¿Y si el perreo también pudiera ocupar un escenario? Desde Barcelona, JOLGORIO lleva los códigos, la energía y el imaginario de esta cultura al territorio de la danza y la performance. Dirigido creativamente por Labrrruta & Geraldine, el proyecto explora el cuerpo y el movimiento desde un lugar donde sensualidad, teatralidad y exceso se encuentran sin pedir permiso.
Para construir su universo visual, JOLGORIO trabajó junto a la fotógrafa Valeria Gallardo en una serie de imágenes que llevan el concepto a otro terreno El resultado es un imaginario tan físico como escénico que ahora compartimos en VEIN MAGAZINE, antes de su estreno el 6 de noviembre en el HOP Festival de Barcelona.

Labrrruta & Geraldine responden a nuestras preguntas sobre JOLGORIO:
¿Qué significa el perreo para vosotras cuando dejáis de pensar en él como un baile y empezáis a entenderlo como una forma de estar en el mundo?
Desde nuestra perspectiva, el baile es por sí mismo una forma de estar en el mundo. Cuando habitamos desde el perreo, descubrimos una latencia que nos conecta con algo visceral, hay una repetición, un trance que nos lleva a la contemplación. Creemos que en una sociedad cansada y alterada como en la que vivimos, alcanzar estados contemplativos es esencial para conectar más con quien somos.
El perreo habla de contacto corporal, nos exige una comunicación activa con nosotros mismos y con los demás, nos conecta. Es una práctica que genera unión con otras personas, que promueve la celebración de los cuerpos y la celebración de la otra persona. Por tanto, es una manera colectiva de hacerle frente al individualismo.
Es un gesto político rendirse al placer y al disfrute de la vida; perrear nos genera presencia vital y rompe con el automatismo.
Hay algo profundamente político en decidir cómo se mueve un cuerpo, cuánto muestra y cómo ocupa el espacio. ¿Qué estáis intentando liberar cuando ponéis un cuerpo en escena?
En JOLGORIO, poner un cuerpo en escena nos ayuda a traspasar el juicio, la presión social y la censura. Usar el escenario es una vía más de expresión y desahogo. Una manera de situar lo que se considera vulgar en un pedestal (metafóricamente hablando). Es ocupar un espacio que dicen que no nos pertenece, cuestionar las jerarquías que definen la separación entre lo cultural y lo que se genera en los márgenes.
Para el proyecto tiene mucha importancia la exposición de cuerpos no normativos y la danza en un sentido no académico, trabajar desde un movimiento más instintivo e intuitivo, huyendo del perfeccionamiento coreográfico.
Realmente, hay una combinación de intención de muchas cosas, nada en esta pieza está colocado al azar, pero todo el eje gira en torno al goce y lo colectivo.




JOLGORIO parece existir en algún lugar entre el deseo y el exceso. ¿Qué os atrae de llevar algo tan íntimo y físico como el perreo a un espacio tan expuesto como el escenario?
Partimos de la necesidad de una mayor diversidad en los escenarios institucionales, ocupar los circuitos culturales, acercar el margen y reclamar un espacio. Al fin y al cabo, el perreo forma parte del espacio público, siendo un género que ha sabido difuminar los límites entre lo privado y lo público, siempre ha estado expuesto, aunque en lugares muy concretos. En la pista de baile, el deseo, la sensualidad o el contacto corporal dejan de ser experiencias privadas para convertirse en prácticas colectivas, donde sólo son posibles en un entorno y tiempo determinado, convirtiéndose en espacios heterotópicos. Ahí nace y reside la magia de esta cultura.
Nuestra intención no es desvincular el perreo de su origen ni de su esencia íntima, sino reivindicar un cambio de perspectiva sobre lo que popularmente se entiende de esta cultura.
¿Qué recuerdos, noches, personas o lugares se han colado en JOLGORIO casi sin que os dierais cuenta? ¿Hay alguna parte de vuestras propias vidas que reconozcáis en la pieza?
En Jolgorio viven todas las noches de fiesta compartidas con amigas, las fiestas familiares donde se bailaba hasta las 6 de la mañana, las horas encerradas en nuestras habitaciones bailando desde pequeñas, las charlas con amigas compartiendo música nueva, o las horas transcribiendo canciones de reggaeton en una libreta cuando aún no estaban subidas a internet. En Jolgorio viven las personas con las que nos hemos encontrado para perrear, charlar, festejar.
También vive la represión, el bullying y el racismo vivido por nuestro género, por nuestro gusto musical y por mostrarnos “demasiado disfrutonas” o “demasiado latinas”. El juicio con el que todas las integrantes nos hemos encontrado por ser mujeres, por nuestros cuerpos, por nuestro vínculo con la religión, nuestro vínculo con las otras personas (en especial de género masculino) o por la profesión a la que nos queremos dedicar, la danza.
Es inevitable que nuestra vida se reconozca en la pieza pues el motor de creación es nuestra propia experiencia, nuestro propio sentir. Parte además de la unión y reconciliación de dos orígenes muy diversos: Geraldine como mujer colombiana migrante en un país europeo, que desde pequeña convive con la cultura musical del reggaeton en casa y en las calles y LaBruta como mujer nacida en Cataluña en contacto con esta cultura en un entorno de club, mucho más apartado de la vida cotidiana.
Es como un recorrido por nuestra propia aceptación. Del cuestionamiento y la culpa a la compasión, el orgullo y la celebración.



