Koral Antolín, cuando el dibujo deviene textura

25 / 03 / 2026
POR Paula Rodríguez

Con motivo de su exposición ‘En constante movimiento’, hablamos con la artista textil Koral Antolín y descubrimos cómo da forma a una obra que busca trasladar el gesto del dibujo al tapiz.

Para Koral Antolín, su práctica artística es un proceso de curiosidad y descubrimiento. Formada en Bellas Artes, el dibujo sigue siendo hoy el punto de anclaje de su obra, trasladado a un lenguaje mucho más táctil: el téxtil. Su práctica artística va más allá de la expresión, es el medio para entender cómo están hechas las cosas, inquietud que desde niña la llevaba a deshacer collares de trenzas para aprender la técnica y poder replicarla. Hoy, esa misma curiosidad sigue en ella, investigando e interviniendo procesos vinculados a la artesanía para ponerlos al servicio de la composición.

En su obra, el material textil es el medio para encontrar el trazo a través de diferentes tipos de hilos, enfrentando el reto de recuperar el gesto del dibujo dentro de la rigidez del tapiz. Aunque a veces eche de menos esa libertad inmediata del trazo, su trabajo mantiene siempre ese punto de unión con la línea. A través de formas que evolucionan hacia la abstracción simbólica, especialmente el cuerpo femenino, su trabajo explora el movimiento vital y los recorridos que construyen nuestra identidad, recordándonos que nada permanece fijo y que somos el resultado de todo lo que nos rodea.

Este imaginario se materializa en su exposición «En constante movimiento«, que podrás encontrar en el showroom de Gancedo (Madrid) hasta el 31 de marzo.

Para empezar, ¿cómo describirías tu práctica artística hoy?

En realidad, yo vengo del dibujo. Estudié Bellas Artes y llegué a este proyecto un poco de forma casual, porque siempre trabajaba en el mundo de la publicidad y la gestión de contenido. Trabajaba mucho con materiales, de forma muy DIY (do it yourself). Siempre me gustó profundizar en técnicas y luego buscar una aplicación de lo que había aprendido y que quería mostrar. Al final siempre he sido muy manual; desde muy pequeña necesitaba expresarme con las manos dibujando, trenzando o haciendo punto como vía de escape.

Cuando salí de la carrera, el dibujo académico me fascinaba pero no tenía muchas salidas. Años después, buscando tendencias y colaborando con otros creativos, vi que se empezaba a utilizar el dibujo como forma de representación en diferentes soportes, en cerámica, joyería… Al ver que había un pequeño nicho me animé a hacer mis dibujos. Luego, con mi hermana y mi madre, lanzamos Studio fi, un proyecto de objetos de decoración bordados a mano.

He encontrado en el textil un material que me permite dar textura y unos volúmenes que otras técnicas no permiten. No me caso con el textil, soy una persona muy inquieta a la que le gusta trabajar con diferentes técnicas, siempre estoy buscando retos, pero el textil me gusta mucho y cada vez tiene más cabida dentro del universo del arte. Quiero seguir explorando.

¿Cómo fue la transición de Studio Fi hacia un enfoque más artístico? ¿En qué momento diste el salto a firmar como Koral Antolín?

No me sentía, ni me siento identificada con los ritmos de tienda ni con la venta; había algo que no estaba alineado conmigo y me costaba. Tenía una parte bonita, que era la creación del producto, pero a la hora de darle salida me autoboicoteaba porque no me gusta esa gestión. Por eso empecé a hacer tapices como otra forma de expresar; era llevar ese lenguaje al arte, a un nivel no tan funcional. Si no, acabas compitiendo con los precios de Zara, lo cual es imposible y tampoco era nuestro lugar. El hecho de inclinarme hacia el arte de pared me permitía una serie de libertades artísticas que lo comercial no, ya que de esa manera no funciono bien.

En ese proceso, Studio Fi fue desapareciendo. Firmaba así y hacía algún evento bajo ese nombre, pero la gente no lo entendía; si yo era la artista, por qué firmaba con el nombre del estudio. Ahí surgió una especie de conflicto, el de tener que cerrar una etapa para convertirse en otra, y llevo un año en esa conversión. Aunque ya había dejado de comunicarme a través de Studio Fi, de hecho, acabo de cambiar el dominio de la web ahora, he necesitado tiempo para hacer esa transición.

¿Cuál fue el primer proyecto de arte de tapiz que hiciste?

