Las cineastas catalanas, responsables de títulos como ‘Ama’ o la miniserie ‘Querer’, presentaron su segundo largometraje en el Festival D’A de Barcelona, sobre la violencia heredada de un sistema judicial insuficiente, sobre el cuerpo de una joven adolescente.
La cineasta Júlia de Paz y la guionista Nuria Dunjó han establecido una de las duplas creativas más interesantes de los últimos años en el panorama audiovisual nacional. Con una atenta mirada puesta sobre la familia y el sufrimiento de los hijos, ambas amigas (antes que colaboradoras) han conquistado públicos y festivales con títulos como Ama (2021) o la serie Querer (2024), de la cual, la directora es co-creadora junto a Alauda Ruiz de Azúa y Eduard Sola. Este viernes llega a los cines La buena hija, el drama adolescente que ha pasado por el Festival de Málaga, sobre una joven que se ve envuelta en medio de una larga disputa por su custodia legal, entre su madre y su padre divorciados.
Si algo tiene de peculiar la manera de explicar historias de ambas socias es su despliegue narrativo. De apariencia sencilla debido a su tono costumbrista, los relatos albergan verdaderos secretos según se va mostrando la verdadera naturaleza de sus personajes. Con un pie en el conflicto social y otro en el sentimental, La buena hija consigue sorprender también gracias al arrasador primer trabajo en pantalla del actor Kiara Arancibia, acompañado por intérpretes de altura como Julián Villagrán, Janet Novás y Petra Martínez. Sobre los agujeros de colador de la justicia familiar, la rabia adolescente y el retrato de una juventud contemporánea, hablamos con De Paz, Dunjó y Arancibia, durante el marco del Festival de Cinema D’Autor de Barcelona.

La buena hija plantea varias cuestiones importantes, pero llama especial atención cómo refleja los límites de la justicia, a la hora de abordar un problema de custodia compartida como el de los personajes de la película.
Nuria Dunjó: La semillita de la peli viene de una amiga de Julia, que empezó a trabajar en un punto de encuentro familiar, y a partir de aquí se nos abrió un mundo de dudas y cosas que no conocíamos. Empezamos a investigar y a hablar con mujeres que habían sufrido y habían sido supervivientes de violencia machista, y nos dimos cuenta de que los niños de estas mujeres no eran como considerados víctimas.
Hicimos un cortometraje que se llama Harta [2021], que también es de donde viene toda la historia de La buena hija, y nos vimos con la confianza suficiente como para seguir investigando. Siempre trabajamos así: nos fijamos bastante en la realidad para luego irnos a la ficción. Pero si no tienes control sobre esa realidad, es peligroso. Al final son temas muy complicados que involucran a mucha gente y queríamos hacerlo con respeto. Queríamos poner el foco en estos niños y poder dar esa representación. Lo que no se nombra, no existe, y era muy importante para nosotras conseguirlo.
Hay una parte también importante en la película que es sobre la violencia de género y doméstica. Se ha hablado mucho en el audiovisual de este tema, ¿os daba un poco de vértigo asomaros a él?
Júlia de Paz: Más que vértigo, respeto. Pero por esta idea de estar hablando de un conflicto súper presente, en el que hay muchísimas personas involucradas o afectadas por esta violencia. Yo creo que fue más poderoso el querer hablar desde el máximo respeto. Y sobre todo, el acompañar con este respeto a las historias y los testimonios que nos compartían.
Considerando la serie Querer, y la película Ama [2021], en vuestra filmografía también hay un asunto troncal, que es la familia, y el miedo a heredar la violencia de una generación a otra. Así como el miedo a parecernos a nuestros padres.
Nuria: En el caso de La buena hija, lo que nos pasó es que al entrevistarnos con niños y niñas veíamos que convivían con este estigma de “Si yo soy hijo de un maltratador, seré maltratador”, o “Si yo soy hija de una víctima, seré víctima”. Lo que nosotras queríamos explorar en la película era que con un buen acompañamiento hay posibilidad de resiliencia, de no reproducir el mismo patrón. De alguna manera, esta violencia y el propio sistema nos marca este futuro de nuestra identidad, y nos hace creer en esto. Con el acompañamiento adecuado puedes reconducir o reeducar lo que entendemos como masculinidad, feminidad, violencia, no violencia. Por esto era también importante la representación de las tres generaciones, y cómo la culpa les atraviesa, así como esta idea de “qué puedo hacer ahora que no pude hacer en ese momento”, sobre todo desde el punto de vista de la abuela [Petra Martínez]. Por esto teníamos claro que queríamos enseñar este núcleo familiar de mujeres de diferentes generaciones.

