Hablamos con Lucía Solla Sobral, la autora de ‘Comerás flores’, una de las novelas más leídas y vendidas de los últimos meses.

Siempre sorprende cuando un debut de una autora desconocida escala hasta aparecer casi en todos los medios, y Comerás flores (Libros del Asteroide 2025) es uno de esos extraños fenómenos que pasan cada pocos años. Una primera novela que habla sobre el maltrato psicológico bajo la lógica de lo cotidiano y llena de párrafos de precioso lirismo. Una obra totalmente adictiva que ha tenido el acierto de plantear de una manera directa y sencilla una de esas historias que se clavan dentrísimo.

Fotografía de Laura C. Vela.
Lo primero que me llama la atención es el éxito que está teniendo tu libro, porque me parece un éxito muy rotundo y tengo la sensación de verlo en todas partes. ¿Tú eso cómo lo llevas? Porque es, entiendo, tu primera novela y la primera vez que publicas o haces público algo artístico, ¿no?
Sí. Estoy bien, estoy muy feliz. Al principio sí me preocupaba que mi libro pudiera leerlo cualquiera, porque no sabía qué iba a suceder. Pensé que sería mucho más difícil y lento que funcionase la novela, porque es un debut y, además, un debut con un tema que, por desgracia, todavía es polémico. Pero cuando vi que la acogida era tan buena y tan rápida, empecé a disfrutarlo. Es verdad que a veces me asusta un poco tanta repercusión. Supongo que tengo que aprender a asumir que ahora estoy un poco más expuesta y ya está.
Sí, además lo que he visto es que tu novela tiene una buena legión de fans y de gente a la que no es que le haya gustado, sino que le ha encantado. En mi caso, solo sé que me gustó mucho y que, cuando estaba leyéndolo, tenía esa sensación como de no querer soltarlo.
Creo que por un lado está el cómo está escrito, es una novela fácil de leer pese a la temática, pero a la vez tiene una voz lírica que llama la atención y puede resultar más fresca que contarlo todo de manera más prosaica. Y por otro lado está el tema del que trata, que pareciera que ya está más que hablado, pero está claro que sigue siendo muy necesario ponerlo sobre la mesa.
¿Tuviste referencias previas que te sirviesen para escribir el libro?
La idea surgió a partir de la lectura de En la casa de los sueños, de Carmen María Machado, una novela que aborda una relación de maltrato entre dos mujeres. Ese libro hizo que el tema se quedara resonando en mí, sobre todo por la sensación de que hablamos mucho del maltrato físico y de las cifras de mujeres asesinadas por violencia de género, pero no tanto de la violencia psicológica, que es la más frecuente y, en muchos casos, la antesala de la física.
Cuando tuve claro que quería escribir sobre ello, leí todo lo que encontré al respecto para entender qué se había contado ya, qué enfoques existían y desde dónde se había tratado. Mi intención era abordarlo de la manera más honesta posible, y que esa honestidad implicara también incomodar.
Lo que se me hizo más interesante del libro es que incluso con la atmósfera asfixiante que crea, tiene algo casi entretenido. Como esos destellos familiares, de amistad o incluso con la propia pareja en algunos momentos, que era algo que creo que lo decías tú en una entrevista, de que incluso en una relación así hay momentos que parecen buenos.
Me lo pasé muy bien escribiendo, creo que eso también influye. Desde el principio busqué un equilibrio, no quería que el maltrato de Jaime lo ocupara todo. Necesitaba compensarlo con recuerdos luminosos, con escenas junto a Frida o Martín, con los recuerdos de Diana y, sobre todo, con los del padre. Esos momentos alivian la tensión y permiten respirar. Sin ese contrapunto, la historia habría sido aún más dura.
¿Y te preocupa que quizás la inmensa mayoría de gente que lea el libro dé por hecho que pueda ser autobiográfico?
Supuse que sucedería. Cuando una novela está escrita en primera persona por una mujer, se tiende a creer que es, como mínimo, autoficción.
