Natalia Lacunza: “Aprender a disfrutar también es una forma de resistencia”

15 / 06 / 2026

Con N2STAL5IA todavía resonando y tras conquistar The Levi’s Plaza en Primavera Sound, la artista presenta junto a Gara Durán una canción que reivindica algo casi radical: disfrutar del presente.

Natalia Lacunza lleva años demostrando que cambiar no significa dejar de ser una misma. La artista navarra, a la que muchos descubrimos en Operación Triunfo, ha atravesado varias vidas creativas desde entonces, pero hay algo que permanece intacto entre todas ellas: esa sensibilidad que se cuela en cada canción, un sentido del humor tan particular como reconocible y una forma de entender el pop desde la honestidad más absoluta.

Ha pasado mucho desde ‘Tiene Que Ser Para Mí’, aquel debut que la confirmó como una de las voces más interesantes de su generación. Con ‘N2STAL5IA’, su segundo álbum de estudio, publicado a finales de 2025, Natalia sigue expandiendo su universo creativo y consolidando una identidad cada vez más propia. Algo que también pudimos comprobar sobre el escenario de The Levi’s Plaza en Primavera Sound, uno de los espacios más emblemáticos del festival, donde la artista brilló con un total look de Levi’s customizado por el diseñador español Luis de Javier.

Ese mismo espíritu lleno de luz atraviesa ‘Placer de Vivir’, su nueva colaboración con Gara Durán, que reivindica la alegría cotidiana y la posibilidad de empezar de nuevo cuando todo parecía haberse detenido. Un pequeño manifiesto pop que invita a abrazar el presente, recuperar la confianza en una misma y celebrar esa sensación de renacer después de una etapa más gris. Un mensaje que llega en el momento perfecto; a las puertas del verano, cuando vuelven las ganas de improvisar planes, alargar las sobremesas, brindar en una terraza con amigas o perder la noción del tiempo entre conciertos y festivales. Porque, en un contexto marcado por la ansiedad y la inmediatez, las artistas proponen simplemente permitirse disfrutar.

Entre conciertos, mucho denim y la búsqueda constante de nuevas versiones de sí misma, hablamos con Natalia Lacunza sobre crecer sin perder la sensibilidad, la nostalgia de una generación criada entre lo analógico y las pantallas y ese momento en el que aprender a escucharse a una misma se convierte, quizás, en el verdadero placer de vivir.

 

 

Acabas de sacar ‘Placer de Vivir’ junto a Gara, una canción que habla de disfrutar del presente y de sentir que «todo empieza de nuevo». ¿Por qué crees que es necesario reivindicar ese sentimiento hoy en día?

Porque el mundo está atravesando momentos oscuros, surrealistas y deprimentes, y lejos de olvidarnos de ello, también es importante prestar atención a las pequeñas cosas que nos hacen un poco más felices; como darte una buena ducha, quedar con tus amigas o llamar a tus familiares para desearles un buen día. Intentar equilibrar la balanza para no caer en una espiral de desesperación.

 

 

La canción parece casi un manifiesto vital. ¿En qué momento personal te encontró esta canción?

Llegó en el momento justo, cuando tenía que llegar. Ya había entregado mi disco, me había quitado ese peso emocional de encima y estaba preparada para empezar de nuevo, tanto musical como personalmente. Hacer esta canción con Gara me emocionó mucho precisamente por eso, porque me trajo una energía que necesitaba sentir.

 

¿Cuál es hoy tu propio «placer de vivir», más allá de la música?

Mi placer de vivir es salir a correr y hacerme un desayuno increíble después… Aunque en realidad cualquier comida. Cocinar me da muchísimo placer.

 

Hay una complicidad evidente entre vosotras. ¿La canción nació desde una amistad previa o fue la grabación la que creó esa conexión?

Ya nos conocíamos de antes. Habíamos compuesto juntas para mi álbum y hubo un match automático. Pero poco a poco, a base de coincidir, fuimos haciéndonos amigas de verdad, y grabar la canción terminó de sellar esa amistad. Gara es un regalo.

