‘Cosas Nuestras’: el diálogo intergeneracional como antídoto contra la ignorancia

09 / 03 / 2020
POR David Alarcón

A través de una conversación distendida con su abuela, Ilu Ros compara la forma de vivir y entender el mundo de dos mujeres separadas por más de medio siglo de historia. Conversamos con ella.

“¿De qué ha estado hablando con la abuela que os habéis pasado las dos todo el día dentro de casa?” pregunta una madre atónita a su hija, quien ha estado desaparecida durante horas. Ella se limita a responder “Nada. Cosas nuestras”. Es en ese momento cuando emprendemos un fascinante viaje hacia las profundidades de una conversación protagonizada por una abuela y su nieta, sumergiéndonos en un diálogo intergeneracional repleto de anécdotas, contrastes y más puntos de común de los que a priori pudiera parecer. La travesía lleva por título ‘Cosas Nuestras’ (LUMEN, 2020) y nuestra guía es la joven ilustradora Ilu Ros.

La autora del libro nos invita a formar parte de una interesante charla de sobremesa entre una millennial, fanática declarada de Instagram y ferviente seguidora de Rosalía, y su abuela, una mujer nacida en los años 30 del siglo pasado, hija de la guerra (y consecuente posguerra y dictadura), aficionada incondicional de la ilustre coplera Concha Piquer. En realidad, estamos atendiendo a un coloquio protagonizado por la propia autora y su abuela, quienes, a través de personajes como Federico García Lorca, Rocío Jurado o Nathy Peluso, conversan sobre los cambios y las semejanzas que advierten entre las dos generaciones.

Emigración, feminismo, libertad, estética, música, maternidad… Ilu Ros recorre, a través de una mimada ilustración cargada de sentimiento, multitud de cuestiones que afectaron (y continúan afectando) a todos y cada uno de nosotros de una forma u otra. Rindiendo un emotivo homenaje a la que fue (y sigue siendo) una de las mujeres de su vida, la autora aprovecha para lanzar un contundente mensaje al mundo. “Déjate de Instagram y habla con tu abuela”. Hablamos con ella.

¿Por qué has decidido poner el foco de atención en una conversación abuela-nieta?

La abuela y la nieta que aparecen en el libro somos mi abuela y yo. Antes de que ella muriese, hace unos nueve años, yo estudiaba Comunicación Audiovisual y le hice un vídeo en el que ya adelantaba algunas cosas. Hay partes de la conversación que salen en el libro que están extraídas de la conversación que tuve con ella hace años y que está grabada, y otras son de cosas que yo he hablado con ella. Pero en todo momento somos nosotras.

¿Por qué has querido rendirle homenaje a tu abuela de esta manera y en este momento?

Es un homenaje a toda una generación y a la relación que existe entre nuestra generación, la de la gente más joven, y la de nuestros abuelos. Son dos generaciones que se han solapado cuya realidad es completamente diferente. Al final, la relación que tenemos con nuestros abuelos es muy especial.

¿Cómo era la relación con tu abuela? ¿Estábais muy unidas?

Tuve la suerte de tener muy buena relación con mis cuatro abuelos. Yo vivía en un pueblo y todos vivían allí. Con mi abuela pasaba todos los domingos, en la casa de campo; iba muchas tardes a su casa… nos llevábamos muy bien. Podría haber contado otra historia con otro de mis abuelos.

¿Qué mensaje quieres lanzar con ‘Cosas Nuestras? ¿Buscas resaltar las diferencias entre generaciones?

Más que las diferencias, las similitudes. La importancia de hablar con la gente que nos ha precedido y de cuidar las relaciones intergeneracionales. Creo que tenemos mucho que aprender porque ellos también han sido jóvenes; se han enfadado, se han enamorado, se han escapado…

¿Cuáles son las principales diferencias que adviertes entre generaciones? ¿Y similitudes?