Cuando imagináis el momento en que se apagan las luces y JOLGORIO empieza a existir frente al público, ¿qué queréis que sienta la gente en su cuerpo antes incluso de entender lo que está viendo?
Buscamos una sensación de pulsión inevitable. JOLGORIO es un viaje que empieza en el impulso, el misterio y el descubrimiento de cuando algo se despierta en tu cuerpo. Hay una emoción y un deseo que se forma a medida que el ritmo se va construyendo.
Habrá una parte del público que les resultará muy familiar, y otra que lo sentirá como algo totalmente nuevo, y puedan sentir incluso rechazo o cierta incongruencia, nuestra intención es que ésta sirva de motor a la reflexión.
Hay algo que deseamos que se genere para todas las mujeres, disidencias y personas racializadas: un empuje para sentirse orgullosas de su raíz, de su fuerza, de su cuerpo, de su disfrute, de lo que son. La certeza de que se puede habitar el deseo y el goce sin culpa.
La fotógrafa Valeria Gallardo se suma a la conversación junto a Labrrruta
Cuando os encontráis ante un cuerpo concebido para moverse, bailar, sudar y ocupar espacio, ¿qué empieza a suceder en vuestra mente como artistas?
Surge una cierta contradicción; por un lado nos transmite esa conexión con el cuerpo y con algo más allá de lo físico que es contagioso. Nos recuerda que estamos vivas y que no somos solo un cascaron de huesos andante. Es bonito ver cómo alguien puede conectar con su cuerpo y dejarse ir. Pero a la vez nos cuestionamos cómo algo tan íntimo puede ser un objeto de exposición ¿tiene que ver con una imposición de cómo los cuerpos se tienen que mostrar o por el contrario es una liberación de ciertas normas impuestas? Aun así sabemos que esa dualidad es algo natural y que muchas mujeres convivimos con ella en nuestro día a día.
Artísticamente también nos llamó la atención la paradoja que surge cuando usas la fotografía para un proyecto de danza, como una sensación de estar realizando algo contra natura. El movimiento en el baile existe como algo efímero, que deja de existir en el mismo momento en que se realiza, como si su propio destino fuese desaparecer en el tiempo. El uso de la fotografía invierte ese orden natural, lo vuelve un objeto que permanece.



