Claves para conocer el arte sáfico de Gerda Wegener, la “otra chica danesa”

13 / 08 / 2021
POR África Poveda

Revolucionó la manera en la que feminidad era representada a principios de siglo XX pintando a mujeres hermosas, coquetas, fuertes, independientes y libres. También fue la primera en retratar a una mujer transgénero.

Gerda Marie Fredrikke Gottlieb (15 de marzo de 1886), más conocida como Gerda Wegener o “la otra chica danesa”, fue una de las pintoras más destacadas de la historia del arte con sus “femme fatales” y una caricaturista e ilustradora de referencia para las revistas de moda en la Francia del siglo XX. Aunque nació en el seno de una familia danesa conservadora, revolucionó la manera en cómo la feminidad era representada pintando a mujeres hermosas, coquetas, fuertes, independientes y libres. Incluso fue la primera en retratar a una mujer transgénero: el que en principio fuera su marido, Einar Wegener, quien además de dedicarse a la pintura, como ella, más tarde se le conocerá como Lili Elbe o “la chica danesa”, su musa y compañera de vida.

La pareja artística trabajó así en conjunto durante años mientras toda la sociedad francesa se preguntaba quién era aquella misteriosa mujer que posaba para la pintora y que encarnaba todos los ideales femeninos imperantes. Su amor incondicional, su lucha y su arte han pasado a la historia por ser las primeras mujeres transgresoras de la época.  

‘Lilli Elbe’, 1928

Una artista erótica y feminista inspirada por su relación

Gerda nació en Copenhage (Dinamarca) en 1885. Su trayectoria artística empezó cuando decidió estudiar en la Academia de Bellas Artes de la ciudad. Fue en este lugar donde Gerda conoce a Einar Wegener, un joven pintor de paisajes con quien se casó en 1904. 

Un día, en el que la modelo con la que trabajaba Gerda no pudo asistir a la sesión, su marido se vistió con una peluca y un vestido para poder acabar la obra. Para Einar, este momento marcó el inicio de su transición a Lili, un cambio en el que siempre contaría con el apoyo de su mujer. Pasó a ser su musa, una chica joven de pelo corto, ojos almendrados y vestidos sofisticados y elegantes que aparecía en todas sus obras, obras cada vez se hacían más sensuales y eróticas. A partir de entonces, Lili empezó a vivir abiertamente como mujer.

Gerda Wegener y Einar Wegener (Lili Elbe)

La obra de Wegener sugiere múltiples interpretaciones. En su piezaUn día de verano’, se puede ver a Lili con su aspecto masculino como artífice de la representación femenina que observa. Además, aparece un grupo de mujeres pintadas por él en el cuadro. Ambas personalidades aparecen con diferente género en el mismo espacio. Einar hace de la figura masculina que mira. Lili es la figura femenina observada. La esencia del arte de Wegener fue precisamente reflejar el mundo de las enmascaradas.

La pareja artística trabajó en conjunto durante años mientras toda la sociedad francesa se preguntaba quién era aquella misteriosa mujer que posaba para la pintora. Su doble vida se desarrollaba además en fiestas en las que Lili se hacía pasar por la hermana de Einar. Fueron sus primeras apariciones públicas como mujer y todas se llevaron a cabo bajo la complicidad mutua de Gerda.

Excepto en ocasiones especiales como esta, ellas se mostraron en público durante un tiempo como una pareja heteronormativa. Sin embargo, todo apunta a que ambas vivían como mujeres en su vida privada. Por otra parte, no parece que en sus vidas existiera ningún silencio impuesto sobre su situación. De hecho, el caso de Lili Elbe se conoce por la inmensa repercusión que tuvo y por haber sido un acontecimiento muy expuesto a la luz pública.

‘The Ballerina Ulla Poulsen in the Ballet Chopiniana‘, 1927

Francia a sus pies

Gerda y Lili se trasladaron a Francia en la década de 1920. Allí, Gerda se hizo conocida en los circuitos artísticos y de la moda, exponiendo en galerías muy importantes y ganando premios. Decidieron desarrollarse libremente debido a una actitud de laissez-faire en la ciudad que desafiaba los órdenes sociales. Lili podía ser la mujer que era y Gerda podía vivir más libremente su atracción por otras mujeres. La capital, además, era el centro de una moda donde el género femenino fue, en muchos sentidos, protagonista. Fue el caso, por ejemplo, de Violet Trefusis y Vita Sackville que pasearon por sus calles su “amor travestido”, mientras llegaban rumores y chismorreos sobre sus escándalos a los medios británicos.