Durante el proceso de revisión temí que se juzgase a Marina o a mí por confundirme con ella. Eso me llevó a preguntarme por qué temía tanto ese juicio. Yo nunca he pensado que mis amigas fueron culpables o tontas por haber pasado por algo así. Sin embargo, cuando yo misma viví alguna situación similar, sí me juzgué de esa manera. Hablé con un psicólogo, le conté la historia de Marina e hicimos terapia casi como si fuese una paciente. Durante ese trabajo con él, entendí que estaba proyectando en ella mis propias inseguridades y poniendo el foco en la víctima en lugar de en el maltratador.
Cuando comprendí que Marina no es culpable ni tonta, igual que no lo fueron mis amigas cuando estuvieron en relaciones de maltrato, todo cambió. Mi intención siempre fue centrar la mirada en quien decide ejercer la violencia y mostrar los mecanismos que la sostienen.
A partir de ahí, que alguien lea la novela y piense que es autobiográfica me parece incluso positivo si eso le ayuda a empatizar más con la protagonista. Muchas personas que han pasado por algo parecido la están leyendo y dicen: “Esto le pasó a Marina, no solo me pasó a mí, nos ha pasado a muchas”. Y eso puede ayudar a aliviar la culpa, la vergüenza o a entender que no fue responsabilidad suya. Y si a otras les resulta más fácil pensar que eso me ocurrió a mí, también está bien. Porque, en cualquier caso, tengo claro que la culpa nunca fue nuestra.
Cuando el libro empieza a escalar, ¿tú no te sientes como expuesta o mirada o preguntada o como que quieren descifrar qué ha pasado ahí?
Claro, claro, y quien no me lo pregunta supongo que lo presupone, pero a mí no me importa explicar que no conocí a Jaime, que no soy Marina. Y sí, le di muchas cosas mías a Marina, como mis gustos musicales o la muerte de mi padre, por ejemplo, y estoy cómoda con eso. Me molesta más el qué hay detrás de creer siempre que nosotras escribimos autoficción, como si no tuviésemos capacidad de ficcionar, de fantasear. Como si siempre y todas tuviésemos que recurrir a lo que tenemos cerca. Sí tenemos esa capacidad y escribimos sobre lo que queremos. Y algunas tendemos a escribir sobre lo que nos importa, también. De todas formas, ¿qué pasa si es autoficción? Sigue siendo literatura.
¿Y tú de la autoficción qué piensas?
A mí me encanta.
¿Sí?
Sí, y las autobiografías también. Me encanta Annie Ernaux y Joan Didion, por ejemplo. Las dos son mujeres que escribieron sobre su vida de una manera fascinante. Me importa más el cómo se escribe que el qué. Entonces me da igual si es autobiográfico o no. Y también creo que en la ficción hay más autoficción o más autobiografía de la que creemos, porque es mucho más fácil contar cosas nuestras bajo el escudo de “todo esto es ficción”.
Veo que el éxito de tu novela fue una sorpresa para ti también. ¿Fue una novela que mandaste a editoriales casi a puerta fría?
Sí, yo estaba en el taller de escritura online de Marta Jiménez Serrano. Mandé el manuscrito a Asteroide diciéndoles que era alumna de Marta Jiménez Serrano. Y Marta también apoyó mi proyecto y avisó a Asteroide de que, efectivamente, era mi profesora. Aunque eso no garantiza nada, porque si no les gustase, no lo iban a publicar. Tampoco eso supone ventas. Te pueden meter un libro por los ojos, pero si no gusta, no gusta.
Empecé a ver tu libro en muchas partes en noviembre del año pasado, y al principio todo eran opiniones muy buenas. Obviamente, siempre que algo llega tan lejos, llega también a gente que no le gusta. ¿Tú esa parte algo más negativa qué tal la estás gestionando?