Creo que las diferencias tienen mucho que ver con el contexto, con el tipo de vida que nos ha tocado vivir. Mi abuela nació en 1930 y cuando ella tenía seis años, hubo un golpe de estado y empezó la Guerra Civil. Ella fue una niña de la guerra y de la posguerra, luego de la dictadura. La educación y lo que se le exigía a cualquier persona poco tenía que ver con las libertades que nosotros podemos tener a día de hoy. Creo que esa es la principal diferencia entre estas dos generaciones.

En cuanto a las similitudes, creo que tienen que ver con las cosas cotidianas de la edad. Descubrirlo y preguntarlo todo cuando eres un niño. Cuando eres joven, los amigos, que te guste alguien, la música…

¿Crees que nuestra forma de pensar sobre cuestiones como el feminismo o la igualdad es más parecida de lo que podríamos pensar en un principio?

Creo que depende mucho de la educación que ha recibido cada persona. Todo se tiene que ver desde el prisma de la época. Una abuela, por lo general, no va a decir lo mismo que digo yo o una generación posterior, pero la raíz sí puede que sea la misma. Creo que el sentimiento podría ser el mismo, pero la forma cambia. Nunca nos han coartado la libertad de esa manera. Nosotros subimos algo a Instagram y ya nos perece un mundo, pero imagínate que te metieran en la cárcel, te pegaran una paliza o te mataran.

¿Consideras que tu abuela era una mujer adelantada a su tiempo?

Sí, creo que tenía una mentalidad muy abierta. Hay partes de la conversación en las que yo me imagino como sería la charla que hubiese tenido con mi abuela; por ejemplo, en el capítulo en el que hablamos de la figura de Rosalía o de la manifestación del 8M. Ella ya no está, pero he querido pensar en qué haría ella o que diría ante estas situaciones. Ella tenía muy claro lo que pensaba que era justo y lo que no, y lo que creía que estaba bien y lo que no. Coincido bastante con ella, supongo que habrá gente que no…

“No importa con quien te cases, pero cómprate una cama grande” te advierte tu abuela en uno de los capítulos del libro.

Sí, eso sí que me lo decía ella siempre. Es una frase muy suya jajaja

¿Cuál de todos los personajes que citas en el libro crees que encarna mejor la generación de tu abuela?

Concha Piquer y Juanita Reina, los dos personajes que aparecen al principio del libro, eran las favoritas de mi abuela, junto a Marifé de Triana. Que fuesen sus preferidas tenía sentido, porque en ese momento estaban en la cresta de la ola; eran figuras en las que se fijaba la gente de la época, eran auténticos referentes. Al final, he desarrollado más el personaje de Concha Piquer porque me atrae mucho, pero creo que ambas mujeres tenían una manera de actuar en su vida muy diferente y reflejan a la perfeccion los dos tipos de mujeres de la época. Concha Piquer era una mujer con muchísimo carácter, a la que le dio igual desnudarse en las sesiones de fotos, y que se fue a América, se enamoró de un hombre casado, y se la sopló. Sin embargo, Juanita Reina era una mujer que tenía el peso del qué dirán, lo qué pensaría su padre, quien no la dejaba casarse con el hombre que quería. Eso no está mal, hay veces en las que no tienes elección y depende de tu carácter. Por eso, ambas son reflejo de la época.

¿Y cuál representa mejor tu generación?

Rosalía. Ha sido un boom que ha hecho replantearse las cosas a mucha gente. Ella reivindica de donde salen sus raíces musicales, que vienen de la copla, del flamenco… me parece muy importante que se revise, y eso le ha valido muchas críticas. Me atrae mucho ella y me gusta mucho su trabajo.

En uno de los capítulos, analizas el vestuario de las distintas generaciones, mencionando e ilustrando a otros miembros de tu familia como tu madre o tu tía. ¿Por qué decidiste incluirles en este apartado?

