‘La vegetariana’ o la digestión del dolor en la novela de Han Kang

29 / 11 / 2021
POR Irati Fernández

La surcoreana nos narra un viaje simbólico de regresión, rebeldía y liberación al tiempo que encontramos un crudísimo relato sobre la violencia estructural hacia la mujer.

Portada de ‘La vegetariana’ en la editorial Portobello

Yeonghe, una joven coreana aparentemente normal, se hace vegetariana de un día para otro. Pese a lo que pudiera pensarse, en una sociedad en que la carne es un símbolo de prosperidad y donde las mujeres no toman decisiones individualistas, su nueva dieta hace que su pequeño mundo se tambalee. La relación con el cuerpo, el estrés post-traumático y el alejamiento radical de un mundo sangriento serán las premisas de las que parte la novela de Han Kang, creando un clima que nos parece a un mismo tiempo distante y cercano. Dicho mundo tendrá ciertos representantes, los narradores de cada una de las partes de esta historia; que se enfrentarán a la protagonista con diferentes resultados: son su marido, su cuñado y su hermana.

Los ojos de los narradores miran y describen a la protagonista. A través de ellos, el lector obtiene una imagen múltiple y compleja sobre el personaje y su aparente enfermedad mental. Sin embargo, la dimensión más profunda del relato no se refiere a Yeonghe: sus síntomas devuelven a la sociedad una imagen visceral e impactante de sus propios vicios, sus propias enfermedades. El cuerpo de una mujer es un campo de batalla, un signo interpretable, y nos habla más de la batalla que de la mujer.

Yeonghe deja de comer carne porque sueña, y las narraciones de sus sueños son los únicos registros que nos quedan de su voz. Dichos sueños son en realidad recuerdos pesadillescos, puesto que su vida ha estado repleta de violencia: de la casa de un padre que la apalizaba a la de un marido enajenado de sus emociones, ella ha tenido que digerir toda esa violencia cada día desde lo más tierno de su infancia. Todos esos momentos dolorosos y traumáticos, que habían permanecido encerrados en el subconsciente y reprimidos por una sociedad juiciosa la empujan de un día para otro a comenzar una metamorfosis simbólica hacia el mundo vegetal.

Los personajes observantes se enfrentan a ella desde la incomprensión, desde la fetichización o desde la empatía, con resultados distintos pero que apuntan en una misma dirección: el loco (la loca, en este caso), como en las cartas del tarot, revela al intérprete que debe iniciar un viaje abierto al cambio. Observar a través de Yeonghe es la única forma de encontrarse a uno mismo al final del camino, buscándonos y analizándonos en el reflejo del otro, descubriendo nuestra propia corrupción y ansias de libertad.

Yeonghe es La vegetariana no porque deje de comer carne, sino porque aspira a formar parte del mundo vegetal, un mundo libre, inocente y pacífico. En su huida hacia la no-vida, hace suyo el versículo del Génesis: “Polvo eres y al polvo volverás”. En su propio cuerpo invierte el daño regresando a cierto estado anterior, cubierta de flores, nutrida por el calor del sol.

Portada de la edición al castellano en editorial :Rata_, donde se encuentran publicadas dos obras más de la autora en castellano y catalán.