 

¿Qué crees que aporta Gara a la nueva escena pop española que quizá no estaba presente hace unos años?

Es una artista con una confianza y una libertad muy fuertes. Sabe perfectamente lo que quiere y hace un pop que se te incrusta en el cerebro. No tiene miedo al cringe; en medio de un mar de raras, ella quiere ser una popstar, y eso me encanta. Le da igual la tendencia.

 

 

Vienes de publicar ‘N2STAL5IA’ y de una etapa de transformación artística. ¿Qué ha cambiado más en ti desde ‘Tiene que ser para mí’ hasta ahora?

Lo que más ha cambiado en mí son mis prioridades y mi forma de comunicarlas. Siempre he sido un poco “people pleaser” y, con el tiempo, he ido aprendiendo a escuchar más lo que me pide el cuerpo y lo que el proyecto necesita. Creo que también me he vuelto más consciente de lo que supone ser artista. Sé enfrentar mejor cada etapa del proyecto, me respeto más y, precisamente por eso, también me gusto más.

 

En varias canciones hablas de esa sensación de estar entre la juventud y la adultez. ¿Crees que tu generación vive una nostalgia prematura?

Puede ser… Estamos un poco en ese limbo que dejó la aparición de internet. Aún fuimos niños sin móviles y teníamos otra forma de estar en el mundo, más conectados con la realidad y menos con las pantallas. Ahora que ya vivimos todos un poco ensimismados con el móvil, también creo que tenemos un registro tan exhaustivo de lo que nos ha ido pasando en los últimos años que, cuando el teléfono te recuerda que ya no tienes a ese amigo o que ya no volverás a tener esa cara de bebé, supongo que la nostalgia se acentúa.

 

¿Qué es algo que hoy te permites hacer sobre un escenario que hace cinco años te habría dado miedo?

Dejar que el público lleve más la energía. Antes pensaba que, si no me movía como una loca, la gente no sentiría nada. Ahora creo que hay veces en las que no hace falta hacer mucho para transmitirlo todo.

 

La industria musical está obsesionada con la inmediatez. ¿Cómo proteges tu proceso creativo del ruido constante de las redes?

Como puedo. A veces incluso me viene bien, porque hay mil cosas pasando ante tus ojos y, si tienes un día creativo, te llegan mil ideas al mismo tiempo. Escoges una y entonces dejas el scrolling para poder centrarte en desarrollarla. Hay que encontrar el equilibrio.

 

 

¿Hay alguna conversación cultural que sientas que estamos teniendo mal como sociedad ahora mismo?

Creo que la cultura de la dieta, de la restricción y de la obsesión con el cuerpo ha generado un problema enorme. Cada vez hay más gente con TCA porque estamos más alejados que nunca de una alimentación natural e intuitiva. Perdemos la conexión con el hambre real, perdemos la conexión con nuestro cuerpo y con lo que necesita… y eso es fatal.

 

Primavera Sound siempre ha sido un festival asociado al descubrimiento musical. ¿Recuerdas algún concierto que te cambiara la forma de entender la música?

Es fuerte, porque siento que no he visto tantos conciertos en mi vida. ¡Me queda tantísimo por ver! Pero recuerdo que, cuando vi a Remi Wolf hace cuatro años, pensé: “Wow, yo quiero estar así en el escenario”. Este año, en el Primavera Sound, tengo muchísimas ganas de ver a Cameron Winter y a Dijon. Creo que van a ser muy inspiradores.

 

¿Qué tiene de especial tocar en un formato como The Levi’s Plaza, más cercano y casi «de plaza pública», dentro de un festival tan grande?

Me hace muchísima ilusión porque está muy bien situado, casi como dando la bienvenida al festival. Es un lugar de paso total y ojalá mucha gente se pare porque le gusta lo que está escuchando.

 

¿Preparas un concierto de festival de forma distinta a uno de sala?

Sí, lo preparo de forma diferente porque cada formato necesita su propia energía. Las salas son más disfrutonas, tanto para el artista como para los fans. Hay un repertorio más amplio y una energía más intensa e íntima. En los festivales, en cambio, hay que elegir mejor el repertorio y apostar por aquello que crees que puede enganchar más a alguien que todavía no te conoce.

