La moda modesta ha llegado para quedarse

14 / 06 / 2019
POR Antonina Cupe

A pesar de que muchos la asociamos hoy en día con el islam, la realidad es que esta estética que apuesta más por cubrir que por enseñar atrae a muchas mujeres (y no siempre por razones religiosas).

Imagen editorial de Vogue Arabia.

Solo hace falta echar una ojeada a las revistas de moda o ver unos pocos desfiles para darse cuenta de que la tendencia actual se decanta más por cubrir que por mostrar. La moda nos puede ayudar –si nos tomamos el tiempo de observar con detenimiento– a entender los cambios sociales que marcan una época. No es por nada que el semiólogo Lotman la definió como metrónomo del desarrollo culturalParece que las creaciones de estas últimas temporadas se inclinan más por arroparnos con prendas y más prendas, como si de una armadura se tratase para protegernos de los tiempos que corren. La modestia es una forma de entender y vivir la moda que desde hace unos años disfruta de un auge sin precedentes. Si bien es cierto que son las blogueras musulmanas, en su mayoría hijabis –que cubren su cabello– las principales representantes, esta estética seduce a muchas mujeres y se ha convertido en un sector que mueve miles de millones de dólares al año y que destaca por ser un foco de emprendimiento femenino.

Streetstyle en la última semana de la moda de París.

Hay quienes consideran esta tendencia regresiva, como un paso atrás en la lucha feminista. Preferimos cubrir a las mujeres que enseñar a los hombres a comportarse. La R.A.E define el adjetivo modesto como “humilde y carente de vanidad” y dicho especialmente de una mujer como “honesta y pudorosa”. El problema está en el lenguaje, en que quizás su mismo nombre nos envía inevitablemente a esa idea de que la mujer solo puede ser una santa o una puta. La modestia es un concepto que existe no solo en el islam. Judíos y cristianos también lo consideran, junto con el pudor, como una virtud. Pero la adopción de esta estética no tiene por qué estar ligada a la religión.

Valentino, colección crucero 2020.

Son muchas las mujeres que prefieren vestir de forma modesta porque simplemente se ajusta a su modo de vida. Prendas en su mayoría holgadas, sin transparencias o aberturas les ayudan a sentirse seguras de sí mismas, del mismo modo que un escote o una minifalda puede tener el mismo efecto en otras mujeres. Cabe destacar que no existe una definición única de la modestia ligada al traje. Puede ir desde no llevar escotes pronunciados, mostrar los hombros o las rodillas, hasta extremos como el burka, un velo opaco que cubre por completo el rostro con la excepción de una abertura a la altura de los ojos. La moda modesta en realidad siempre ha estado ahí.

Hasta hace poco era difícil encontrar piezas que cumplieran los requisitos, por lo que estas mujeres se convirtieron en las reinas de la superposición. Un vestido lencero de tirantes y detalles de encaje puede parecer una prenda imposible, pero ellas no se privan de ninguna tendencia y simplemente lo combinan con una camisa debajo. ¿Y si un vestido o una falda no cubren las rodillas? Pues los combinas con un pantalón palazzo del mismo tono debajo. El éxito de muchas influencers modestas como @rawdis, se debe en medida a esa capacidad que tienen para componer estilismos como si de un mil hojas se tratase. Resulta simplemente refrescante. 

La influencer @rawdis.

En el plano de la creación de moda, esta estética siempre ha estado presente de algún u otro modo. Jil Sander en los noventa se apropió de la funcionalidad que caracterizaba el armario masculino y Phoebe Philo ha dejado un vacío en los corazones de muchas mujeres tras su salida como directora creativa de Celine. Los cuellos altos, las zapatillas blancas, los abrigos oversize y los pantalones de sastre de corte más bien masculino se los debemos en parte a ella. Victoria Beckham, epítome de lo sexy –y quizás lo hortera– en los noventa, venderá prendas de su firma en la plataforma The Modist la próxima temporada; The Row es famoso por sus prendas en tejidos de lo más ricos que dan forma al cuerpo y no al contrario –como en las últimas colecciones de Jacquemus– ; hasta Tom Ford, el mismo que en los noventa llevó lo de “el sexo vende” al límite en Gucci, hizo un guiño a la modestia en su última propuesta. Y qué decir de Valentino, las colecciones de Pierpaolo Piccioli son el ejemplo perfecto de una mirada europea hacia esta estética –puede que el hecho de que el dueño de la firma sea qatarí tenga algo que ver–. En España destaca sin duda Delpozo. El universo de Josep Font –abandonó la firma el año pasado– se ha reflejado en prendas con bordados y estampados exquisitos que rozan la categoría de alta costura y que envuelven más que revelan en una paleta de lo más dulce.

Streetstyle en la última semana de la moda de París.

Prendas poco o nada funcionales, cortes imposibles, ausencia de bolsillos, o peor aún, bolsillos falsos; las mujeres somos el motor de esta industria, pero pocas veces se piensa en nosotras, en nuestro cuerpo, en nuestro confort o simple movilidad. La moda modesta es un negocio pensado por mujeres para mujeres. Así lo demuestran emprendedoras como Batsheva Bay, quien abandonó la abogacía en 2016 para lanzar la firma Batsheva, Chaya and Simi, dos hermanas judías ortodoxas detrás de la marca The Frock NYC, así como Alaa Ammuss y Lisa Vogl que fundaron Verona en 2015 y ya pueden presumir de vender nada y nada menos que en Macy’s. Y qué decir de Ghizlan Guenez, quien en 2017 lanzó la plataforma “The Modist”, una especie de net-a-porter o mytheresa pero enfocado en la moda modesta para dar respuesta a esas mujeres que pasaban horas online en busca de prendas que se ajustaran a sus deseos o necesidades. Su lema: Modest Fashion, Modern Thinking (Moda Modesta, Pensamiento Moderno). 

Vestido de la firma Batsheva.

Esta forma de vestir no es nueva, ni mucho menos pasajera, la única novedad es que la industria por fin la tiene en cuenta. Y no lo hace por cuestiones éticas, sino porque hay mucho dinero detrás. Según el último informe del estado de la economía islámica a nivel global (State of the Global Islamic Economy Report), la moda modesta podría llegar a valer 373.000 millones de dólares.  No es de extrañar que firmas como h&m, Nike o ASOS ya se hayan subido al carro para disfrutar de su parte del pastel.