Cuando el dolor menstrual esconde un secreto

22 / 02 / 2016
POR Marisa Fatás

El dolor menstrual puede llegar a ser una pesadilla que, para muchas mujeres, tiene difícil solución en la vida real.

 
Lauren Hellen - @laurenhellerart
Lauren Hellen – @laurenhellerart

 
El dolor menstrual puede llegar a ser un infierno que, aquellos que no sufren, consideran algo «normal», como una molestia de la vida cotidiana a la que es mejor ignorar. Al fin y al cabo lo viven todas las mujeres todos los meses. Sin embargo, es de sobras conocido que «mal de muchos» no es buen consuelo. Y es que saber que vas a retorcerte de dolor varios días al mes durante una gran parte de tu vida no minimiza su gravedad. Más cuando esta sociedad te obliga a silenciar el sufrimiento, tachándote de maleducada, grosera o histérica si lo haces público.
 
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@rubyetc

 
Calambres, vómitos, lágrimas y desmayos forman parte de esa «normalidad» que te impide quedarte en la cama porque la vida sigue y tú corres el peligro de quedarte atrás.

Pero la dismenorrea (menstruación dolorosa) es una gran desconocida en el ámbito de la medicina primaria y un tanto por ciento elevado de licenciados en medicina sabe de ella lo que estudió en su manual de ginecología. Por ello, si un profesional no ha sentido el reto de descubrir por qué tantas mujeres se quejan de lo mismo, pensará que la regla dolorosa viene inscrita en la carga genética femenina o que hay mucha quejica en este mundo que no sabe lo que es un cólico renal o una orquitis.
 

 
Existen dos tipos de dismenorrea: una primaria, que no tiene causa; y otra secundaria, originada por otras afecciones que van más allá del periodo, como la endometriosis, un mal que se produce cuando las células que forman el endometrio uterino crecen fuera de él. Estas células endometriales se comportan fuera del útero como si estuvieran dentro de él y siguen el ciclo como lo hacen las que no han emigrado: proliferan, se rompen y se expulsan con cada ciclo menstrual, pero no tienen manera de salir del cuerpo, por lo que dejan un  tejido cicatrizal, pueden generar quistes llenos de sangre en los ovarios y ser causa frecuente de infertilidad.

El síntoma más evidente es el cólico menstrual y en la mayoría de la ocasiones es confundido con la dismenorrea primaria, por lo que suelen recetar píldoras hormonales o antiinflamatorios. No obstante, esa no es la solución a una enfermedad de la que se desconoce la causa y todavía no tiene un tratamiento sólido. El mayor problema es que la única manera de confirmar  el diagnóstico de la endometriosis es a través de una laparoscopia (exploración de la cavidad abdominal a través de una pequeña incisión mediante un tubo fino dotado de elementos ópticos).

Sin embargo, no por ser una enfermedad difícil de detectar, hay que ignorarla. Según John Guillebaud, profesor de medicina reproductiva en el University College London, muchos médicos no se identifican con el dolor. «Por un lado, los hombres, al no sufrirlo, lo subestiman. Pero creo que también algunas mujeres médico no empatizan con ello porque no lo padecen o lo viven de otro modo».

En cualquier caso, el dolor es una señal, una forma de expresión. Por lo tanto, si el cuerpo habla, lo mejor es escucharlo.