La silenciada realidad de los menores trans

29 / 10 / 2019
POR David Alarcón

Rechazo de la sociedad, obstáculos en la administración o exclusión dentro de su propia familia. Una situación vulnerable plagada de trabas.

 

Avery Jackson, uno de los máximos referentes entre los menores transexuales

Hablar de transexualidad implica, lamentablemente, hacer referencia a cuestiones tan desagradables como la invisibilización y la estigmatización. De acuerdo con el estudio ‘Ser transexual en la UE’, llevado a cabo por la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, un 54% de los transexuales encuestados indicaron haber vivido situaciones en las que se sintieron personalmente víctimas de discriminación o acoso en el último año. Más de uno de cada tres se sintieron infravalorados y excluidos al buscar empleo, mientras que un 25% reconoció haber sufrido discriminación en el trabajo.

Esta marginalización se detectó también en ámbitos como la educación o la atención sanitaria, donde una cuarta parte manifestó haber sido tratado de manera discriminatoria por el hecho de ser transexual, siendo este porcentaje mayor entre las mujeres trans. En definitiva, las personas cuya identidad de género o expresión no concuerda con el sexo que les fue asignado al nacer son frecuentemente víctimas de acoso, discriminación y violencia hoy en día. Hace apenas un mes, cientos de personas se concentraban en la plaza madrileña de Pedro Zerolo para condenar el asesinato de Paloma Barreto, la mujer transexual de 38 años que fue repetidamente apuñalada en la localidad de Avilés, Asturias. Son dos las muertes registradas dentro del colectivo en nuestro país en lo que va de año, y son cada vez más las personas que salen a la calle para exigir medidas urgentes y revindicar los derechos que les pertenecen.

Esta omisión y marginalización afecta, además de a los jóvenes y adultos transexuales, a los más pequeños. Niños y niñas que, aún sin haber cumplido la mayoría de edad, sufren el rechazo y la estigmatización de una sociedad que les niega su identidad continuamente. Profundizamos en la realidad a la que se enfrentan los menores trans, las causas de su invisibilización y los mecanismos para revertir esta situación.

La primera traba con la que se topan los menores transexuales, plenamente conscientes de que sus características sexuales no concuerdan con la percepción subjetiva de su propio género, es la falsa y extendida creencia de que se encuentran en una etapa que acabará por diluirse con el paso del tiempo . En muchas ocasiones, los más pequeños ven cómo su situación es silenciada, acallada y enmudecida. Sus familias se preocupan y alarman ante los comportamientos que sus hijos manifiestan, iniciando un peregrinaje por distintos terapeutas, psicólogos, e incluso psiquiatras, tratando de dar con la razón de una conducta que no consiguen identificar y les genera perplejidad. Muchos de los padres se niegan a aceptar la realidad de sus hijos y atribuyen dicho comportamiento a una confusión infantil incierta o lo comparan con un simple “juego de niños”.

Estos sucesos van asiduamente unidos a la violencia y los malos tratos. Algunos progenitores pretenden, a través de diversas conductas violentas, alterar la realidad a la que se enfrentan los pequeños transexuales, como si de una fase eventual y transitoria se tratase. “No hay terapia que logre la conversión, no hay violencia o manipulación que sea capaz de “revertir” la identidad trans. No hay teoría o actitud que pueda eliminar una realidad humana que siempre ha estado ahí. No hay brutalidad doméstica capaz de cercenarla por completo” comenta Alana Portero, escritora, periodista y autora del libro colectivo ‘Vidas trans’, una recopilación de experiencias protagonizadas por personas transexuales en ámbitos como el trabajo, la educación, la familia o las redes sociales.

Alana Portero

Alana (aka ‘La Gata de Cheshire’) fue víctima de abusos y vejaciones, apelando a su falta de hombría, su cobardía y su torpeza. “Del mismo modo que la mayoría de los abusos sexuales en la infancia se dan en la familia y se perpetúan en la incredulidad ante el testimonio de la víctima, así opera la negación identitaria. El caso es aligerar lo que los niños y niñas tengan que decir porque “no son conscientes de lo que dicen”, “son muy pequeños para conocerse” o el falsamente aliado “hay que dejarles en paz” sentencia. Sin embargo, la tortura sexual a la que estuvo sometida no consiguió anular quién realmente era. “En ningún caso esa niña, esa mujer, desapareció”.

Chrysallis, la Asociación Estatal de Familias de Menores Transexuales, ha concluido que hay una persona transexual por cada 1000 individuos aproximadamente, atendiendo a los datos ofrecidos por los estudios ‘On the Calculation of the Prevalence of Transsexualism’ y ‘How many people are lesbian, gay, bisexual or trasgender? , entre muchos otros. La cifra varía enormemente, ya que muchos transexuales viven aún a día de hoy ocultos, o no han podido reconocer su identidad libremente y de manera expresa. Esta asociación, nacida en 2013 ante la necesidad de proporcionar información a las familias para contribuir al máximo bienestar de los pequeños trans y combatir el desconocimiento en esta materia, ofrece una plataforma en la que los padres y los propios menores pueden expresar sus temores, sus dudas y compartir sus experiencias. Además, cuentan con toda la información actualizada en lo que a legislación específica y procedimientos administrativos se refiere, dando acceso a guías, recursos educativos, películas y libros que puedan servir de ayuda durante el proceso.

‘Mi vida en rosa’, ‘El vestido nuevo’ o ‘Tomboy’ son algunos de los largometrajes que desde Chrysallis recomiendan visualizar para acompañar a los menores transexuales, entender su realidad y evitar las situaciones de aislamiento, rechazo, exclusión y ostracismo. En su propia página web, comparten las campañas que emprenden en favor de la comunidad transexual, tales como su misión por hacer desaparecer las barreras que segregan a las personas en los aseos, o su campaña #YoRespetoLaDiversidad dirigida al alumnado y al profesorado con motivo de la vuelta a clase después de las vacaciones de verano.

Pero si hay una película que aborda la realidad de los menores transexuales, esa es ‘Me llamo Violeta’, estrenada este mismo año. Un reportaje que gira en torno a Violeta, la hija del actor Nacho Vidal y Franceska Jaimes, quien a los seis años manifestó no sentirse identificada con el sexo masculino, el que le había sido asignado al nacer. Una interminable espera de más de 3 años para poder modificar el nombre, la decisión de tomar o no bloqueadores de hormonas en la adolescencia o la reacción de sus progenitores ante la decisión de su hija son algunas de las cuestiones que retrata el filme, intercalando la trama principal con el caso de otros menores trans víctimas de bullying escolar.

‘Me llamo Violeta’, dirigida por David Fernández de Castro y Marc Parramon

Los directores de la película recibieron un comunicado por parte de los servicios jurídicos en el que les aconsejaban cambiar el guión para que la niña no apareciera de forma reconocible en el documental, a pesar del visto bueno de la familia, con el propósito de proteger su imagen. Es por ello por lo que son muchos los niños y las niñas que encarnan a la protagonista a lo largo de la película, cumpliendo con la controvertida recomendación manifestada por las autoridades, acusada de tránsfoba por algunos al considerar que dicha advertencia se produjo únicamente por la condición de la pequeña.

Si bien es cierto que la sociedad progresa y avanza en la buena dirección, aún queda mucho camino por recorrer. Y es que nadie debería tener la potestad de privar a ninguna persona de ser quien es.

Fuente: COGAM