Arrebató todas las miradas (con permiso de Rosalía) durante la tercera temporada de Euphoria. La niña de Los Protegidos ha crecido, ha conquistado Los Ángeles, y ahora también la ciudad de Valencia, donde ha recibido el Premio Un futuro de cine en el Festival Cinema Jove.

Priscilla Delgado en Euphoria
Con solo 24 años, sorprende la premeditación, calma y madurez con la que Priscilla Delgado contesta las preguntas a la prensa. Pese a su corta edad, es evidente que la actriz que debutó con un papel protagónico a los siete años en Los Protegidos [R.García, D. Madrona, 2010] ha vivido muchas y grandes experiencias, aunque asegura que no todas han estado vinculadas al mundo audiovisual.
Por humilde que se muestre, es difícil pasar por alto algunas de las grandes cimas de su todavía incipiente carrera, como su trabajo con directores de la talla de Pedro Almodóvar, en la película Julieta [2016], o Pablo Berger, en Abracadabra [2017]. En su etapa más reciente, apostó por seguir comiéndose el mundo, esta vez desde Los Ángeles, donde ha participado en producciones internacionales como el remake en formato serie de la película Ellas dan el golpe [W. Graham, A. Jacobson, 2022], o la tercera temporada de Euphoria [S. Levinson, 2026]. Su personaje de la stripper Angel ha sido alabado como uno de los mejores de la serie protagonizada por Zendaya.
En el marco de la 41ª edición del Festival Cinema Jove de Valencia, Delgado ha recogido el premio Un futuro de cine, y en exclusiva para VEIN, ha explicado cómo ha sido eso de caminar hacia el estrellato con pies de plomo, pero pasos asegurados.
El festival te ha otorgado el Premio Un futuro de cine, que imagino que un título así debe dar respeto. ¿Sientes que has tenido que cargar con expectativas ajenas?
Sí, es cierto que, como niña, mujer, adolescente, actriz, cargas desde luego con expectativas, pero también es cierto que la que siempre ha puesto las expectativas más altas y la que siempre ha llevado la presión ha sido una misma. Cada vez he intentado ser más permisiva y más comprensiva, porque cuando te pones a veces metas tan altas, tampoco es bueno. Tienes que dejar lugar a la sorpresa y que no sea solo eso a lo que se desea llegar.
¿Tenías muy claro desde el principio que querías este camino profesional?
Desde muy pequeña tuve esa estrellita. Siempre ha sido algo que ha salido natural. Siempre ha sido un deseo que se ha transmitido a la familia de “por favor quiero encontrarme en este espacio, quiero desarrollarlo”, y gracias a Dios siempre tuve mucho apoyo.
A propósito de tu comentario sobre ser una niña estrella, ¿has echado de menos algo en la infancia o adolescencia, que te hubiese gustado encarar sin trabajar en la interpretación?
Para nada, porque yo siempre he tenido vivencias aparte del trabajo y siempre he intentado que la vida privada sea incluso más rica que la profesional. Siempre he sabido que estar enriquecida en esa parte privada y personal está muy ligado luego a cómo deliberas el trabajo. He tenido la oportunidad de irme de viaje, de conocer a gente desconocida. Siempre he sido muy curiosa y siempre he sentido una gran retroalimentación por las personas. Viajar, por ejemplo, me ha puesto en ese lugar y no pienso que haya tenido mucho FOMO.
Y al contrario, ¿hay algún momento que te hubiese gustado saborear de otro modo en el trabajo, quizás desde una mayor madurez?
En la época de Los protegidos me dejaron ser niña y me dejaron jugar. Pero hay una sensación que siempre tienes cuando eres joven y estás en un ambiente de adultos. Yo creo que esto nos pasa a todos en algún punto de nuestros comienzos: es difícil que te tengan en consideración y que te respeten, y que seas un igual, y que tu edad no determine tu talento y validez en el lugar de trabajo donde te encuentras. Es cierto, y no te voy a mentir, que eso ha sido algo con lo que he estado luchando toda mi vida. Es inevitable, y entiendo que desde un punto de vista más mayor, la experiencia y los años te dan el respeto, pero es algo que a veces he sufrido. He sufrido mucho, de decir: “Joder, tengo 14 años, estoy en un set haciendo el mismo trabajo que mi compañero de 50, y siento que no me respetan”. Pero creo que el trabajo habla por sí solo eventualmente, y en eso hay que depositar al final.