Hay algo a la vez bello y extraño en las imágenes creadas para JOLGORIO. ¿Dónde encontráis la belleza cuando un cuerpo deja de intentar ser perfecto?
Para nosotras, esa belleza reside en lo humano, lo real. Por eso quisimos contar esa verdad a través de una fantasía. A través de esta se pueden descubrir los anhelos más profundos, aquellos que están enterrados en el subconsciente. La fantasía está muy vinculada al goce y el deseo, un mundo donde todo es posible.
Lo extraño de las imágenes de JOLGORIO surge al combinar dos mundos totalmente opuestos. Las poses, la composición y la iluminación no dejan de estudiar esa perfección más referenciada en el arte clásico, pero incorporando elementos que se alejan de ella. Se combinan recursos teatrales, como lo planificado, lo ensayado, donde no existe el margen al azar o a lo espontáneo, con elementos que pertenecen más al imaginario underground, lo performativo, algo brusco, provocador y caótico, incluso perverso. Además los personajes se alejan de esa belleza prefabricada a la que nos han acostumbrado los medios.
Le hemos puesto el pomposo nombre de «misticismo contemporáneo», aunque al final es simplemente una combinación entre lo espiritual y la cultura del perreo.
El deseo se puede fotografiar de muchísimas maneras. Para vosotras, ¿cuál es la diferencia entre mirar un cuerpo y permitir que ese cuerpo os devuelva la mirada?
Permitir que el cuerpo te devuelva la mirada es una conversación, forma parte de una simbiosis entre dos partes. Y es en esa conversación, en el compartir, que nace ese deseo. Uno lo recibe al observar y el otro al ser observado. En cambio cuando solo miramos un cuerpo desaparece ese componente, no existe una conversación sino que es algo unidireccional, finito y consumible. Se podría decir que hasta desaparece el componente humano y la empatía. El deseo al final se expande y se enriquece cuando existe un diálogo, un toma y daca entre dos o más partes.




JOLGORIO habla de la noche, el exceso, la sensualidad y la libertad. ¿Qué queríais que permaneciera en las imágenes una vez que todo lo demás desapareciera: el estilismo, el maquillaje, la escenografía?
Sin duda, la sensación de contención; el goce sostenido, lo que está a punto de desbordarse. En un mundo en el que todo es inmediato, donde el deseo y la liberación se percibe desde la acción, nos pareció interesante hablar de dónde crece ese placer, donde se gesta. Es por eso por lo que queríamos plasmar el instante previo de la acción, cuando el deseo solo es real en la mente, en la fantasía.
Ese estado de preclimax, donde sabes que algo va a ocurrir pero aún no sabes cuándo ni el qué. Es decir, lo más importante era algo relacionado con un estado corporal y no algo material. Es como si estuviéramos conteniendo con las imágenes lo que luego sucedería en la obra.
Partíamos de la premisa de representar visualmente el proyecto sin desvelar nada de él; conocíamos toda la pieza antes de que se estrenase, así que el reto partía en construir ese imaginario inspirándonos en él, pero que permaneciera ese misterio alrededor de la pieza.
Si pudierais quedaros con una sola sensación de este proyecto, como si fuera una fotografía guardada en el bolsillo, ¿cuál sería?
En cuanto a la experiencia, nos quedamos con una sensación que se repite en todos los proyectos que compartimos, la de formar parte de algo con lo que conectas, trabajar con personas que no sólo entienden tu visión, sino que la enriquecen y la elevan a un siguiente nivel. Hay cierta autenticidad cuando trabajas con otros artistas, lo que quieres expresar y comunicar parte de una intención más genuina y eso consideramos que da sentido a lo que nos dedicamos.

Créditos:
Dirección creativa por Irene Rubio @labrrruta y Valeria Gallardo @lavaaleri
Producción por: Irene Rubio @labrrruta, Valeria Gallardo @lavaaleri y Geraldine Tabares @geraltab
Fotografía por Valeria Gallardo @lavaaleri y Antonia Schlack @aaaaantoschlack
Estilismo. Iman Chliha @dolor.de.muelas y Carolina Herrera @999saat.__
Edición. Valeria Gallardo @lavaaleri
Set design. Enrique Gil @enriiquegiil
Maquillaje: Ian Simarro @iansimarrobeauty_ y America Amaris Rivas Toro @amaris_glossed
Peluquería: Itziar Paternain @itzii.sust0 y Mireia Esteban @alsondeunpincel
Asistente de producción: Martí Roig @mar__tinu
Fashion Collab. Andrea Ross @rros.s y Karina Rodriguez @ruinas.studio
Modelos: Geraldine Tabares @geraltab, Jennifer Ortega @jenorac, Sara Zúñiga @sara_impact, Anafa Cabezas @anafita, Josefa Beltrán @josefa.iry, Anaís Chandia @soulandance, Flor Paredes @florenlascalles, Marta Resa @maartu_13, Benedicte Baraza @bibiana.johnson








