Doubling Ecologies: nuevas perspectivas no-antropocéntricas

05 / 11 / 2021
POR Irati Fernández

 Poéticas del apocalipsis, ecosistemas y futuros posibles: Hablamos con Wang-Jen Cheng sobre la exposición que presenta junto con Juan Zamora en el pueblo museo de Genalguacil.

Doubling Ecologies, proyecto expuesto en el Museo de Arte Contemporáneo de Genalguacil, nos hace reflexionar sobre la capacidad de enmendarnos y de revertir los daños, de abrir nuevas vías hacia una imagen menos antropocéntrica de nuestro mundo. ¿Podemos enfrentarnos a los retos que supone? Sobre estas cuestiones, el artista Wan-Jen Chen no se cierra a una respuesta única. Cuenta a #VEINDIGITAL: “En mi hijo veo la capacidad que tienen las personas de trascender sus limitaciones. Él tiene el potencial de cambiar la realidad. Pero también he visto muchas personas incapaces de cambiar la situación en la que se encuentran.

Esta obra conjunta es de carácter interdisciplinar, exhibiendo en un mismo espacio experimentos sonoros, dibujos, muestras vegetales, imágenes y vídeos. El taiwanés nos explica la función de este enfoque: “Al igual que en una orquesta, cada instrumento pertenece a una sección, algunos se encargan de marcar el ritmo y los tonos bajos, otros de los tonos agudos y los acordes. Cada material empleado también es una pieza de puzle con su propio mensaje. La labor del artista es componer la música, considerar la composición y la importancia que da a cada elemento. El resto depende de que el espectador escuche con atención e interprete la pieza”. Aunque cada una de las obras presentadas funciona por sí misma, hay relaciones delicadas y leit-motivs que aspiran a crear una red de significado más compleja en el conjunto.

En la exposición encontramos varias obras que crean una suerte de poética del apocalipsis, con una estética y unas temáticas que nos recuerdan por momentos a las de las distopías y las obras de ciencia ficción que se preocupan por el futuro. La obra Todas las flores que quedan I y II, (2021) de Juan Zamora es un conjunto de dibujos que versan sobre las especies de flora endémica de la serranía de Ronda, divididas en dos obras correspondientes a las que se encuentran protegidas y las no protegidas. Este meticuloso registro parece una cápsula del tiempo destinada un futuro en el que, de hecho, quizá ya no quede ninguna.

El artista taiwanés, por su parte, nos introduce en un universo que combina el entorno virtual con el real a través de instalaciones de vídeo, las cuales forman parte de su obra titulada Planted in the greenhouse is not vegetable but people—a message from the future. En esas imágenes se muestra gente tomando el sol en esteras de diferentes colores respetando la “distancia social”, que desde un plano que se vuelve ajeno, tomado con drone. Desde esa perspectiva externa, los individuos reposan alienados y se convierten en las plantas de invernadero. El título de la obra nos indica que es un mensaje del futuro. Sin embargo, Wan-Jen Chen nos deja claro que el mensaje de su obra trata sobre la actualidad y se dirige al presente: “Es una documentación de este momento en la historia de la humanidad, de cómo durante la pandemia las personas han sido obligadas a mantener una distancia de seguridad entre ellas, afectando la configuración de las reuniones sociales; así como de la psicología detrás de las reuniones sociales de las personas de la generación de Internet. Yo solo he documentado la realidad del momento presente.”

Además, y en esta misma línea estética, en lugar de un catálogo al uso la exposición cuenta con una novela, Empezar por el final, a caballo entre el ensayo, la ciencia ficción y el libro de artista. El texto pertenece a Blanca de la Torre, comisaria de la exposición, y está envuelto en imágenes de la obra de Juan Zamora y Wang-Jen Cheng.

En su obra, Wan-Jen Chen nos habla de los peligros a los que nos enfrentamos socialmente desde una mirada exterior hacia el humano, con imágenes cosmopolitas y telediarios. “Puede que sea el momento de hacer un esfuerzo para intentar subir a bordo de una nave espacial. Desde la perspectiva del universo, la existencia del ser humano no tiene más importancia que la de un grano de arena, y la vida es efímera.” Mientras, Juan Zamora habla del mismo tema desde una forma totalmente distinta, habla de la vida humana en negativo, analizando el reflejo de los seres en su hábitat, que funciona como un espejo.

Ambos nos muestran, desde sus distintas perspectivas, las frágiles dependencias entre todas las cosas en un ecosistema. El resultado de la colaboración es que las obras de ambos se completan entre sí, dándole su dimensión completa al tema: el problema del ser humano como desequilibrio y destrucción del medio, en presencia o en ausencia, en negativo o en positivo. El transformador y lo transformado son las dos caras de la misma moneda.

Esta exposición, en última instancia, nos recuerda que existe una cuenta atrás: “El efecto mariposa es inspirador y nos hace reflexionar. Cada decisión que tomamos resulta en un cambio. El momento actual no solo formará parte del pasado, sino que también formará parte del futuro.”