Y con Pedro Almodóvar, ¿de qué manera te enriqueció el rodaje de Julieta?
Sucedió desde una perspectiva aún muy joven, desde algunas inseguridades también que llegaban, porque yo estaba en plena preadolescencia, entonces lo viví como una niña. Me hubiese gustado ahora vivirlo como adulta, tener más confianza con él, hablarle, proponerle… Pero esas cosas han llegado solas. Lo disfruté, aprendí mucho, supuso un antes y un después para entender que esto ya pasaba de ser un juego. Era ya un terreno serio y profesional, y después de todo fue un privilegio poder encontrarme ahí y seguir aprendiendo, seguir sabiendo que eso era escuela.
En esta última etapa, desde las series Ellas dan el golpe y Euphoria, ¿qué ha cambiado en Priscilla, tanto en su vida como en su profesión?
Yo estoy luchando para que las cosas cambien, porque creo que es parte de nuestra naturaleza, pero no cambien demasiado. Es verdad que cuando te vienen tantas expectativas, como hablabas, se te llenan la cabeza de ideas. Especialmente cuando te encuentras en un arte de tanta exposición como Euphoria. No sé cuántas personas habrán visto Euphoria esta última temporada, Dios mío. Pero en la práctica, mi vida no ha cambiado mucho, es verdad que ahora hay más oportunidades. Si eso es así, bienvenidas sean.
¿Cómo te preparaste el personaje de Angel en Euphoria?
Pues me lo preparé desde el puro entendimiento, posicionándome en un lugar desconocido para mí, pero hablando de las experiencias que ella ha vivido, su background… tratando de construir sus pasadas experiencias personales, y de entender el medio en el que ella se encontraba. Es decir, viendo muchos videos de strippers, viendo muchísimas imágenes, haciendo todo un Pinterest board para ver cuál era un poco su estética, observando mucho. Yo estoy en un lugar en Los Ángeles que a veces es un poco gueto, dentro del poco gueto que ya hay en Los Ángeles, y me fijé mucho en esa dinámica que era necesaria para el personaje. Ya cuando te encuentras en el set, está muy presente. Queda respirar, ver un poco el escenario donde te encuentras, intentar imaginarte que eso está siendo más circunstancial, que así te está pasando, y ser honesta. Así me lo preparé.
Parece que la polémica ha rodeado siempre a Sam Levinson. ¿Cómo fue trabajar para él?
A mí, que soy muy políticamente correcta a veces, me encanta una persona que pueda expresarse, ser políticamente incorrecto, plasmar sus ideales sin el miedo a equivocarse o a cómo lo va a aceptar la gente, aunque el público sea soberano, y todo lo que hacemos eventualmente va para la audiencia. Pero trabajar con él es un sueño, porque para mí es un absoluto genio, y una persona buena. Dentro de todo, lo que más me gustó de él es que es una buena persona, y cuando sabes que vas a estar en ese terreno, ya es mucho más fácil trabajar desde la protección, desde el amor y desde saber que el capitán del barco es la persona correcta.
Estuviste también en la serie Ellas dan el golpe, con grandes actrices de comedia como Abbi Jacobson o D’Arcy Carden. ¿Te sentiste cómoda en este género?
Totalmente. Además, el equipo estaba lleno de mujeres. Creo que fue el rodaje con más mujeres en el que me he encontrado nunca, y fue súper especial saber que crecía como mujer en la industria rodeada de tantos hombres, y que un proyecto podía estar empoderado de tal manera. Hacer una serie así de bonita como la que hicimos fue un privilegio enorme.
Tanto tiempo delante de las cámaras… ¿te ha hecho plantearte estar algún día detrás?
Sí, la verdad es que, siendo muy honesta, con tantas cosas que se pueden hacer en la vida, creo que no me gustaría ceñirme. A mí siempre me ha gustado ser actriz por eso mismo, porque es una combinación de muchas disciplinas, y puedes ser camaleónica y ser mil personas a la vez, y especializarte en cada cosa, en cada proyecto. Pero sí que me pica mucho la curiosidad de explorar otros terrenos, emprender, no ceñirme solamente a la actuación, ya sea un terreno relacionado o no con el cine. No necesariamente desde lo público y la exposición.

Priscilla Delgado en Euphoria
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