Amar y follar en el siglo XXI o cuando no existe una única manera de construir el amor

26 / 05 / 2021
POR Olaya García

La pensadora argentina Tamara Tenenbaum ensalza en su último ensayo ensalza el fin del amor romántico, que no el fin del amor. En tono autobiográfico nos habla de la amistad, del consentimiento, de maternidades, del poliamor o de las nuevas redes tecnológicas para conocer gente. 

Tamara Tenenbaum nace en una comunidad judío ortodoxa de Buenos Aires, el distrito Once. Allí las normas para relacionarse son muy sencillas, y complejas al mismo tiempo. La unión entre un hombre y una mujer tiene un fin claro: el matrimonio. En su último libro Tenenbaum nos narra cómo se aleja de su barrio y elige un instituto diferente, laico, donde de repente las normas para relacionarse no están tan claras. Así comienza a descubrir conceptos como el deseo, la tentación, diferentes formas de amar y relacionarse que, aún a día de hoy, le generan (a nosotras también) muchas preguntas y no tantas respuestas claras. 

En su ensayo la pensadora argentina explora el fin del amor romántico, los cambios que en las últimas décadas se han producido en cuanto a las diversas formas que hay de relacionarse. Ya no hay una sola manera de tener pareja, la pareja ya no tiene que ser monógama, o tener como objetivo el matrimonio o formar una familia. No nos conocemos en la iglesia, nuestras parejas no son nuestros vecinos o pertenecen a la misma comunidad. Las mujeres ya no se casan porque no tienen otra opción económica. Sin embargo, el mercado sigue muy presente en la forma en que nos relacionamos, ahora los objetos de consumo somos las personas.

Fotografía: Dominique Besanson

En un mundo donde parece que hay muchas más oportunidades para encontrar una pareja sexual, o para encontrar el amor, depende de lo que unx busque (existe Tinder, Grindr, y una infinidad de apps mas por ejemplo) Tenenbaum, se plantea si esta supuesta mayor libertad es realmente tan sencilla como parece. 

«Nuestras madres no nos hablan de cómo ser una buena novia, esposa o mujer. Como nada de esto sucede tendemos a pensar que somos absolutamente libres y que, si sentimos que no lo somos es por una debilidad propia: que si empezamos a “pensar distinto” vamos a dejar de sufrir por ser gordas, estar solteras o ganar poca plata. Tengo buenas y malas noticias: 1) no estás sola, todo eso que pensás que es culpa tuya no está bajo tu control (más que en apariencia); 2) el problema no se soluciona con un “cambio de cabeza”: lo que hay que cambiar es el mundo».

En el Once las normas estaban claras. En el mundo laico ¿no hay normas? Sí, si las hay, pero son mucho más difusas. Están ahí, pero nadie habla de ellas. «Darnos a nosotros mismos nuestras propias leyes» es la gran apuesta de Tenenbaum en su libro. Si no hay una forma clara y única de construir el amor, vamos a pensar qué queremos realmente encontrar en ese amor.

Otro de los grandes temas del libro es la cultura de la violación, para lo que Tenenbaum propone la «cultura del consentimiento», «conversar sobre el deseo femenino es clave para educar mujeres y hombres libres y con herramientas para identificar, denunciar y sobrevivir a la violencia sexual [que es muy diversa y no siempre explícita]. Creemos que un mundo en el que una mujer es dueña de su placer es un mundo mejor».

La perspectiva feminista está presente en todo momento en el libro, hay que acabar con el amor romántico, pero no con el amor. ¿Está tan alejado el amor de la amistad? Tenenbaum asegura que no, tener amigas nos salva. Pero tampoco esta alejado de la belleza. Un capítulo del libro esta dedicado precisamente a ello, tenemos que ser seguir siendo guapas pero ahora  porque ‘queremos sentirnos bien con nosotras mismas’. «Como si hubiera algo feminista en dejar las harinas o gastar el dinero que tanto te costó ganar en una antiarrugas en lugar de usarlo en tomar una cerveza con tus amigas» nos dice la autora.

La maternidad es el tema del último capítulo del libro, en Argentina acaban de conseguir, tras una larga lucha, el derecho al aborto. Todas las mujeres tienen derecho a desear ser madre, porque la maternidad se ejerce de muchas formas diferentes, pero también tienen derecho a no desearlo. Ahí está la clave, que no hay una única respuesta. 

Pero no hay una única respuesta para ninguno de los temas que se abren en este libro. Hay tantos deseos (en cuanto a la sexualidad, al amor, a la maternidad, a la belleza…) como personas. Lo que hay que asegurar es un horizonte de posibilidades, y que todo el mundo pueda elegir libremente qué quiere, cómo, cuándo y con quién. Sin miedo.