‘La Guerre et la rue de la Paix’, 1916

Gerda Wegener triunfó en ese mundo de luces y glamour generando el referente desde la moda aunque, sin duda, uno de los trabajos más increíbles realizados por la artista vino del encargo que le realizó en 1925 el poeta francés Louis Perceau: doce acuarelas de gran contenido erótico y lésbico para ilustrar los 350 ejemplares que se editaron de su libro Doce sonetos lascivos’. Este trabajo la convirtió en una de las ilustradoras eróticas más reconocidas de todos los tiempos. Además, la moda francesa se convirtió en una fuerte herramienta simbólica de afirmación de poder de la cultura gala durante la guerra debido a la fuerza de su industria. La pintora fue elegida, en ilustraciones como La Guerre et la Rue de la Paix’, para fomentar ese poder. 

Su fusión con el entorno donde desarrolló su carrera y su buena acogida como creadora y representante del poderío francés, llevaron a Gerda a lo más alto. Además, la autora, que trabajaba desde las influencias del cubismo, el romanticismo, el art decó y el art nouveau, expuso sus obras en la galería ‘Ole Haslunds’ de Copenhague varias veces, algo muy difícil de conseguir para artistas de la época.

‘Two Cocottes with Hats’, 1925

Un matrimonio invalidado

En 1930, el Rey de Dinamarca invalido el matrimonio de Gerda y Lili al considerase un enlace entre dos mujeres, pues en ese momento Lili había logrado tener sus papeles en regla como mujer. Al año siguiente, en 1931, sufrió unas complicaciones en una de las muchas operaciones para su cambio de sexo y Lili falleció.

Aunque Gerda quedó destrozada tras la muerte de su mujer, tiempo después se casó con el oficial italiano Fernando Porta, diez años menor que ella. Matrimonio que se según habladurías, se cree pactado. Se trasladaron a Marruecos para intentar retomar su carrera como artista, pero su unión duró poco por los problemas económicos derivados de la mala gestión de su marido.  En 1936 se divorcian y en 1938 regresa a Dinamarca. 

Un final bastante trágico para Gerda y su talento. En 1939 expuso por última vez en la ciudad danesa, pero no obtuvo apoyo alguno. Una vez que experimentó el dolor de la soledad, comenzó a beber en exceso y a vivir de postales que pintaba a mano. En 1940 falleció dejando un último recuerdo en una esquela en el periódico local.

‘At the mirror’, 1931-1936

Una gran artista a la sombra de la sociedad machista

En la actualidad, la obra de Wegener está tan dispersa como su propia vida. Muchas de sus obras pertenecen a colecciones privadas y otras, o bien se perdieron, o bien fueron compradas por coleccionistas. Aparte de esto, poco sabemos de “la otra chica danesa”. Lo cierto es que, indagando en la vida de Wegener, algunos datos parece que se los haya tragado la tierra. Sin embargo, lo único de lo que no hay duda es que Gerda Wegener no era heterosexual como muchos hacían creer (no sabemos si se declaraba homosexual o bisexual). Además, no parece que su condición sexual fuera un secreto ni para ella ni para su entorno.

‘A summer day’, 1927

La pregunta sigue estando en este tabú sobre algunos datos de su biografía, incluso cuando se hace una película inspirada en ella y su mujer. Quizás haya algo en sus vidas más escandaloso para la norma que la propia transexualidad. Algo que hace temblar los cimientos de una estructura de géneros incompletos: una mujer que vivió a su aire sin necesidad de representaciones masculinas en su expresión creativa, artística y vital.

Una historia de amor, arte, lucha y superación que, a pesar de los intentos por borrar su memoria, perdurará para siempre. Rescatar y tomar el espíritu desafiante de la obra y vida de Gerda Weneger es llenar de colores un cuadro que la Iglesia y el Estado quieren que siga siendo gris.

‘Lili Hot Summer’, 1924

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