Johan Deckmann: “Cómo pretender ser algo que no eres sin saberlo”

19 / 09 / 2018
POR Jaime Martínez

Entrevistamos al artista danés autor de estos singulares “libros de autoayuda”, en los que refleja ese universo interno de tensiones y contradicciones en el que vivimos.

 

 

“Soy la herida y el cuchillo”, sentenciaba un Charles Baudelaire a mediados del XIX a través de los pétalos de aquellas flores del mal con las que, de manera sarcástica y poética, denunciaba las contradicciones de la incipiente vida moderna. Con aires y ciertos aromas provenientes de aquel mismo jardín, nos encontramos ahora ante la obra artística del danés Johan Deckmann.

Psicoterapeuta y residente en Copenhague, Deckmann lleva creando desde el año 2015 una serie de ficticios libros de autoayuda con los que, con aquel mismo espíritu irónico y crítico de la obra de Baudelaire, trata las virtudes, vicios y costumbres que encierra nuestra propia naturaleza humana. Hablamos con él.

 

¿Cómo describirías tu trabajo como artista?

Mi trabajo consiste en hacer algo aparentemente tan sencillo como pintar palabras sobre la desnudez de unos libros antiguos.

¿Te consideras un artista?

Más bien alguien reflexivo que usa el arte como medio de expresión, a través del que pretendo poder transmitir mis ideas a todo aquel que quiera escucharlas.

¿Cómo comenzaste a “escribir” estos libros? ¿De dónde surgió la idea?

Recuerdo que estaba leyendo una obra de Albert Camus cuando se me ocurrió la idea de combinar mis dos grandes pasiones: el arte y la psicología. Aquel mismo día hice mi primer libro.

¿Recuerdas el título?

“Cómo pretender ser algo que no eres sin saberlo” (How to pretend you are something you are not without ever knowing). Fue en el 2015.

“Todos los sueños que olvidaste” (All the dreams that you forgot) es quizás una de tus obras más inspiradoras, y trágicas. ¿Qué es lo que buscas provocar con tus trabajos?

Quiero que mis obras sean como espejos de una intimidad en la que cualquiera pueda verse reflejado. Creo que esa sincera honestidad puede llegar a ser curativa, y que el escuchar las palabras correctas, por sencillo que esto pueda parecer, te ayuda a ser más tú mismo, a conocerte mejor y a evolucionar como persona.

Al igual que en mi obra “Los sueños” (The Dreams), de 2016, “Todos los sueños que olvidaste” (All the dreams that you forgot) es un mensaje dirigido a todos aquellos que han olvidado sus sueños. Es una obra que a priori puede parecer algo triste o melancólica, pero a su vez tremendamente inspiradora. Es un recordatorio de que esos sueños todavía existen. De que están ahí y pueden cumplirse.

 

 

¿Cuáles son esos temas principales sobre los que tratan tus obras?

Mis obras giran principalmente en torno a temas como la honestidad, la realidad, la propia responsabilidad personal y la conciencia.

Afirmas que “las palabras correctas pueden ser como una buena medicina”. ¿Crees que en la época de la imagen nos hemos olvidado de ese poder de la palabra?

Creo que las palabras son precisamente nuestra herramienta de comunicación más importante, pero que ese efecto “sanador” que tienen muchas veces lo olvidamos o lo pasamos por alto. Pero aunque lo ignoremos o no recaigamos en él, existe, está ahí, y lo sentimos cuando escuchamos nuestras palabras o nuestra realidad expresada a través de la letra de una canción, en la voz de un cantante, en una película o por boca de un amigo. Esa comunicación, ese poder ver reflejada tu propia intimidad en palabras de otros, en emociones de otros, es sanador para las personas.

¿Qué significado tiene que construyas los títulos de unos libros vacíos y sin contenido?

Lo que busco con ello es estimular la imaginación y la conciencia de quienes observen las obras. Es el espectador quien debe encargarse de completarlas, de llenar con sus propias palabras, imágenes y sentimientos ese vacío que contienen los libros.

Quedándote únicamente en la creación de los títulos habrá quien piense que buscas provocar una reflexión sincera, pero también quien opine que lo que únicamente pretendes es generar una serie de sentencias impactantes, pero vacías.

Lo que yo busco es ayudar a generar una conciencia personal, y pienso que el mejor lugar en el que poder hacerlo es precisamente en el mundo del arte. Cuando alguien entra a una galería o se detiene a observar una obra deja caer sus barreras, deja de estar a la defensiva y está mucho más abierto a recibir e interiorizar esta clase de mensajes.

