Tom Blyth, Russell Tovey y el director Carmen Emmi hablan con #VEINDIGITAL sobre ‘Incógnito’, una historia de deseo, vigilancia y descubrimiento ambientada en los años noventa, que revisita el cruising, el miedo y la intimidad queer desde una mirada frágil, política y profundamente humana.

Hay personas con las que no se necesita hablar demasiado para entenderse. En ocasiones, un cruce de miradas es suficiente para traspasar pensamientos de un cerebro a otro. La película Incógnito (Plainclothes) tampoco necesita demasiadas palabras para denotar que nos encontramos ante una de las carreras cinematográficas más prometedoras de los últimos tiempos. La forma que su director, el estadounidense Carmen Emmi, encuentra para expresar la memoria, el trauma y la experiencia queer a través de diferentes formatos digitales y analógicos, plantea una luminosa historia que confronta directamente los prejuiciosos relatos homofóbicos de los 80 y los 90.
En la ópera prima del joven cineasta, Lucas, un joven policía interpretado por Tom Blyth (Billy el Niño, Los juegos del hambre), en plena caza de practicantes de cruising en los años 90, revela una pulsión sexual hasta el momento ignorada. Su mentor en el proceso, Andrew, un desconocido voyeur en unos baños públicos, interpretado por Russell Tovey (Looking, Years and years), marcará para siempre su vida.
Galardonada con el Premio especial del jurado al mejor reparto en el Festival de Sundance de 2025, y presentada en la pasada edición del Atlántida Film Festival de Mallorca, donde tanto sus estrellas protagonistas como el director atendieron a VEIN, se estrena este 16 de enero directamente en la plataforma Filmin. Hablamos con ellos sobre aquellos fatídicos años para el colectivo, y sobre el esfuerzo por encontrar una intimidad sexo-afectiva dentro y fuera de la pantalla.

¿Carmen, cómo elegiste a Tom y a Russell para dar vida a Lucas y Andrew, respectivamente, y qué viste en ellos para tus personajes?
EMMI: Empecé a escribir hace mucho tiempo, de 2016 a 2019. Creo que, de forma inconsciente, siempre estuve escribiendo el papel de Andrew pensando en Russell. Le vi en una producción de Ángeles en América [Bridget Caldwell, Marianne Elliott, 2017] durante la pandemia, en el servicio nacional de streaming. Y no estaba pensando en él directamente mientras escribía, pero su interpretación de Joe Pitt se me quedó muy grabada. Además, conozco su trabajo desde que salí del armario, cuando tenía poco más de veinte años.
Por otro lado, Tom y yo nos mudamos a Nueva York más o menos al mismo tiempo, sin conocernos. Vivíamos en la misma calle. Él estudiaba en Juilliard, y yo iba al campus a ver obras grabadas en la Biblioteca del Lincoln Center para aprender a escribir. Así que siempre estuvimos destinados. Pero no supe nada de él hasta que empezamos con el casting. Le conocí por Zoom y, en cuanto apareció en pantalla, pensé: “Es para quien estaba escribiendo este personaje sin saberlo”.
Tom y Russell, mantenéis una gran química en la película, ¿ya os conocíais antes de la película?
BLYTH: Nos conocíamos de oídas. Nunca nos habíamos visto en persona. Russell dice que me conocía, pero yo no creo que fuera así, creo que simplemente es amable conmigo.
TOVEY (bromeando): ¿Cómo dices que te llamabas?
BLYTH: Yo sí conocía todo su trabajo. Me encantaba todo lo que hacía en Juilliard. Y no nos conocimos en persona hasta que empezamos a rodar. Pero nos vimos por Zoom, y hubo una conexión instantánea. Realmente sentimos que los dos estábamos muy comprometidos con esta historia y con estos personajes.
¿Preparasteis esa conexión entre vuestros personajes vía Zoom?
