Olivia Delcán, actriz, guionista y directora: “La obra nunca va a ser como la tenías en la cabeza, y yo creo que es mejor”

27 / 07 / 2026
POR Alberto Richart

El público general puede reconocerla por series como ‘Vis a vis’ o ‘Doctor Portuondo’, pero la menorquina de 34 años mantiene también una prometedora inquietud por narrar historias desde detrás de la cámara. En el Festival de Cinema Jove de Valencia presentó su último corto, ‘Instrucciones para cocinar un pollo bajo tierra’, codirigido junto a Nacho Sánchez.

Una pareja heterosexual entra en una tienda de deporte, en busca de una tienda de campaña, con vistas a hacer una escapada. La conversación es distendida, sobre “nosequé” de cocinar un pollo durante ocho horas, y a continuación, todo se complica, se rompe, se detiene. La narración recuerda al público que estamos ante una ficción, mero artefacto inventado por la imaginación, pero que, como en toda obra artística, se filtran por ella las emociones más reales.

Instrucciones para cocinar un pollo bajo tierra es el título del último cortometraje de la actriz, guionista y directora Olivia Delcán, cocreado junto a Nacho Sánchez, que fue presentado en el Festival de Cinema Jove de Valencia, y que sorprende a los espectadores con sus derivas inesperadas en torno a la relación de pareja y la creación conjunta. Antes de ponerse manos a la obra con el que será su primer largometraje, La hija bastarda, la actriz de series como Vis a vis o Doctor Portuondo ha explicado en exclusiva para VEIN cómo procesa historias porosas, atravesadas por el tiempo y la incertidumbre.

El corto habla de la creación conjunta, y de una búsqueda de la identidad como individuo. ¿En qué punto estabais de vuestras vidas al escribir el guion?

Yo escribí este corto con una historia que en ese momento me apelaba mucho, se lo enseñé a Nacho y nos pusimos manos a la obra. Y claro, en el proceso de pedir las ayudas y de buscar la productora, ya pasaron los años y nos surgió la duda: éramos ya otras personas, y la historia del guion ya no nos movía de la misma forma. Ahí empezamos a darnos cuenta de que lo que realmente nos estaba motivando era el propio proceso de ponernos de acuerdo o de hacer concesiones, de llegar a lugares que a lo mejor no era lo que ninguno había pensado, sino algo nuevo que nos sorprendía a ambos. Eso nos parecía mucho más bonito y con lo que nos sentíamos más identificados, que con la historia que estábamos contando al principio. Por eso el corto se empieza a romper: decidimos meter todas esas rupturas que nos estaban pasando.

 

El corto va mutando y nos va sorprendiendo como la vida misma y como propio proceso creativo. ¿Os daba miedo que al mostrar el artificio cinematográfico se perdiese la emoción de los personajes?

Sí, totalmente. Creo que es súper frágil hacer algo meta, que se ha hecho mucho, y queríamos hacerlo de una forma más elegante y que no fuera muy obvio. También queríamos jugar mucho con el espectador. Nos apetecía desafiarle bastante, que se preguntase si lo que está viendo está pactado o es improvisado. Mucha gente nos ha preguntado después de verlo, y no, está todo guionizado. Venimos del teatro, Nacho y yo, y hemos trabajado juntas un montón de veces. Nos gusta mucho ensayar y lo traíamos todo muy ensayado de casa. Incluso hay una parte del corto que es cómica, que resulta un poco exótico al principio. Realmente pasamos por muchas fases.

¿Cómo preparasteis Nacho y tú toda esta interpretación que se nota tan natural?

Queríamos encontrar un código que fuese no actuar, como de no hacer nada. Hemos trabajado tanto juntas en un montón de proyectos que al final nos conocemos mucho y sabemos encontrar ese tono muy naturalista, que fuera casi documental. Hemos visto muchas pelis, mucho cine iraní, o de Miguel Gomes, en las que nos fijamos en que parece que no están actuando. Queríamos conseguir eso. Cuando ves una serie de Netflix, hay algo que evidencia que hay un código de interpretación, y que están actuando los actores. Es divertido hacer menos.

Después de esta experiencia, ¿estás a favor o en contra de crear conjuntamente?

Aunque no codirijas, siempre estás creando conjuntamente, ¿no? Cuando estás en diálogo con una directora de fotografía, o con un sonidista, o con una montadora, siempre estás volviendo a escribir lo que tú tenías pensado en tu cabeza. La obra nunca va a ser exactamente como la tenías en la cabeza, y yo creo que es mejor. A la vez, siento que acaba siendo exactamente lo que querías. Me parece muy interesante colocarte ahí. Ahora he hecho una obra de teatro, que he dirigido con Macarena Regueiro, Todo está bien, y la hemos coescrito, codirigido e interpretado. Es verdad que ahora me enfoco en mi película, que he escrito sola y dirigiré sola, pero porque también me apetece probar eso: siento que siempre estoy en procesos muy colectivos y me apetece también probar el estar sola y tomar las decisiones sola.

Comentabas lo duro que es levantar un proceso. ¿Qué ha sido lo más difícil de Instrucciones para cocinar un pollo bajo tierra?

El momento duro fue como antes de encontrar a Solita Films, la productora. Al principio lo íbamos a autoproducir entre Guillermo Benet, Eva Bodas, que estuvo en el proyecto y luego se salió, y yo. Actuar, escribir, producir… ahí sí que dije: “Too much”. Y después de eso, empezó a ser todo mucho más fácil, y a sentirme arropada y acompañada; en un proceso así es fundamental, porque es muy largo. Tienes que aprender a tener paciencia.

Hay un momento en el que las cosas, como en el corto con el pollo, tardan ocho horas cocinándose. Si confías en el proceso, tienes que tener paciencia, y disfrutar de esas ocho horas como puedas.

El público también te conoce por la actuación. ¿Te planteas quedarte en esta parte más creacional de guion y dirección o piensas seguir con la interpretación?

Yo creo que siempre he sido una actriz muy inquieta y siempre he escrito. Empecé a dirigir en 2019 una obra de teatro, y a escribir mucho antes: para mí siempre ha ido todo muy acompañado. No me veo queriendo el tipo de vida de esas cuatro actrices que no paran, porque me gusta mucho disfrutar de los proyectos y también descansar de los personajes y todos los procesos más industriales de rodaje, que son muy divertidos, pero a veces son muy cansados. Me encantaría poder ir combinándolo a lo largo de mi carrera.

Sobre tu primer largometraje, La hija bastarda, has elegido como protagonista a la actriz Nora Navas. ¿Pensabas en ella cuando escribiste el papel?

Escribía pensando en muchas mujeres. Cuando escribes, pasa algo curioso, que es que los personajes se van transformando, y para una secuencia te sirve mucho pensar en una persona, y para otra te sirve mucho pensar en otra. Pueden ser actores o pueden ser gente que conoces. Pero ahora que estoy reescribiendo la peli, ya teniendo al elenco principal en la cabeza, es muy divertido escribir, porque se te ocurren un montón de cosas.