Desde el principio estaba preparada para que no gustase o para que no gustase tanto. Y entiendo a quien no le guste porque sé que la forma en la que está contada es particular y que, como cualquier libro, no puede agradar a todo el mundo. Si la novela no gusta a mí me parece bien. Otra cosa es juzgar a las víctimas, que eso me lo encuentro alguna vez en reseñas de las redes sociales, en comentarios como: “pues Marina es tonta porque cómo va a caer en esto siendo una chica con formación…”. Lo que se está haciendo es revictimizar a quienes sufrieron o sufren maltrato. Eso me cuesta un poco más, pero no tiene nada que ver con lo literario, no tiene nada que ver con mi libro en realidad, sino sobre dónde se pone el foco y a quién se culpa. También sé que hay gente a la que le molesta verlo tanto y cree que el libro funciona por un súper plan de marketing, pero tampoco voy a ir explicando que no es así. No pasa nada. Sé que no es usual que se viralice tanto un libro de una desconocida, pero a veces pasa.
Ya. Yo la verdad es que cuando lo terminé se lo recomendé a todo el mundo. Si nos vamos un momento a lo literario, los diálogos son como muy directos, muy sencillos, y entremezclados con párrafos muy bonitos y poéticos. ¿Tú ahora en la distancia le encuentras fallos a tu libro o cosas que a día de hoy pulirías?
A mí me gusta, la verdad es que me gusta lo que escribí. Sí, soy consciente de que si la hubiese escrito ahora sería diferente, pero porque ya pasaron años. Empecé a escribirla a finales del 2022, y evidentemente ahora habría escrito cosas de otra manera. Acabé el primer borrador en el 2024, y luego empecé la revisión con Asteroide. Pero estoy orgullosa de lo que hice. Y cuando a veces estoy un poco más insegura, que también tengo esos momentos, pues pienso en la gente cuyo criterio me gusta y que les gustó. Que escritores como Eloy Tizón, a quien empecé a leer con 14 años, lo leyera y le gustara, me llena tanto que no puedo pedir mucho más. O ganar el premio El Ojo Crítico, con un jurado tan maravilloso, me emociona. Pero no solo pienso en estas personas cuyo criterio admiro, sino todas estas personas que no conozco de nada y que no me conocen a mí y leyeron el libro y me escriben y lo recomiendan. Pienso en eso cuando estoy así un poco más de bajón y digo es que ya está, ¿qué más quiero?
Dices que si lo hubieses escrito hoy en día sería distinto. ¿En qué crees que han cambiado, que te han cambiado a ti personalmente todos estos años, tanto pasando por el libro como pasando por el resto de tu vida?
En cuanto a técnica, creo que escribo mejor. Es normal, cuanto más tiempo pasa más experiencia adquiero, más lecturas, más conocimientos. Y en cuanto a la temática, claro, ahora estaría afectadísima por todo lo que estoy viviendo, por todos los mensajes que recibo a diario. Escribí la novela sin saber nada de lo que iba a pasar, si lo supiese supongo que me condicionaría bastante. Si ahora tuviese que ponerme a escribir sobre el mismo tema me costaría más. Por eso la escribí con honestidad, dibujando a Marina tal y como yo quería, a Jaime también, y todo lo que pasa alrededor de la relación, enseñando ese maltrato tratando de ser realista. Pero ahora estaría más condicionada por todas las impresiones que leo y por cómo veo también que afecta a las lectoras que pasan por eso, y también a los hombres que me han escrito y se han sentido identificados con Marina.
Y entiendo que ahora que tendrías como más cortafuegos, a lo mejor, y que no te sentirías tan libre, ¿no?
Sí, sí, yo creo que ahora sí sería mucho menos libre. Ahora conozco rupturas a raíz del libro, conozco divorcios también e historias durísimas… creo que todo eso me pesaría un poco.
Y entonces tu segunda novela la tienes parada.
