6 rutinas matutinas de algunos grandes genios

05 / 09 / 2018
POR Belén Rubiales

En #VEINDIGITAL os descubrimos los rituales mañaneros de algunas de las mentes más maravillosas de todos los tiempos.

 

 
Somos animales de costumbres, y en el caso de los artistas parece que la rutina allanaba el escarpado camino hacia la creatividad. Mantener ciertos hábitos diarios te aleja de la depresión y acostumbra al cuerpo a la posterior inducción al trabajo. Mirarse al espejo y hacer un pequeño ejercicio de introspección es como a Steve Jobs le gustaba empezar el día. Jane Austen, en cuanto saltaba de la cama, comenzaba a tocar el piano, y Andy Warhol hablaba durante dos horas con su amiga Pat Hackett por teléfono. Así afrontaban estos creativos el comenzar del nuevo día:
 

· Joan Miró ·

 

Joan Miró, 1966. © Yosuf Karsh

 
El pintor español daba mucha importancia a la rutina, pues pensaba que mantener buenos hábitos y unos horarios marcados le alejarían de volver a padecer una depresión como la que sufrió antes de dedicarse a la pintura, alrededor de los 18 años. Durante los años 30, cuando vivía en Barcelona junto a su mujer y su hija, Joan se levantaba religiosamente cada día a las 6 de la mañana. Tomaba un baño, desayunaba algo ligero, y partir de las 7 se ponía a pintar hasta aproximadamente las 12. Después acudía a otra de sus citas importantes en el día para seguir manteniendo una buena salud mental: el deporte. Miró se lo tomaba bastante en serio, y practicaba boxeo, hacía gimnasia, o salía a correr por la playa y nadaba en el mar.
 

· Jane Austen ·

 

Retrato de Jane Austen basado en una ilustración de su hermana Cassandra

 
Aunque en vida gozó poco de las mieles del éxito, Jane Austen se ha convertido en una de las más laureadas novelistas británicas de todos los tiempos. Al contrario que Virginia Woolf y su ‘habitación propia’, Jane escribía rodeada de su familia en la casa que compartían en Chawton. Se levantaba pronto, antes que el resto de mujeres de la casa, y comenzaba a tocar el piano. A las 9 se encargaba de organizar el desayuno –una de las tareas domésticas a su cargo- y a continuación se sentaba en la sala de estar y daba rienda suelta a su pluma, a la que acompañaban su hermana y su madre con labores de costura. Aunque no disfrutara de la independencia que pudiera desear cualquier escritor, Jane contaba con el apoyo de su familia en tal práctica, y su hermana Cassandra se hacía cargo de parte de sus labores en la casa para que pudiera dedicar ese tiempo a escribir.
 

· Sigmund Freud ·

 

Sigmund Freud, 1933. © Museo Freud de Londres

 
El padre del psicoanálisis resultó ser también un marido poco implicado en las tareas domésticas. Parte de su éxito quizás resida en Martha, su mujer, quien facilitaba la vida de Freud hasta el punto de doblarle la ropa, elegirle los outfits o ponerle la pasta de dientes en su cepillo. Su día comenzaba a las 7 de la mañana, desayunaba y recibía la visita diaria de su barbero para que le pusiera a punto la barba. A partir de las 8 comenzaba a ver pacientes hasta el mediodía. El almuerzo se servía a la 1, y a veces estaba tan absorto en sus propios pensamientos que comía en silencio, concentrado, mirando a la nada, convirtiendo el espacio de la comida en incómodo para invitados y familiares. El propio Freud escribía a un amigo en 1910: “No imagino una vida en la que trabajar no sea cómodo”.
 

· Louise Bourgeois ·

 

Louis Burgeois con ‘Niñita’. © Robert Mapplethorpe

 
La artista francesa que muchos conocen por sus esculturas de araña, como la que se encuentra en el exterior del museo Guggenheim, en Bilbao, tomaba todos los días al levantarse una taza de té y un poco de mermelada, que cogía directamente del frasco. A las 10 de la mañana su asistente, Jerry Gorovoy, la recogía en casa y ambos conducían hasta el estudio de Brooklyn. Allí el silencio y la soledad debía ser absoluta, pues el mínimo ruido la molestaba. Dedicaba la mañana a todo lo relacionado con la escultura, que muchas veces exigía bastante trabajo físico, y dejaba las horas posteriores al almuerzo para dibujar, y así descansar un poco el cuerpo.
 

· Steve Jobs ·

 

Steve Jobs en 1984, © Norman Seeff

 
Steve Jobs cambió la visión que todos tenían de la tecnología, demostrando que podía ser algo atractivo y eficiente al mismo tiempo. Era una persona de hábitos, a la que le gustaba aprovechar el mayor tiempo posible y desperdiciar el mínimo. Razón de ello es que suprimiera las duchas mientras trabajaba para Atari, pues lo consideraba un derroche de tiempo innecesario, supliendo la higiene con una alimentación a base de frutas. Esto derivó en problemas de salud y por supuesto sociales, así que Steve al final accedió a volver a ducharse de manera regular. Abría los ojos todos los días a la 6 de la mañana, y para las 6 y cuarto estaba ya trabajando al cien por cien. Antes de eso, seguía un ritual que estuvo repitiendo durante toda su vida: se miraba al espejo, directamente a los ojos, y se preguntaba a sí mismo:“¿si hoy fuera el último día de mi vida, haría lo que estoy a punto de hacer ahora mismo?” Si la respuesta era ‘no’ durante varios días seguidos, sabía que tenía que cambiar algo.
 

· Andy Warhol ·

 

Andy Warhol con su perro Archie en 1973. © Jack Mitchel

 
El artista que desempeñara un papel crucial en el desarrollo del pop art debía tener tarifa plana en casa, ya que las conversaciones con su amiga Pat Hackett se alargaban hasta dos horas todos los días, cada mañana. El fin de esas llamadas era documentar todo lo ocurrido el día anterior, crear un registro de los gastos del artista para evitar problemas con Hacienda, pero al final dichas conversaciones se acabaron convirtiendo en la base de ‘The Andy Warhol Diaries’ (Los diarios de Andy Warhol). Después de eso se duchaba, se vestía, y bajaba a desayunar a la cocina con sus dos perros salchicha. El resto de la mañana se la pasaba comprando y convenciendo a los dueños de las tiendas de que invirtieran en publicidad.