TOVEY: No, nos vimos por Zoom simplemente para decir: “Oye, vamos a hacer esto juntos”. Luego empezaron a rodar todo lo que gira en torno a la vida de Lucas durante unas dos semanas y media, antes de que yo llegara allí. Cuando llegué, sentí que todo el mundo ya había hecho amigos y yo era el chico recién llegado a un colegio nuevo. ¿Cuál fue la primera escena que rodamos
EMMI. La primera escena que rodé contigo fue con mi cámara Hi8 delante del proyector. Recuerdo pensar que lo primero que iba a rodar contigo era a Andrew, de pie, y yo usando mi Hi8. Me imaginaba que llegarías al set dirías: “¿En qué me he metido? El director tiene esta camarita de 100 dólares”. Pero no teníamos mucho tiempo para ensayar. Teníamos un rodaje de 18 días, así que había que lanzarse.
BLYTH (se dirige a Tovey). ¿Cuál fue nuestra primera escena?
EMMI. Vuestra primera escena fue la del centro comercial.
BLYTH. Lo cual está muy bien, porque en realidad es la primera vez que se conocen los personajes. A veces ruedas la última escena de toda la película el primer día ,y ni siquiera sabes quién es la otra persona. Creo que fue algo muy bonito, porque es como si llegaras con la anticipación de conocer por primera vez a tu interés amoroso y la primera escena contiene esa tensión sexual en un baño. Literalmente, fue nuestra primera cita juntos, que siempre es algo raro y tenso. Esas primeras veces te llevas bien, pero todavía no conoces de verdad a la otra persona. Pudimos interpretar ese fugaz momento de manera bastante real: el hecho de mirarnos y encontrar esa química.
Tom, tu personaje tiene que mostrar muchos sentimientos entre el amor y el miedo. ¿Cómo lo preparaste?
BLYTH. Lucas vive en un estado de miedo la mayor parte del tiempo. Pero, en realidad, mucho del personaje estaba ya en el papel. El guion me pareció riquísimo, desde el momento en que lo leí, incluso antes de conocer a Carmen. Siempre digo que Carmen aporta muchísimo de sí mismo al proceso cinematográfico. Es un técnico y un artista brillante, pero también está muy implicado personalmente. Cada vez que tenía una duda, acudía a él. Incluso cuando describe algo que ha escrito, siento cómo la emoción le invade al hablar de ello. Y eso es increíble. Como actor, nuestro trabajo es interpretar, encontrar dónde vive esa emoción en nosotros. Y cuando tienes delante al cineasta y guionista que se ha volcado emocionalmente en la obra, solo piensas en absorber, absorber, y absorber. Queremos ser una esponja y luego devolverlo de forma honesta.
Sé que es una respuesta un poco comodín, pero estábamos muy bien guiados por alguien que se preocupa profundamente por lo que estamos haciendo. Los personajes están tan bien escritos que solo tienes que interpretarlos. El set era muy libre. Me despertaba cada día con ganas de ir a rodar, y eso no siempre pasa. Te permitían ser vulnerable y estar abierto. Nos sentimos muy seguros entre nosotros, y eso tampoco es habitual. Fue una dinámica muy bonita, con Carmen dirigiendo una orquesta, y nosotros como instrumentos buscando la armonía y la disonancia.
Tanto Tom como Russell habéis trabajado en grandes franquicias y en cine independiente. ¿Dónde os sentís más cómodos?
BLYTH. En el cine independiente. En ese nivel de narración donde no hay dinero, solo el deseo de compartir algo, de contar historias. Ahí es donde te sientes más puro, como actor y como artista. He tenido experiencias buenas y malas en ambos mundos, me gustan los dos cuando funcionan, pero últimamente he aprendido que cuando termino un buen proyecto indie me siento mucho más pleno. Siento que he aportado más de mí mismo en la escena.
¿Se trasladó esa cordialidad y confianza en el set de rodaje a las secuencias sexuales? ¿Cómo lograsteis alcanzar cierta intimidad?
