El amor de Emily Dickinson por la poesía y la botánica se unen en un precioso volumen

27 / 05 / 2020
POR Peña Fernández

La botánica fue una constante en la vida y en la poesía de la escritora americana y una forma de acercarse a la ciencia en una sociedad que se lo impedía por el hecho de ser mujer.

Poesía y botánica, dos mundos aparentemente diferentes se encuentran en “Herbario & Antología botánica” (Ed. Ya lo dijo Casimiro Parker) obra que combina las imágenes del herbario de la escritora Emily Dickinson y su poesía dedicada a la botánicaEsta edición bilingüe, con traducción de Eva Gallud, nos abre las puertas a dos pilares en la vida de la escritora americana: una poesía que encontraba inspiración en las plantas, las flores, los árboles vista con un enfoque poético. A un lado la escritura, al otro la ciencia y en el centro queda ella, Emily, en su lucha por adentrarse en ambos mundos.

En contra de la sociedad americana de mediados del siglo XIX que establecía la incompatibilidad entre la escritura y la mujer, se impone la figura de Emily Dickinson con una fructífera producción que llega a alcanzar los 1800 poemas, escritos en la intimidad de su habitación de la que raramente salía. La muerte, los astros y la naturaleza son temas recurrentes en esas poesías, donde la botánica cobra una especial importancia, de hecho las flores como temática suponen un tercio de sus poemas y una constante en las cartas líricas que la escritora envía a sus amigos y familiares.

Sin embargo, su interés por la botánica inicia mucho antes de empezar a escribir poesía, y es que a los 9 años, Emily empezó a estudiarla en la escuela y a los de 12 ayudaba a su madre con el jardín de casa. Ya de adolescente asistió al seminario femenino Mount Holyoke fundado por la botánica Mary Lyon, en el que adquirió un enfoque más científico y en el que se animaba a sus asistentes a recoger flores y plantas y preservarlas en un herbario.

Entre 1839 y 1846, Dickinson recorrió los bosques y los parados, llegando a reunir 424 flores de la región de Amherst que delicadamente dispuso en su herbario con un gran sentido de la composición, etiquetando cada especie con un destacado rigor científico. Un volumen precioso que muestra la curiosidad, la destreza y la precisión de una joven Dickinson al que se pudo acceder gracias a la publicación de este en la web de la biblioteca de la Universidad de Harvard.

Este enfoque artístico fue la vía que permitió a Emily acercarse a la ciencia, ya que en la sociedad victoriana, con una fuerte moral patriarcal, las mujeres estaban totalmente excluidas del campo de la ciencia y por supuesto de las instituciones que la regían. La «armonía» dictada se ve interrumpida en 1843 con la irrupción en el campo de la británica Anna Atkins con la publicación del primer libro ilustrado con fotografías que tiene por objeto de estudio a las algas.

Desafortunadamente, el caso de Atkins, se presentó casi como una excepción, debido a las trabas que imponían instituciones como la Sociedad Linneana de Londres (sociedad dedicada al estudio y la difusión de la taxonomía) que hasta 1905 no permitió a las mujeres el acceso a sus encuentros, y mucho menos formar parte de ella. Otro hito en el acceso de la mujer al mundo de la botánica, y con ella a la ciencia, es representado por Margaret Gatty con la publicación de su libro sobre algas británicas, consiguiendo llevar la popular actividad de recoger algas al nivel de lo científico (1862).

“Herbario & Antología botánica”  es un homenaje tanto a la poesía naturalista de Dickinson como a su andadura en el campo de la botánica, pero también representa una negativa a las imposiciones de una sociedad que dice que las mujeres «no deben», «no pueden», «que no están capacitadas».