Fue un proyecto muy grande para un hotel. Ahí me di cuenta de que había cabida para este tipo de obra, porque hasta hace poco era más común en pintura, foto o escultura en estos espacios. El arte textil siempre ha sido un arte un poco secundario, pero ahora está teniendo un auge, se está empezando a posicionar la artesanía de lujo dentro de muchos sectores. 

Que un hotel apueste por poner obras de arte textiles era algo que me alineaba con cómo se están moviendo las cosas en el mundo, Loewe Craft Prize, Homo Faber… Hay movimientos muy fuertes dándole voz a este tipo de arte.

¿Quién te ayudó a desarrollar un proyecto tan grande?

Fue un encargo de 190 piezas. Mi madre siempre me ayuda en la producción, es mi mano derecha. Sin ella no podría llegar a esas escalas de trabajo. También conté con bordadoras que me ayudaron a sacarlo adelante. Hacer producción para hoteles requiere una cadena de trabajo mucho más grande que cuando eres una sola artista.

Mirando tu amplio recorrido, ¿hay algo que sientas que ha permanecido constante desde el inicio?

Creo que mi forma de trabajar. Me obsesiono mucho con una técnica o un material y necesito empezar a explorar desde ahí, llevándolo hacia mi terreno. Ver cómo lo hago es un reto que me motiva mucho. Recuerdo que de pequeña deshacía los típicos collares de trenzas para ver cómo estaban hechos, para aprender la técnica y poder replicarla. Tengo esa curiosidad no solo con la artesanía, sino con las artes en general. Tengo la necesidad de explorar cómo se comportan ciertos materiales.

Eso siempre me ha acompañado, al igual que el dibujo. Siempre hay un punto de anclaje a la línea. Y eso que en el textil, una de las cosas que me gustan del dibujo y que no puedo aplicar del todo es el gesto, a veces lo echo de menos. Estos dos aspectos son la base de todo lo que hago.

Aún así, intentas encontrar el trazo usando diferentes tipos de hilos.

Sí, pero no tiene tu propio gesto, aunque consigas un resultado similar.

La visión contemporánea late en todo lo que haces. ¿Qué es lo que te conecta con ella?

No lo sé, es algo intuitivo. Siempre he tenido mucha sensibilidad por la belleza, el orden, la estética, los colores, lo cinematográfico… todo lo visual siempre me ha tocado mucho. Trabajo desde la exploración del material y donde este me lleva. Otras veces necesito una composición que me transmita equilibrio o riqueza de textura. Lo contemporáneo es muy amplio, pero siempre he querido separar la parte de artesanía, desvinculada del diseño. Hasta ahora, la artesanía implicaba producción manual con una funcionalidad primaria, donde la estética podía ser secundaria. Para mí, la parte contemporánea es que lo que hago es arte. Trabajo con técnicas vinculadas a la artesanía, me interesan y me encantan,  pero lo que busco realmente es utilizarlas al servicio de la composición.

También hay un cruce en mi trabajo con la arquitectura y el interiorismo. Me gusta mucho posicionar obras en espacios concretos. Hay una parte decorativa, que sé que no sería lo «correcto» decir dentro del mundo del arte, pero me sale de forma natural. Tengo dos caminos: los encargos para hoteles o particulares, y mi propia vía de escape donde hago lo que quiero. Esto me da dos perspectivas y dos retos diferentes. Me encanta solucionar problemas técnicos en los encargos, y en lo personal me permito libertad de colores y formatos, que es lo que la gente pide al final.

 

Sobre crear bajo encargo, ¿cómo gestionas ese proceso?

Lo bueno es intentar que haya un punto de unión. Cuando un cliente te hace un encargo, sabe que vas a trabajar con tu lenguaje artístico, por eso respeta tu visión. Y si en algún momento recibo referencias o inspiración, mi rol es recordarles que lo llevaré a mi terreno. Pero suelen ser muy respetuosos.

Partes del dibujo como inicio, ¿cómo cambia la obra al trasladarla al lienzo textil?

Cambia sobre todo por el gesto, en el tapiz se pierde. Lo único que no me gusta del proceso es que tiene que estar muy pensado antes de realizarlo. Otras técnicas como la pintura permiten corregir en el momento. En mi obra tengo mucho espacio en negativo, si empiezo a trabajar sobre la tela e incorporo puntadas y me confundo, la tela se resiente y salen pelusas. Tiene que estar todo más medido y controlado. El proceso de convertir ese dibujo en volumen es más mecánico. Esa es la única parte que me encantaría que fuera más libre.

¿Cómo es el proceso de los acabados?