BLYTH: Normalmente se cierra el set en la mayoría de producciones. Eso significa contar con un equipo reducido: jefes de departamento, el director, los intérpretes y le coordinadore de intimidad. Y así fue aquí. Tuvimos une coach increíble, llamade Joey. Vino cuatro o cinco días antes de la escena del encuentro sexual. Eso sí, sucedía en una furgoneta vieja y sucia. Estábamos en la parte de atrás y a todos nos dio urticaria. Dios mío, el techo de la furgoneta… estaba tan vieja que se deshacía. Literalmente se nos caía encima mientras simulábamos que teníamos sexo. Y aun así, es la escena sexual en la que más seguro y confiado me he sentido nunca. Eso dice mucho de ellos, de Joey y de todo el equipo. A veces estas escenas pueden ser muy seguras, pero incómodas, como…
TOVEY. “Vamos a hacerlo y acabar cuanto antes”.
BLYTH. Exacto. Y como actor quieres que fluya la confianza, pero también quieres que resulte sexy. Y cuando llegamos al momento de rodar acordamos no hacerlo cutre. No vamos a disculparnos por estar narrando esto.
TOVEY. Estaba en guion por una razón, así que quisimos hacerlo lo mejor posible.
EMMI. Algo que quería especialmente en las escenas de sexo era transmitir esa torpeza que yo experimenté cuando estuve por primera vez con alguien que realmente me gustaba. Y eso también formó parte de nuestras conversaciones: ¿Cómo hacerlo sexy y, a la vez, realista?
TOVEY: También quisimos tratar todo el asunto sobre la responsabilidad. En esa época, especialmente, el sexo gay estaba muy marcado por el prejuicio. Yo quería que mi personaje se asegurara de que fuese seguro para Lucas. Por eso se muestra claramente el uso del preservativo. Me parecía muy importante mostrar la empatía de Andrew. No es alguien que solo vaya a lo suyo y no mire por la otra persona. Con Lucas es muy responsable. Sabe que es su primera experiencia, y quiere que sea sexy y segura al mismo tiempo. Quiere ser un buen recuerdo cuando en el futuro hable de su primera vez. Y que sea algo que recuerde con una sensación cálida de haber estado protegido. Porque podría haber sido terrible, y muchas primeras experiencias lo son. Andrew es alguien que entiende los riesgos de esa época y el miedo, y quiere que Lucas sobreviva.
La historia está ambientada en los 90. ¿Qué recuerdos tenéis de esa época en relación a cómo se trataba socialmente la homosexualidad?
TOVEY: Creo que tuvimos experiencias distintas, también por razones geográficas. Mis recuerdos están marcados por el miedo, por la asociación entre sexo y muerte, por la homofobia en la prensa, por un gobierno que implantó una ley educativa que prohibía “promover” la homosexualidad. Si eras un niño que pensaba que era queer, no se te permitía ni considerar que eso fuera una opción. Fue duro. Y recuerdo ver en la prensa a personas sacadas del armario a la fuerza, casi como una caza de brujas. Portadas diciendo: “Esta persona es gay”. Escándalo, shock. Eso era lo que veías cuando empezabas a salir del armario.
Ahora tengo 44 años y, gracias a Dios, no es lo mismo. Aunque en algunos aspectos parece que volvemos atrás, como con la transfobia en la prensa. Por eso es más importante que nunca ofrecer contenido queer, existencia queer, historias auténticas. Para que las personas queer puedan verse reflejadas y las que no lo son puedan encontrar alianzas desde la honestidad.
EMMI. Yo era muy joven en los 90. La historia está ambientada en 1997; cuando yo tenía 7 años. Recuerdo estar en un supermercado con mi madre y ver a una mujer delante de nosotras girando las revistas para que sus hijos no vieran la portada. Era Ellen DeGeneres en la portada Time, cuando salió del armario diciendo “Yep, I’m gay”. La mujer estaba girando la revista para que los niños no vieran la palabra “gay”. Así que recuerdo pensar, con 7 años, que ser gay era algo malo. Crecí en Syracuse, Nueva York, donde rodamos la película. Todavía se sentían los efectos del gran auge del sida a principios de los 90. Había ese miedo de que, si eras gay, ibas a morir o a tener una vida terrible. Yo siempre supe, desde niño, que no quería eso. Pero no podía luchar contra lo que era.
