Thank God for Hedy Lamarr

15 / 11 / 2017
POR VEIN

Con un texto de Gemma Cuadrado y unas ilustraciones de María Herreros, recordamos así a la que fue protagonista del primer orgasmo y desnudo de la historia del cine, Hedy Lamarr

 

 
No hay ningún nonagenario (ni nonagenaria) vivo en el mundo que no recuerde el orgasmo de Hedy Lamarr en Ecstasy. Fue el primero de la historia del cine comercial. Un primerísimo primer plano del rostro de la mujer más guapa del mundo. Sus ojos entrecerrados, una leve sonrisa y un brazo que cae, desfallecido, mientras sus dedos juguetean en el aire. No hay nadie que no recuerde a Hedy Lamarr, ni ese lago que rodeó totalmente desnuda, también por primera vez en la gran pantalla. Un auténtico escándalo para la época. Y también un mito.

Era 1933. En plena Gran Depresión, Roosevelt acababa de ser proclamado presidente de los Estados Unidos. En Alemania, el partido nazi ganaba las elecciones, a Adolf Hitler se le concedían todos los poderes y el magnate Friedrich Mandl empezaba a proveerle de armamento, tanto a él como a Mussolini.

Los que conocían de cerca de Hedy Lamarr coincidían en que su mejor virtud era que no se sorprendía de su propia belleza. Pero sí era consciente de que los hombres solían sentirse inferiores a su lado. Quizá por eso dijo que nunca ninguno consiguió estar a la altura de su padre, el hombre al que más quiso en toda su vida. Y probablemente el único que fue capaz de escucharle sin perderse en el suave y dulce movimiento de sus labios.
 

 
Eran momentos convulsos. Empezaron a desarrollarse numerosas investigaciones en materia de sistemas de transmisiones, telecomunicaciones y radiofrecuencias. Hasta entonces resultaba relativamente fácil interceptar las señales del enemigo e inutilizar sus dispositivos. Y no fue hasta 1942 que se concibió la técnica del espectro ensanchado, un sistema que conseguía evitar ser interferido gracias a un cambio constante de frecuencias.

Hedy Lamarr, que en realidad era Hedwig Eva Maria Kiesler, nació en Viena y creció en el seno de una familia judía. Hija de una pianista húngara y de un banquero ucraniano, empezó sus estudios de ingeniería con dieciséis años pero los abandonó para ser actriz. Unos años más tarde y tras convertirse en la protagonista del primer orgasmo y desnudo de la historia del cine, decidió mudarse a los Estados Unidos. Allí conoció a Louis B. Mayer, un empresario de la Metro Goldwyn Mayer que catapultó su carrera con un contrato de siete años. Ya era oficial: Hedy Lamarr era la mujer más deseada del mundo.

Pero Lamarr no se mudó a los Estados Unidos en busca de fama, lo que pretendía era escapar de su marido, un multimillonario fabricante de armas llamado Friedrich Mandl. Unos años atrás se había obsesionado con ella tras ver su desnudo en el cine y había conseguido arreglar con sus padres un matrimonio de conveniencia. Desde entonces, su máxima preocupación fue conseguir todas las copias de la película. Poseído por los celos, la había obligado a abandonar su carrera cinematográfica. La joven consiguió escapar de Mandl por la ventana gracias a su criada. Primero puso rumbo a París y luego a Londres, donde vendió todas sus joyas para conseguir llegar a los Estados Unidos.

Encerrada en su mansión, Hedy Lamarr aprovechó sus años de matrimonio para volver a centrarse en sus estudios de ingeniería. Durante esa época conoció personalmente a Hitler y a Mussolini, entre otros clientes y amigos de su marido. Pudo ser testigo de conversaciones privadas acerca de los problemas que detectaban en la transmisión de comunicaciones. Y gracias a su escandalosa belleza obtuvo información de primera mano que le ayudó a guiar sus investigaciones.

Con el tiempo y junto a su amigo y compositor George Antheil, idearon el sistema del espectro ensanchado, inspirado en un principio musical. La técnica funcionaba con 88 frecuencias que equivalían a las 88 teclas de un piano, y gracias a los cambios constantes permitía no ser interceptado. Decidieron ceder el invento a los Estados Unidos, que por miedo a ser descubiertos no lo utilizarían hasta la crisis de Cuba. Mucho más adelante, el sistema que ideó Lamarr se convirtió en el precursor de la tecnología Wi-Fi y Bluetooth. La base y el principio de la vida moderna que hoy todos conocemos.

No hay nadie que no recuerde la mirada desafiante de Lamarr, su elegancia, su carácter. Su cuerpo desnudo bordeando un lago o el orgasmo que fingió en un primer plano. No hay nadie que no la recuerde como un icono. Como la mujer más bella y deseada de la época. En 1949 y tras el rodaje de Samson and Delilah, su director no pudo contenerse y soltó un «Thank god for Hedy Lamarr». Y sin quererlo pronosticó algo que todos deberíamos sentir. Más allá del cine. Y de su belleza.
 



Texto de Gema Cuadrado e Ilustraciones de María Herrero extraídos del VEIN 9. Si quieres hacerte con una copia, pincha aquí.