La parte dedicada a la moda está relacionada con el hecho de ser migrante. Mi familia fue migrante en Francia y viene a colación porque mi madre hay una cosa que siempre ha dicho mucho. “Cuando estaba en Francia era una española de mierda, y cuando estaba en España era una puta francesa”. Lo de puta francesa era de puta, puta. De llevar botas altas, minifaldas, vienes de Francia y te piensas que las cosas son así… esas cosas que pueden pasar en un pueblo, o en cualquier sitio. Fue por eso por lo que me salió hablar de la moda. Siempre ha habido mucho transgresor en la moda. En la época de mi madre, en los años 60-70, ella se ponía faldas cortas y plataformas. Cuando me la imagino, me hace mucha gracia.

Hablando de abandonar el país de origen… ¿Crees que el fenómeno migratorio que se está dando en el siglo XXI guarda muchas similitudes con el de principios del siglo pasado?

Hay una cosa que no sale en el libro, que podría ser una de las razones por las que decidí volver a mis raíces. Mi abuela murió hace unos 9 años de un infarto, por lo que estuvo bien hasta el final. Yo la grabé tres o cuatro meses antes, y cinco meses después me fui a Londres donde he estado 8 años. Llevo tan solo tres meses en Madrid, estoy recién llegada. Supongo que esto ha influido en la manera de ver esta cuestión. Cuando volvía a casa en Navidades o un fin de semana y me comía un tomate, me parecía que estaba buenísimo. Era como ver las cosas desde fuera. Creo que ser migrante y tener que irte sin elegirlo siempre es doloroso. Yo me fui súper respaldada. No tenía ni idea de inglés ni tenía trabajo, me fui con una mano delante y una detrás con muy poco dinero y sin trabajo, pero mis padres siempre me dijeron que podía volver cuando quisiese. Eso ellos no lo tuvieron.

¿Es diferente la forma de relacionarse con los mayores en Reino Unido y en España?

Tengo la sensación de que en los países del norte tienen otro concepto de la familia, muy diferente al de España, Portugal o Italia, donde somos muy familiares. Cuando ellos terminan el instituto y empiezan la universidad, piden un préstamo y se van. Los padres les dicen que se busquen la vida. Siempre me llamó la atención el hecho de que muchos ingleses y alemanes mayores decidiesen comprarse una casa en España. Yo no me imagino a mis padres diciéndome “nos hemos comprado una casa en la Toscana, nos vamos allí a jubilarnos, hasta luego” jajaja. Aquí eso no se da tanto.

El propio título del libro, ‘Cosas nuestras’, hace alusión al sentimiento de pertenencia ¿Cómo ha cambiado el concepto de la privacidad en las últimas décadas?

Ahora mismo estamos más expuestos con las redes sociales. Yo pienso que cada uno puede hacer lo que quiera, siempre que te haga sentir bien. A veces nos sobreexponemos a cosas que no son necesarias, que pueden ocasionar daño a alguien. No nos damos cuenta de que detrás de la pantalla hay alguien que no sabemos cómo puede estar. Creo que tenemos que aprender, porque está muy guay; ahora podemos darle voz a gente que antes no la tenía. Simplemente tenemos que aprender a utilizarlas y mantener nuestra intimidad, si queremos mantenerla.

¿Hay alguna ilustración a la que tengas especial cariño?

Las de mi abuela, porque es mi abuela. Las ilustraciones de su personaje van cambiando, no está siempre igual, no tiene siempre la misma cara.

¿Hemos cambiado mucho a lo largo del último siglo?

Todo está inventado, lo que hacemos es revisar, crear nuevas maneras de decir las cosas; pero al final todo está hecho. Hablamos de las cosas que nos conmueven, tampoco hemos cambiado tanto. Muchas de las cosas que no se hacían o se decían antes era porque simplemente no se podía.

¿Qué mensaje le lanzarías a las nuevas generaciones?

Que hablen con su abuela jajaja. Con su abuela, con su abuelo, con su madre, con su padre, o con cualquier referente de otra generación. Cometemos el error de hablar únicamente con gente de nuestra generación y tendemos a aislarnos. Está muy bien hablar, hablando se entiende la gente. Tenemos que saber ponernos en el lugar del otro.