Kiara, tu personaje está cargado de rabia en determinados momentos de la película. ¿Cómo te ha dirigido Julia para sacar todo eso afuera?
Kiara Arancibia: Se me hace más fácil interpretar la ira que los momentos de luz del personaje. Para no tocar cosas mías y no dañarme emocionalmente, Tamara Casillas, la coach, me ponía a hacer ejercicio, me ponía a correr, a subir, bajar escaleras para agitar mi respiración, porque ese agotamiento se parece un montón a la ansiedad. Y eso que a mí no me gusta nada hacer ejercicio. En un momento me vino la desesperación de no poder hacer flexiones, y de ahí esa rabia. Yo creo que adelgacé y todo.
Hay un trabajo también muy bonito con el resto de las compañeras de instituto de la protagonista. Son adolescentes que están muy bien escritas, porque cada una tiene su personalidad.
Nuria: Qué guay que lo digas, porque creo que nos hemos sacado un máster en adolescencia también. Hemos revisitado mucho, incluso experiencias propias. Como anécdota, nuestras mejores amigas están ahí reflejadas. Hasta la secuencia del primer beso en el ascensor me sucedió de verdad.
Júlia: Cuando se retrata la adolescencia o la juventud en las películas, es muy difícil alejarse de la mirada adulta. El guion es lo que más trabajo ha llevado, pero lo que nosotras teníamos claro es que, en particular, estas secuencias con las amigas, nos permitiríamos ser más flexibles a la improvisación, porque queríamos que fuesen ellas quienes las contaran.
Kiara: Era un cachondeo estar con ellas.
Kiara, ¿te apetece seguir explorando la interpretación después de la primera?
Kiara: Sí, totalmente, pero me gustaría más enfocarme a la dirección y el guion. Es lo que siempre he querido, pero interpretar creo que me da un plus como director.

Julián Villagrán ejerce de padre de Carmela en la ficción. Sorprende su registro dramático, después de verlo tanto tiempo afincado en la comedia.
Júlia: Para mí, Julián es de los mejores actores que hay. Yo llevaba años detrás de él, y como él no para de trabajar, era imposible coincidir, hasta que salió la oportunidad de hacer el corto de Harta y ya se pudo compaginar bien. Tenía muy claro que Julián iba a entender e iba a poder hacer el personaje del padre, justamente porque él es lo contrario a él. Juli tiene esta parte de luz, esta parte de cariñoso, espontáneo, seductor… así que lo que más tuvimos que trabajar fue la parte de encontrar esta parte más oscura del padre.
Fuimos a la cárcel a entrevistarnos con reclusos que están ahí por violencia machista, y él vino con nosotras, no para justificar, pero sí para entender de dónde venía esta violencia y esta manera de gestionar las emociones. Aparte, Julián se involucra tantísimo, que aportó cosas al personaje. Y por otra parte, Nuria tiene algo muy bueno, y es que sin que tú te des cuenta, se está quedando con todo lo tuyo. Como ya hicimos el corto Harta, ya teníamos muy claros los gestos y expresiones de Julián.
Nuria: Es que es guay cuando estás escribiendo y ya sabes que va a ser ese actor quien interprete al personaje, porque ya puedes empezar a poner cosas de él, incluso puedes debatir cosas antes: “¿Esto cómo lo harías? ¿Lo harías así?”. Eso hace la interpretación mucho más natural.
Habéis encontrado un estilo muy propio, sobre todo a nivel de guion. La intriga está muy bien trabajada en la película. ¿Os sentís cómodas con la etiqueta de autoras?
Nuria: Es como heavy ponerte esta etiqueta, pero supongo que somos autoras desde el momento en el que estamos creando algo nuevo. Mira, yo te lo digo a ti y tú a mí.
Júlia: Amor, qué autora eres. [Ríen] Al final Nuria y yo llevamos trabajando desde hace diez años, desde la carrera. No es tanto que hayamos encontrado un propio lenguaje o una autoría, sino que hemos ido trabajando donde y como nos sentimos cómodas.
Nuria: También compartimos muchos referentes iguales. Yo creo que naturalmente ya nos ha ido llevando hacia este tipo de cine. Nos interesa que pasen cosas en la peli: que lo íntimo sea protagonista, pero también que pasen cosas.
¿Qué referentes tenéis en mente?
Júlia: Un referente claro era Te doy mis ojos [2003] de Icíar Bollaín. Se lo dijimos a ella, en plan “modo fans”. Nos vamos fijando en diferentes referentes dependiendo de qué. Por ejemplo, en el territorio del sonido, obviamente, Lucrecia Martel. Más a nivel de guion, Isa Campo la tenemos súper presente, pero también a Ken Loach o Andrea Arnold.

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