Bordo y hago costura, luego lo peino. Trabajo con lana trenzada y sin trenzar, para darle el efecto pompón tengo que peinarlas y recortarlas. Al final, buscas ese efecto terciopelo y la pieza necesita pasar por la peluquería.

¿Qué temas explora tu obra y por qué el textil es el medio idóneo?

Mi trabajo gira principalmente en torno al movimiento y al cuerpo, especialmente el cuerpo femenino. Entiendo el movimiento como algo constante, no solo físico sino vital: nada permanece fijo, siempre estamos cambiando, tomando decisiones, avanzando, volviendo atrás o encontrando nuevos caminos. Esa idea de que la identidad se construye a partir de los recorridos que hacemos es la base de mi trabajo.

Durante la carrera ya trabajaba sobre la identidad sin darme cuenta, pero con el tiempo entendí que todas las piezas estaban conectadas por esa misma idea. Más adelante, al trabajar a partir de encargos, tuve que adaptar mi lenguaje a conceptos externos,  y eso añadió una nueva capa a mi trabajo. En uno de esos proyectos se mezclaban ideas como el paisaje, los olivares y el baile, y al intentar integrarlas en mi propio lenguaje empecé a pensar en los olivares como caminos, como recorridos que elegimos, y en el baile como movimiento, como todo lo que nos hace cambiar. Al final, para mí el paisaje y el movimiento terminaban hablando de lo mismo: de que no estamos quietos, de que siempre nos estamos desplazando, y de que somos el resultado de todo lo que nos rodea.

El cuerpo femenino también ha estado siempre presente, aunque ha ido cambiando con el tiempo. Al principio aparecía de forma más figurativa, pero poco a poco se ha ido simplificando hasta convertirse en formas más abstractas y simbólicas, cercanas a las venus paleolíticas. Me interesa esa abstracción porque habla del origen, del paso del tiempo y de la experiencia acumulada, pero también de la fuerza del cuerpo y de su capacidad de transformarse y generar vida.

Hablemos de materiales. ¿Por qué lana sobre lienzo?

Los fondos son casi siempre de algodón o lino. Trabajo con lana para la parte del dibujo, en sustitución a la pintura. Elegí la lana por la escala y el grosor, para hacer obras grandes prefiero usar hilaturas gruesas por cuestión de volúmenes y de tiempos. La lana era perfecta para mi forma de expresarme en formato medio-grande.

Ha sido una evolución. Ahora, gracias a iniciativas como Alianza por la lana o los chicos de Wool4Life, he ido profundizando en comprender el proceso del material y empatizo mucho más con lo que significa. Pero al principio era simplemente un material más que me interesaba. Ahora acabo de hacer una pieza de terciopelo, por ejemplo. Voy incorporando texturas y colores según los descubro.

Las texturas te inspiran mucho.

En realidad, lo que más me inspira es la técnica, el cómo se hacen las cosas. A veces me interesa el proceso pero no el resultado habitual de esa técnica, así que el reto es llevármela a mi terreno. Tengo una mente un poco de inventora. Incluso «falseo» técnicas: consigo el resultado de una técnica usando otra que disfruto más ejecutar. Para mí lo importante es pasármelo bien mientras lo hago, disfrutar el proceso. Si tengo que fusionar técnicas, aunque no sea lo “correcto», no me importa mientras consiga el volumen o la textura que busco.

¿Cómo influye el espacio físico en tu proceso?

Creo que cuando tienes un espacio expansivo, te permite expandirte. Pero también requiere sacrificios. Para mí es importante tener un sitio donde almacenar, antes compartía estudio y tenía las obras amontonadas. Llevo muchos años en esto y no siempre es fácil, es un riesgo que hay que tomar. Algo que es inspirador siempre te va a aportar.

¿Qué planes tienes para el estudio?

Quiero que el estudio se retroalimente, que no solo dependa de los encargos que me llegan. Cuento con este estudio-taller en el corazón de Malasaña y me gustaría abrirlo a eventos íntimos, presentaciones, talleres o shootings. Es un espacio artístico, luminoso y versátil, con techos altos, molduras y ventanales de estilo francés. Ideal para experiencias o encuentros creativos en el centro de Madrid.

Para terminar, ¿qué buscas seguir explorando en tu práctica?

Siempre quiero explorar cosas nuevas. Ahora me estoy metiendo en la escultura, incorporando terciopelo y quiero empezar a fusionar de forma más íntima el dibujo y el textil. Tengo mucho fuego de ideas y espero siempre poder tenerlas.

 

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