Cualquiera que vea tus trabajos podría pensar que son síntoma de escritor frustrado. ¿Nunca has pensado en ir más allá del título y escribir las páginas de alguno de estos libros?

La verdad es que no (risas). Creo que mi trabajo es muy positivo y estimulante precisamente por el potencial que encierra, pero eres tú como espectador y receptor de la obra quien debe crear toda esa energía. Debe nacer de ti, de tu interior. Yo únicamente soy el mensajero.

¿Y si tuvieras que escribir uno?

En tal caso me plantearía escribir una versión inversa de “Preguntas” (Questions), en la que serían precisamente las “Respuestas” (Answers) las que constituirían la parte principal del libro.

 

 

¿Qué significado le das a que cualquiera de tus obras pueda afectarnos de manera íntima y personal a cualquiera de nosotros? ¿Al final somos más parecidos de lo que creemos?

Sí (risas), creo que la conclusión a la que podríamos llegar a través de mis libros es justamente a esa, a que todos los seres humanos al final somos muy parecidos. Todos tenemos las mismas necesidades, y cometemos los mismos errores.

Esa igualdad vital que compartimos, ¿es algo mágico, o profundamente trágico?

Buena pregunta. No diría que mágico, porque creo que únicamente es algo que forma parte de nuestra propia naturaleza, pero sí que es un aspecto hermoso, a la vez que trágico y algo tragicómico. Hermoso porque significa que en el fondo todos necesitamos sentirnos queridos y valorados, y luchamos porque así sea. Tragicómico porque en realidad todos somos hermosos a nuestra manera, aunque nos resistamos a querer verlo. Y trágico por ese autosabotaje, por ese continuo boicot que en muchísimas ocasiones nos hacemos a nosotros mismos.

Una vez leemos el título de un libro es normal que creemos expectativas de lo que vamos a encontrar en su interior. El hecho de que esto también ocurra al ver tus obras, a sabiendas de que son libros vacíos, ¿significa que en realidad conocemos las soluciones a muchos de nuestros problemas, pero que decidimos obviarlas?

Efectivamente así es. Somos nosotros quienes tomamos las decisiones de cada uno de los momentos y actos de nuestra vida, y eso no debemos olvidarlo. Aquello que entendemos por “malos hábitos” son solo excusas que encontramos para poder continuar haciendo cosas que sabemos que no están bien, o que incluso nos perjudican. Está claro que hay aspectos de nuestras vidas que quedan fuera de nuestro control y que tampoco podemos predecir nuestro futuro, pero sí podemos elegir nuestras costumbres. Debes saber que eres tú quien dirige tu vida.

 

 

El hecho de que con tus mensajes juegues a esa ilusión de construir unos libros que no existe, ¿crees que les aporta una mayor fuerza?

Que seas tú mismo el que crea el contenido de cada uno de mis libros los convierte, sin duda, en los mejores libros que puedan existir. Las imágenes y las historias que terminarás por proyectar en ellos serán no solamente únicas, sino que te influirán de una increíble manera íntima y personal. Yo nunca sería capaz de escribir un contenido tan brillante.

Además de libros, ¿qué otros soportes físicos sueles utilizar para proyectar tus mensajes?

Me gusta trabajar sobre objetos usados y de segunda mano. Creo que son el mejor soporte para trasladar mis mensajes.

¿Crees que serían igual de impactante e influirían de la misma manera de no ir acompañados de ese apoyo físico?

Creo que lo que ocurre es que existen ciertos objetos, con una historia propia y un valor connatural, capaces de crear una vinculación muy especial con mis palabras una vez las grabo en ellos. Crean una especia de sinergia muy enriquecedora.

 

 

¿No has pensado nunca en traducir tus obras a otros idiomas?

Por el momento no, pero sería una buena idea. Una manera quizás de que fuesen accesibles a un mayor número de personas.

¿Cuáles crees que son los riesgos de usar, como en tu caso, la palabra como medio de expresión artística?

No creo que exista ningún riesgo en el uso de la palabra dentro del arte y como medio de manifestación artística, más bien creo que el riesgo está en que muchas personas se inclinen hacia un arte contemplativo sobre el que no existe capacidad de decisión ni de reflexión. Composiciones abstractas o figurativas, como puede ser una hermosa anciana reclinada en un sofá… obras que únicamente son capaces de generar algo de paz y de belleza para mitigar los problemas de la vida cotidiana. Mi interés no pasa por ahí, no es el de generar esa serie de sensaciones, sino el de provocar un efecto totalmente contrario.

Confiesas recibir influencias de artistas como Robert Rauschenberg o Louise Bourgeois. ¿De qué manera te han inspirado y han influido en tu trabajo?

