3 libros de autoras españolas para pensar las emociones

30 / 10 / 2026
POR Marisa Fatás

Almudena Hernando, Eva Illouz y Sara Torres nos invitan a reflexionar sobre cómo se construye nuestra vida emocional, de qué manera el tecnocapitalismo interviene en ella y qué posibilidades ofrecen la potencia del deseo y los vínculos para escapar de sus lógicas.

 

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Nuestras experiencias de amor, de sexo y de cuidados pertenecen en gran medida al espacio de lo íntimo, y son únicas. Pero esa subjetividad también está mediada por la historia heredada y por las circunstancias que nos rodean. Lo descubrimos en ‘La fantasía de la individualidad’ (Katz, 2012), de Almudena Hernando; ‘Tecnologías de los sentimientos. Cómo el tecnocapitalismo explota nuestra subjetividad’ (Katz, 2026), de Eva Illouz; y ‘El pensamiento erótico’ (Reservoir Books, 2026), de Sara Torres, tres libros de autoras españolas que nos invitan a reflexionar sobre lo que sucede cuando el capitalismo heteropatriarcal convierte nuestra subjetividad en valor y sobre el margen que queda para recuperar la potencia de nuestros recursos eróticos.

La fantasía de la individualidad

Pensarnos como sujetos autónomos es una idea relativamente reciente. La arqueóloga y catedrática Almudena Hernando reconstruye en ‘La fantasía de la individualidad’ cómo a finales de la prehistoria algunas sociedades pasaron de formas más igualitarias, donde la seguridad dependía del grupo y de los vínculos, a estructuras cada vez más jerarquizadas. Hacia el 2500 a. C., el aumento del control tecnológico y la escritura favorecieron identidades más individualizadas y una confianza creciente en la razón.

Pero ganar independencia no hizo menos necesarios esos vínculos. Hernando relaciona este proceso con una división sexual que acercó a los hombres a la especialización y el control técnico sobre el entorno, mientras las mujeres asumían buena parte de los cuidados cotidianos. De este modo, la autosuficiencia pudo parecer posible porque una parte esencial del trabajo afectivo que la sostenía quedaba fuera de plano. Pensar la autonomía lleva también a reconocer que incluso nuestra idea de independencia se apoya en relaciones y formas de sostén compartido.

«Esta convicción es que el individuo puede concebirse al margen de la comunidad, y que la razón puede existir al margen de la emoción; que cuanto más individualizada está una persona, menos necesita vincularse con una comunidad para sentirse segura, y que cuanto más utiliza la razón para relacionarse con el mundo, menos utiliza la emoción.»
– Almudena Hernando

Tecnologías de los sentimientos

Nuestra vida interior ocupa hoy un lugar central en la producción de valor económico. La socióloga Eva Illouz explora en ‘Tecnologías de los sentimientos. Cómo el tecnocapitalismo explota nuestra subjetividad’ esta transformación, siguiendo cómo las emociones circulan a través de las plataformas y son producidas y estimuladas por ellas. En la era de las pantallas, la experiencia emocional queda integrada en una economía que puede medirla y explotarla.

Illouz lo muestra en gestos que ya forman parte de nuestra vida cotidiana. Los emojis convierten emociones en signos estandarizados y los «Like» hacen visible y cuantificable la aprobación. En el terreno del wellness, aplicaciones registran nuestros estados de ánimo y buscan patrones en relación con el sueño, el ejercicio o la salud. Illouz observa cómo esta codificación permite a las plataformas estimular la interacción y extraer valor de aquello que sentimos.

«El tecnocapitalismo no solo se integra perfectamente en la subjetividad, sino que convierte a la propia subjetividad en una fuente primordial para la producción de valor.»
– Eva Illouz

El pensamiento erótico

También imaginamos y deseamos con códigos aprendidos que condicionan lo que pensamos como posible. En ‘El pensamiento erótico’, la escritora y poeta Sara Torres parte de ‘El pensamiento heterosexual’ (1980), de Monique Wittig, quien afirmó «las lesbianas no son mujeres», para cuestionar un orden heterosexual que presenta sus categorías como naturales. El ensayo explora desde ahí una posibilidad «desheterosexualizante» en diálogo con autoras como Audre Lorde, Anne Dufourmantelle o Gloria Anzaldúa.

La «fantasía hetero-real» describe la dificultad para imaginar fuera de ese orden binario y heterosexual. El lenguaje condiciona qué cuerpos, deseos y relaciones podemos pensar, mientras el pensamiento erótico busca liberar los recursos del cuerpo que sostienen el deseo de vida y vínculo de las formas que los explotan. La dulzura abre la posibilidad de escapar de la productividad que impone el «cronos capitalista» y de las normas que moldean y delimitan el deseo.

«El pensamiento erótico es entonces un horizonte de práctica, la posibilidad creativa de acercarnos a lo que amamos con palabras que lo cuiden.»
– Sara Torres

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