‘Vestidas para la revolución’, un libro sobre cómo la moda ayudó a liberar a la mujer

01 / 12 / 2020
POR Nuria Miralles

Del desafío de las flappers al feminismo de las hippies o la aparición de la minifalda. La ilustradora Laura Castelló repasa los principales movimientos contraculturales que lucharon por la igualdad de las mujeres. 

A lo largo de la historia, las mujeres consiguieron hacer de la moda y la estética un altavoz de sus protestas. Un símbolo que ayudó a ser una expresión individual o colectiva y que, en la mayoría de los movimientos, sirvió como crítica política. La ilustradora y escritora Laura Castelló publica “Vestidas para la revolución” (Lunwerg, 2020) donde repasa los principales movimientos contraculturales que, con su apariencia e ideología, lucharon a favor de los derechos de las mujeres.

Mujeres como las flappers en Estados Unidos o las garçonnes en Francia se opusieron a todas las barreras estéticas, adoptando una vestimenta mucho más masculina. Las sufragistas lucharon por su derecho a votar y se deshicieron de los corsés que les provocaban tantos problemas de salud. El feminismo del movimiento hippie peleó por la legalización del aborto y la píldora anticonceptiva, prescindían del sujetador y de la depilación como rechazo a los cánones de belleza.

En la década de los 40, el bikini moderno comenzó a abrirse camino, a pesar de que la iglesia católica y algunos medios lo consideraran demasiado provocador. Con la celebración del certamen de Miss América en 1968 apareció la famosa quema de sujetadores que, en realidad, nunca se llevó a cabo. Acusaban al concurso de incitar a las mujeres a obsesionarse con un ideal de belleza irreal. Algo parecido a lo que el movimiento Body Positive pretende denunciar hoy en día.

Que las mujeres llevaran pantalones fue delito hasta casi entrado el siglo XX. Para los años 60, la prenda se había consolidado y se reconoce, por primera vez, como una pieza mixta. La minifalda también apareció en este momento, causando un gran revuelo por los muchos centímetros que se habían recortado. Sin embargo, fue un fenómeno para la cultura juvenil y esta prenda tan rompedora tuvo un gran impacto en la sociedad.

Estas prendas, como muchas otras, ayudaron a que las mujeres lidiaran contra las normas establecidas, contra las restricciones que limitaban su forma de vestir y de sentir. La historia de la moda y de las luchas feministas tenían como factor común el romper con la estética y los estereotipos impuestos que controlaban y predeterminaban unos cánones y unas pautas muy concretas, estrechamente relacionadas con la consideración que la sociedad tenía de las mujeres en cada época.

Muchos de los movimientos contraculturales parecen tener los mismos elementos en común: la juventud, la identificación con un grupo que piensa diferente al status quo impuesto y la oposición a las normas establecidas. La importancia de estas luchas, en muchas ocasiones, surge de la clandestinidad, de ser perseguidos por los regímenes totalitarios u oponiéndose a los medios de masas hasta que, muchos de ellos, llegaron a convertirse en verdaderas corrientes que provocaron revoluciones sociales y cambios trascendentales.

“A lo largo de la historia las mujeres hemos roto estereotipos con nuestra imagen, hemos desafiado normas y reafirmado nuestra independencia a través de la estética”, afirmaba Laura Castelló en su Instagram. La estética y la moda no son solo algo superficial y vacío, sirvieron para hacer historia, para liberar a las mujeres de las conductas impuestas, para dejarlas ser libres. Las mujeres estuvieron ahí, a pesar de que, muchas veces, no se les ha recordado. “Vestidas para la revolución” es un manual. Un libro que destaca la labor de todas aquellas mujeres que lucharon por sus derechos y la igualdad.

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