El universo de Louise Bourgeois con sus esculturas, sus celdas y sus obras e instalaciones a gran escala confieso que me fascina por completo. Me atrae muchísimo esa osadía oscura que puede apreciarse en sus obras, la riqueza de materiales de la que hizo gala como artista y todo ese mundo de pesadillas que fue capaz de crear. Pero lo que más me interesa y más me ha inspirado de su obra es precisamente su trasfondo psicológico. Principalmente porque en mi trabajo el foco no está en la materialidad de las obras, sino en el mensaje.

¿En qué otros artistas también te inspiras?

Me gusta mucho el trabajo de fotógrafos como Sam Haskins, los detallas de las pinturas del italiano Domenico Gnoli o las obras del antiguo ilustrador de Los Beatles, John Alcorn.

También el trabajo de Roy Lichtenstein por su paleta de colores, sus texturas y ese carácter salvaje que desprenden sus obras. Me alucina ese estado de ánimo que transmiten. Me encantaría poder llegar a generar sensaciones de ese misma fuerza e intensidad, aunque creo que no seré capaz de hacerlo hasta que me haga más viejo, o más sabio (risas).

 

 

Volviendo a Bourgeois, en su obras trataba temas como la vulnerabilidad, el miedo, la pérdida de control… Cuestiones humanas que iban mucho más allá del género. ¿Coincides también con ella en ese interés por asuntos de carácter esencialmente humano?

Sí, por supuesto que me interesan todos estos temas vinculados al comportamiento humano, salvo que el enfoque que yo les doy y la temática concreta en la que me centro, varía en función de mis circunstancias y de la situación personal en la que me encuentre. Recojo aquello que me preocupa según el momento.

Bourgeois profundizaba en estos dilemas existenciales, pero al mismo tiempo confesaba que su obra tenía un fuerte trasfondo autobiográfico. ¿Tus obras también lo tienen?

No puedo evitar proyectar en mis trabajos mis propios miedos e inseguridades, pero no busco reflejarme en ellas. No son obras de carácter autobiográfico. Surgen únicamente de mis observaciones y de mi imaginación.

¿Cuáles de esos diferentes temas que tratas te afectan de manera más íntima? ¿Qué es lo que más valora Johan Deckmann?

Algunos de los aspectos que más valoro en la vida son la confianza y el respeto. Creo que hay una profunda sensación de paz en saber que puedes confiar en alguien por completo, y de que esa confianza proviene de un profundo respeto mutuo.

¿Crees que todos esos miedos y aspiraciones que reflejan tus obras han cambiado a lo largo del tiempo? ¿O siguen siendo las mismas inquietudes que han preocupado a la humanidad durante siglos?

Las problemáticas que abordo reflejan dilemas que han estado preocupando a los seres humanos durante siglos, pero creo que justamente ahora es cuando muchos de esos problemas están más vivos y son más actuales que nunca. Lo que he querido hacer con mi trabajo es desnudar esas inquietudes y traducirlas a palabras. Usarlas como forma de expresión para que todos podamos ver de manera clara y concisa cuáles son esos problemas vitales a los que debemos enfrentarnos, con el fin de que podamos reaccionar y atajarlos.

De todas tus obras ¿cuál crees que refleja mejor a la sociedad actual?

Creo que “Un resultado diferente” (A different Result), de 2017. Es una obra en la que explico como seguimos cometiendo los mismos errores, esperando un resultado diferente. Creo que de mis trabajos es el que mejor puede reflejar ya no solamente a la sociedad actual, sino la historia de la propia humanidad. Es una especie de retrato a la estupidez humana.

 

 

Has expuesto tus obras en galerías de arte de Copenhague, Roma, Nueva York… ¿Dónde serán tus próximas exposiciones?

Para este mismo invierno de 2018 tengo programadas tres exposiciones en Nueva York, San Francisco y Amsterdam.

Para antes de que termine el año también está prevista la publicación de tu primer libro impreso, ¿no es así?

Así es, se llamará “Los sucesos reales de Johan” (Johans Virkelige Hændelser ). Está escrito en danés, se publicará este mismo otoño y posee ciertos aspectos autobiográficos. Se trata de un libro ilustrado para niños, basado en una serie de sucesos extraños sacados de capítulos de mi propia infancia.

¿Hacia que otros nuevos caminos tienes pensado proyectar tu creatividad?

Me gustaría comenzar a experimentar con la creación de instalaciones y también grabar algún que otro cortometraje.

Ya que lo tuyo son los títulos, “Cómo…” ¿Qué? ¿Qué titulo le ponemos a esta entrevista?

Eso mejor lo dejo en tus manos (risas).

 

Johan Deckmann

@johandeckmann

deckmann.com