 

 

¿Hay alguna canción que haya cobrado un significado completamente nuevo cuando la interpretas en directo?

‘Otro Culito’, por ejemplo, es una canción que hice desde el dolor, pero que ahora, cuando la canto, me provoca mucha felicidad. El duelo ya se acabó y ahora solo la disfruto, sobre todo al compartirla con la gente.

 

Si pudieras invitar a cualquier artista del cartel de este año a subir al escenario contigo, ¿a quién llamarías?

A PinkPantheress, sin duda.

 

Tu estética siempre ha evolucionado junto a tu música. ¿Cómo dialogan tu armario y tus canciones?

Para mí, la ropa es un lenguaje más, una parte del todo. Cada proyecto tiene una misma energía que se expresa tanto a través de la música como de la ropa; son dos canales distintos para un mismo mensaje. Me lo paso increíble vistiéndome, y no necesariamente porque lleve prendas divertidas.

 

¿Qué prenda sientes que te representa más en este momento de tu vida?

Ahora mismo, lo que más placer me da es ponerme unos vaqueros y una camiseta que me quedan perfectos y sentirme la más guapa del lugar.

 

 

La moda vive un momento de nostalgia constante: los 90, los 2000, el vintage. ¿Te interesa esa nostalgia o prefieres mirar hacia adelante?

Me parece importante mirar atrás para recordar cosas esenciales sobre uno mismo, sobre nuestra historia y para ser conscientes de la herencia que arrastramos. Pero siempre hay que mirar hacia delante: atascarse en el pasado no sirve de nada, porque hacia atrás no se puede ir. El futuro me parece mucho más emocionante.

 

¿Hay algún artista que te inspire más por su construcción visual que por su música?

Generalmente, si me llama una cosa, me llama la otra. Pero, por ejemplo, Gus Dapperton me convence más en lo visual que en lo musical.

 

Si tuvieras que asociar una canción de tu repertorio a una prenda denim, ¿cuál sería y por qué?

‘SABES QUÉ???’ sería ese vaquero roto increíble que has tenido toda la vida en el armario. El más cool, el que nunca te cansas de ponerte.

 

¿Conservas alguna prenda que te acompañara en tus primeros conciertos y que hoy tenga valor sentimental?

La verdad es que no, y menos mal. Vestía bastante peor que ahora.

 

 

Han pasado años desde que te conocimos en televisión. ¿Qué parte de aquella Natalia sigue intacta?

La Natalia sensible y payasa siempre ha estado en mí y siempre estará.

 

Mirando atrás, ¿qué decisión ha sido la más importante para convertirte en la artista que eres hoy?

Lo siento que haya tomado ninguna decisión drástica. Creo que las cosas se han ido construyendo con amor y honestidad, prácticamente sin estrategia. Ahora tengo más respeto por mí y por mi trabajo, y ya no me regalo como antes, pero siempre he sido muy poco estratega.

 

 

Has transitado por el pop, la electrónica y sonidos más alternativos. ¿Hay algún territorio musical que aún no te hayas atrevido a explorar pero que te gustaría probar?

Siempre lo hay, siempre voy a querer explorar más allá. Últimamente estoy escuchando cosas más rockeras, más sucias que todo lo que he hecho hasta ahora. Luego, a saber qué sale, porque las referencias siempre acaban mezclándose y creando una especie de Frankenstein.

 

Si una persona que nunca ha escuchado a Natalia Lacunza entra por casualidad en The Levi’s Plaza, ¿con qué te gustaría que se fuera a casa?

Con la sensación de haber escuchado melodías que da gusto escuchar, ritmos refrescantes y un pop ligero, bonito y especial.

 

¿Qué podemos esperar del futuro cercano de Natalia Lacunza?

Muchas canciones nuevas, mucho vaquero y camiseta blanca, una media maratón y mucha comida rica de verdad, con hidratos de carbono, grasas y todo lo bueno.

 

Fotografías de Ángela Ibáñez en The Levi’s Plaza x Primavera Sound para VEIN MAGAZINE