eso me encanta de la joyería.

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