El Diario de Frida Kahlo o el arte como catarsis

20 / 01 / 2021
POR Peña Fernández

A través de la escritura y la pintura, la mexicana expresa sus dolores físicos y emocionales, sus pensamientos y convicciones, ofreciendo al público un testimonio único de su universo interior.

El Diario de Frida Kahlo: un íntimo autorretrato” (Editorial RM / La Vaca Independiente) con introducción de Carlos Fuentes, es una obra de arte que, en un formato diferente al cuadro, deja constancia del talento y del complejo mundo interior de la artista mexicana. En sus 170 páginas, escritura y pintura se unen en una única expresión artística mostrando diez años, del 1944 a 1954, de la vida de Frida Kahlo.

La pintura como la escritura eran para Frida una modo de canalizar el dolor físico y emocional, el uso del arte como catarsis, como actividad terapéutica, el medio para conceder un lugar a las inquietudes y a los pensamientos, para conectar consigo misma. Las acuarelas, los esbozos, los autorretratos presentes en el diario evidencian además la dinámica del proceso creativo de la mexicana, de cómo recurría a él para desarrollar las ideas que más tarde llevaba a cabo en forma de cuadros.

El muralista Diego Rivera, es una constante en el diario, al que de dirige frecuentemente para expresar su amor,  también se hacen numerosas referencias al México prehispánico al que se siente profundamente ligada, a esa dualidad recurrente en las obras de la artista, a su condición física como el dolor en la pierna que finalmente le fue amputada y a su postura política, su simpatía por el comunismo dejando muestra en el diario a través de personajes como Lenin, Stalin y Marx (recordemos su estrecha relación con Trotsky).

En esta página, recoge su famosa frase: “Pies para qué los quiero si tengo alas pa’ volar”

En forma de pensamiento, de poema, de sueño; en forma de dibujo, esquematizado o detallado, los contenidos del libro siguen una línea diferente a la pieza artística planificada y perfectamente definida, nacen del impulso creativo, del libre fluir de las ideas que no se someten al filtro de la razón. Tal y como apunta en el ensayo final Sarah M. Loewe, queda patente ese carácter del automatismo del surrealismo de Bretón, del que la pintora renegó firmemente.

Este volumen es una pieza clave para adentrarse en el universo de Frida Kahlo, conocer su compleja personalidad y comprender mejor las obras de este icono de la pintura contemporánea, pero es también un retrato del dolor y del amor de una mujer, con valor universal.