BLYTH. Mis recuerdos de los 90 son limitados, pero creo que los principios de los 2000 tampoco fueron mucho mejores. Creo que no fui consciente de lo afortunado que fui hasta que crecí, de convivir con una madre que siempre insistió en la aceptación. Tenía muchos amigos gays. Trabajó un poco en moda cuando era joven, así que yo estaba muy expuesto a ese entorno. No era una experiencia común en esa época. Mi madre me decía: “Sé lo que quieras ser”. No me di cuenta de lo raro que era eso. Poder hacer películas como esta, contar historias así, es una forma de aprovechar esa suerte: haber crecido pudiendo expresarte sin juicio. No todo el mundo puede hacerlo, pero voy a intentar honrarlo.
Emmi, en la película también se aborda el tema del cruising, algo socialmente asociado a lo sucio o lo oscuro. Pero tu película es muy luminosa. ¿Querías romper con esa idea?
EMMI. Quizá de forma subconsciente. No creo que me lo propusiera así. Quería hacer un thriller y un drama. El romance se fue revelando mientras lo hacía. Me di cuenta de lo romántico que soy. Y creo que ser queer es algo muy bello. Muchas de mis experiencias, muchos encuentros, han sido positivos. En la comunidad queer solemos cuidarnos unos a otros, y quería mostrar eso en pantalla. Hay una cualidad romántica que aflora. Nunca vi la película Cruising [A la caza, W. Friedkin, 1980], así que no tengo muchas referencias de cómo se ha mostrado eso en el cine. Esto es simplemente mi experiencia.
TOVEY. En entrevistas anteriores mencionabas a George Michael como referente por haber sido detenido en un baño público en un parque de Los Ángeles. Pero su respuesta fue radical y chocante para la sociedad de entonces. Se esperaba que se avergonzara, que pidiera perdón, y no lo hizo. Dijo: “Que os den, esto es lo que soy”. Eso fue muy radical. Hoy, es más importante que nunca lo que dijo entonces. Hizo un videoclip, habló abiertamente del tema. No había hecho nada malo.
EMMI. Esa es otra razón por la que la película está ambientada en 1997, el año en que fue arrestado. Me encanta la idea del cruising, esas experiencias que existen en las grietas de la sociedad. Yo quería que esas grietas fueran bellas, no oscuras ni aterradoras.
Hablando de luz, juegas mucho con distintos formatos y con la imagen. Está esa cámara de vídeo que marca el tono y el punto de vista. ¿Qué querías expresar con ello?
EMMI. Quería expresar la memoria, cómo recuerdo yo las cosas. De niño grababa mucho con la cámara que usamos en la película. Cuando pensaba en mis recuerdos de los 90, en mis emociones reprimidas, recordaba mi mundo con esa estética analógica. Siempre miraba a través del visor. Me di cuenta de que tenía la oportunidad de hacer que el espectador sintiera que estaba en los 90 y, al mismo tiempo, expresar la memoria. Cuando tienes ansiedad, no recuerdas necesariamente las cosas tal y como fueron, sino como las viviste. Eso es lo que quería que el público experimentase desde el punto de vista del protagonista.
¿Tom llegó a grabar alguna de esas imágenes con la cámara?
EMMI. Operé yo las cámaras. Teníamos muchísimas en el set. En algún momento él cogió una y empezó a grabar, y no sé si eso se usó [Ríen]. Creo que volvimos a grabar esas imágenes.
¿Qué viene ahora en el futuro cercano? ¿Quieres seguir relatando historias con cierto componente queer, o tomar distancia de un relato personal?
EMMI. Creo que me llevará un tiempo escribir algo tan personal como esto. He estado leyendo muchos guiones de otras personas. Me encantaría hacer un musical algún día.
BLYTH. Quiere que yo haga de jorobado en El jorobado de Notre Dame.
TOVEY. Porque no necesitarías prótesis.
BLYTH. Ya lo sé.
EMMI. Tengo muchas cosas que quiero hacer. Ahora mismo estoy viviendo lo que quiero escribir. Quiero aprender a pilotar un avión algún día, en serio. Pero, desde luego, quiero volver a trabajar con ellos dos.








