5 claves sobre Hilma af Klint, madre del misticismo en el arte

18 / 02 / 2021
POR Román Aday

Pionera también de la pintura abstracta, la espiritualidad fue el motor de su obra.

En el arte- como en cualquier otra tendencia- pocas cosas hay tan importantes como llegar el primero. Llegar, eso sí, al lugar indicado. Y ese fue el caso de Hilma af Klint, solo que no se lo dijo a nadie. Mientras Kandinsky, Mondrian o Malevich se convertían en los padres del arte abstracto. Hilma- que había pintado obras abstractas antes que todos ellos- permaneció en el anonimato, hasta que en la década de los 80 del siglo XX su obra empezó a exhibirse, y su nombre a circular.

1. La primera generación de estudiantes de arte

Hilma nace en Solna (Suecia) en el año 1862.  Formó parte de la primera generación de mujeres europeas que pudieron estudiar arte en las universidades. Al principio, fue el paisaje lo que más le llamó la atención. Y, con un estilo naturalista, realizó obras preciosas que anticipaban su talento. 

2. Abstracta antes que Kandinsky

Este es el motivo principal por el que se la conoce. Toda una serie de obras en las que juega con la geometría, realizando visiones religiosas, de santidad, con un enfoque de pura abstracción, y que empezó a elaborar cinco años antes de que Kandinsky escribiese su famoso tratado “De lo espiritual en el arte” (1911), es decir: antes de que se pusiesen los fundamentos teóricos sobre el arte abstracto. Aunque no fue hasta varias décadas después de su muerte cuando Hilma empezó a ser conocida. Nunca las expuso en vida, siguiendo el consejo de Rudolf Steiner, un famoso intelectual y filósofo de la época, que le dijo que el mundo no estaba preparado todavía para entenderlas. 

3. Inspiración de médium

Siempre tuvo un interés especial por las religiones y por el mundo esotérico. Un interés natural en los intelectuales y artistas de su época. A finales del siglo XIX y principios del XX, los espiritistas constituían una tribu urbana de por sí. Era un fenómeno de masas. Masas pequeñas pero sólidas. Y en todos los salones de Europa se invitaba a médiums y demás profesionales del “más allá” para impresionar, aterrar y confundir a los invitados. 

Hilma se adentró en este mundo y se interesó especialmente por la teosofía. Una doctrina mitad filosófica mitad religiosa que buscaba la sabiduría en lo expuesto y también en lo oculto. Fue este último terreno- el de lo desconocido- el principal motor creativo de Hilma. 

4. Formó parte de un grupo denominado “las cinco”

El grueso de su obra abstracta la realizó en reuniones que hacía, junto con otras cuatro artistas, en las que combinaban el espiritismo con el arte automático. La creación automática es un proceso o una técnica que los surrealistas pusieron de moda, pero que existía previamente. Es la creación pura e instintiva, sin que medie el pensamiento. Hilma cogía el lienzo, después de sus sesiones, y se ponía a pintar aquello de lo que los espíritus le habían hablado. 

Se calcula que pudo haber llegado a pintar entre 1000 y 1400 obras de pintura abstracta. 

5. La dualidad como tema de su obra

De ella se comenta solo lo rompedor que resulta su anticipación a Kandinsky, pero su obra no solo es pionera, también tiene un valor auténtico. Dentro de sus pinturas abstractas, el gran tema o escenario sobre el que se desarrollan es el de la dualidad. Es un diálogo entre lo abstracto y lo místico. La presencia en todas partes de binomios: femenino y masculino, lo celeste y lo terreno, oscuridad y luz, etc.

Esto es algo clásico en la teosofía o en filosofías clásicas y religiones orientales. El ver el mundo como una lucha entre opuestos, esa especie de tensión de la que salen las cosas y surge el espectro de emociones humanas, actos y cambios. De esa rigidez en sus obras, de ese cálculo, de esa forma tan contenida y milimetrada surge el reflejo del caos, del desorden.

En el arte- como en cualquier otra cosa encaprichada con la moda- pocas cosas hay tan importantes como llegar el primero. Esa y que los demás sepan que has llegado, claro.