Sí, la empecé en octubre del 2024, y pude escribirla hasta agosto del 2025. En septiembre salió la novela. Pude escribir bastantes cosas, pero con la promoción de Comerás flores he tenido demasiado ruido en la cabeza como para retomarla. Pero tengo muchas ganas de escribir, que eso ya es una buena señal.
¿Y se puede saber de qué va o no se puede saber de qué va?
Es otra mujer protagonista, pero no tiene nada que ver con Marina, está más cerca de los 40 que de los 20. Y va también sobre cosas que nos interpelan, sobre todo a nosotras.
Tienes 35 años, si no me equivoco. ¿Tú crees que, al menos en los primeros libros, lo más cómodo siempre es mantenerse en edades que se están viviendo o que ya han pasado?
A mí lo que me interesa, sea lo que sea que escriba, es hacerlo verosímil. Me gusta la objetividad y lo realista. Y para eso hay que observar muchísimo, que es lo que estoy haciendo ahora. A Marina fui capaz de describirla así porque yo tuve esa edad y pasé por ahí, y por esos miedos y esas confusiones que experimenta. Ahora me interesa más escribir sobre una mujer cerca de los 40 por la temática que quiero tocar y porque creo que faltan protagonistas de esa edad. Pero podría ponerme en la piel de una mujer de 60 o de un hombre, pero solo si primero hago ese trabajo de observación y de análisis que requiere.
Aunque estemos en una época muy de la “literatura del yo”, a veces miro mi entorno y me parece que faltan representaciones en la literatura. Y tu libro la verdad es que es cotidiano del todo, en el mejor sentido. ¿Dirías que falta más eso?
Sí, hay mucha literatura del yo, pero porque creo que la vida es así desde hace tiempo. Compramos un discurso totalmente capitalista que nos dice que lo más importante somos nosotras y nosotros y cuidarnos y autocuidarnos y ya está. Y tenemos que empezar a revisar eso, que está muy bien cuidarnos, pero cuidarnos también pasa por cuidar a los demás. Y, de hecho, en una presentación de Comerás flores, una mujer me dijo, aviso que esto es un poco spoiler del libro, me dijo que Marina se salva porque en realidad empezaba a darse cuenta de que tenía que salvar a otros. Y al tener que salvar a otros, se salva a sí misma porque se empieza a dar cuenta de que Frida también está en peligro, por ejemplo, y de que a su alrededor hay personas que también empiezan a verse salpicadas por esa violencia. Y eso es lo que la salva a ella. Y me pareció precioso y fantástico.
¿Tuviste más revelaciones como esa en otras presentaciones? ¿Conseguiste tener nuevas perspectivas de tu historia?
Sí, cuando yo escribía la historia para mí era fundamental que Marina se sintiese sola cuando ella empezaba a pensar en que algo estaba fallando, y que sintiese que Diana no estaba físicamente y que estaba solo en los recuerdos. Y a mí me interesaba eso porque en la realidad las mujeres que están en una relación así o están solas o se sienten solas porque las aíslan. Entonces yo quería reflejar eso. Y cuando empecé a hacer presentaciones y clubes de lectura, todo el mundo me decía lo importantísima que era Diana, lo genial que era Diana, y ahí me di cuenta de que, claro, Diana en realidad sí estaba en todo momento. Simplemente, Marina no era capaz de verlo, pero las lectoras y los lectores sí son capaces de ver que es que está esperando, y está esperando sin decirle “ves, te lo dije”. La espera como si no hubiese pasado el tiempo. Y eso es fundamental para poder salir de una relación así.
Y otra cosa de la que me di cuenta es de que hay más violencia física de la que yo pensaba. Si pensamos en el maltrato psicológico de esta novela, que, por supuesto es el tema, no hay que olvidar que su TCA es físico, y es violencia física, porque explota este TCA a raíz de los comentarios y de los castigos de él con la comida, con la ropa, con la comparación que hace de su cuerpo con el cuerpo de su hija… Y gritar o reventar un plato o un teléfono, también es violencia física.
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